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Guerra de lazos en Cataluña

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Guerra de lazos en Cataluña

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Los lazos amarillos para reclamar la libertad de los políticos catalanes encarcelados vuelve a tensar las calles de Cataluña y abre el debate del uso de la simbología en el espacio público. Pero también en las instituciones…

“No normalicemos la situación de excepcionalidad y de urgencia nacional, recordemos que todavía hay presos y exiliados. No nos desviemos del objetivo: la independencia de Catalunya”.

Es el mensaje de alerta que emite periódicamente por megafonía el Ayuntamiento de Vic, feudo independentista. Un mensaje que la mayoría de sus habitantes defiende a capa y espada y no entienden por qué puede molestar.

Lourdes vive en Vic y asegura: “Las instituciones son del pueblo, quienes están en el ayuntamiento lo están porque nosotros los hemos votado, hacen lo que la gente del pueblo quiere”.

Anna Martí, también vecina de Vic entiende que “Si alguien se siente mal tiene un problema interno y de sus propios valores. No tienen por qué molestarse”.

Solo uno de los 21 concejales (17 de ellos son de partidos independentistas) critica la iniciativa. Arnau Martí, de la coalición de izquierda Vic per a Tots está en contra del encarcelamiento de los presos, cree que hay que recuperar la neutralidad: “Pensamos que se hace un uso equivocado, propagandístico y que hace apología de una opción política y rompe la neutralidad que debe tener una institución. Una institución pública no puede estar al servicio de los independentistas o los unionista debe estar al servicio de todos”.

Cerca de Vic, cada miércoles los Comités de la Defensa de la República y otras asociaciones independentistas organizan un encuentro popular para reclamar la liberación de los políticos presos y colocar los reivindicativos lazos amarillos en las partes más visibles del pueblo…

El cruce de acusaciones entre los que colocan esos símbolos y los que los quitan, ambos apelando a su libertad de expresión genera tensión.

"Es la táctica que emplea el españolismo para desacreditar nuestro mundo: la violencia, la violencia… al final estarán contentos porque habrá violencia, pero de momento solo es por parte de los que quitan los lazos no los que los ponen”.

Los que quitan lazos son los Grupos de Defensa y Resistencia, con miembros de extrema derecha, y los Cuerpos de Brigada de Limpieza (CBL) han surgido como respuesta al movimiento independentista. EL principal objetivo de los CBL es limpiar las calles de simbología amarilla.

José Casado es portavoz de la Brigada Segadores del Maresme, una de las 18 brigadas que hay en Cataluña, que aglutinan a unos mil voluntarios: “Ya no es un símbolo reivindicativo de paz o de libertad, se ha convertido en un símbolo de marcaje”.

Lo hacen por la noche y con la cara cubierta por miedo, dicen, a las represalias y para evitar la confrontación. Este es su modus operandi. Eligen una población, pertrechados con escaleras y herramientas arrancan los lazos amarillos.

Otro miembro de la Brigada explica: “Si tus vas a poner lazos lo puedes hacer tranquilamente a cualquier hora del día que nadie te dirá nada, nadie te gritará nadie te amenazará, pero nosotros en cambio tenemos que ir tapados y hacerlo de noche porque para nosotros es muy violento hacer este trabajo, nos insultan, nos agreden”.

Las dos partes esgrimen vehemente sus argumentos: que no es lo mismo poner que quitar, que hay libertad de expresión, que el espacio público debe ser de todos.... La guerra de los lazos tensa la cuerda en una sociedad cada vez más polarizada y alejada del “otro”.