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Críticas al discurso de Juncker sobre el Estado de la Unión

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Críticas al discurso de Juncker sobre el Estado de la Unión

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El auge de los nacionalismo ha sido uno de los temas centrales del debate sobre el Estado de la Unión.

Y como si lo presintiera, uno de los promotores del brexit, el eurodiputado Nigel Farage, ha hecho un regalo al presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker.

Poco antes de que el debate empezara el debate, y ya en el hemiciclo, le ha ofrecido una misteriosa caja verde. Después se ha sabido que contenía unos calcetines con la bandera británica.

Este es el análisis de Farage sobre el discurso de Juncker. "Todo ha girado en torno al poder, poder, poder y no ha reconocido en cambio que el descontento sigue creciendo", ha explicado el eurodiputado británico ante los micrófonos de Euronews. "Ha hecho un llamamiento al patriotismo europeo, pero no a ser patriotas a nivel de estado".

Durante su intervención, el presidente de la Comisión había dicho que el patriotismo del siglo XXI "es un patriotismo doble, europeo y nacional" y que "ninguno de los dos excluye el otro". A lo que añadió que le gustaría "rechazar el nacionalismo enfermizo y abrazar el patriotismo ilustrado".

Respecto a la migración, Juncker ha propuesto la creación de una policía europea de fronteras con poderes supranacionale. Pero algunos consideran que la medida es una cortina de humo que no resuelve el problema.

"Ha sido muy predecible, no había nada nuevo", explica Ryszard Antoni Legutko, eurodiputado ultraconservador polaco. "Algunas propuestas llegan demasiado tarde, como la del fortalecimiento de las fronteras exteriores. "Es, por supuesto, una buena idea, pero difícil de ejecutar".

Los partidos de izquierdas han echado de menos, por su parte, un mayor compromiso con la agenda social. "Solo ha hablado sobre la necesidad de ser más fuertes en el mundo y de ser más respetados", dice Gabriele Zimmer, eurodiputada alemana de la Izquierda Unitaria. "Y se ha olvidado de que el respeto principal que se debe obtener es el respeto de nuestros propios ciudadanos ".

Muchos coinciden en que Juncker parecía cansado, y que su discurso ha carecido de fuerza.