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Bulgaria, el país de la UE con el salario mínimo más bajo, lucha por conservar su industria textil

Bulgaria, el país de la UE con el salario mínimo más bajo, lucha por conservar su industria textil
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Kostadin, Angel, Elena y Elka, forman parte de la enorme plantilla de Pirin-Tex, una empresa textil situada en Europa del Este que realiza un duro trabajo por poco dinero.

Este sector está bajo una presión constante debido a los productores de bajo coste de África, Asia y Turquía. ¿Hay alguna posibilidad de que la producción de Europa Oriental sobreviva? ¿Qué va a pasar con estos miles de empleados que trabajan en fábricas, a menudo localizadas en regiones con pocas infraestructuras?

Mientras los trabajadores del sector textil en Bangladesh están en huelga para pedir un salario mejor, en esta fábrica búlgara la gente sigue trabajando, aunque tampoco reciban un buen sueldo. Muchas marcas internacionales han externalizado su producción a Rumanía y Bulgaria. Pirin-Tex produce principalmente para Hugo Boss. Hasta hace tres años, la fábrica tenía más de 3.500 trabajadores. En ese momento era la fábrica de ropa más grande de Bulgaria; hoy cuenta con unos 1.800 empleados que trabajan de manera muy rápida; necesitan cinco segundos para hacerle el dobladillo a un pantalón. Producen alrededor de un millón de trajes al año, pero se quejan de la presión del tiempo. Euronews comprobó que solo 11 de sus 1.800 trabajadores cumplen con la cuota de producción requerida.

Gotse Delchev, centro de la industria textil búlgara...con falta de mano de obra

Esta pequeña ciudad del sur de Bulgaria recibe su nombre del revolucionario Gotse Delchev, un famoso rebelde balcánico del siglo XX. Los sindicalistas de la fábrica Pirin-Tex denuncian que sus salarios son demasiado bajos. De media, los trabajadores de la fábrica solo pueden terminar un 60% de las tareas exigidas a tiempo. Dependiendo de su antigüedad, el sueldo neto medio está entre 320 y 350 euros. Trabajan a destajo y los empleados tienen la impresión de que su jefe tiene casi legalizado un sistema de trabajos forzados.

En Bulgaria existe una gran paradoja; mientras se intenta acabar con los salarios bajos para terminar con las duras condiciones de vida, la gente se va al extranjero para trabajar en países como Reino Unido o Francia. Sin embargo, ningún extranjero quiere venir a trabajar aquí, por lo que si un empresario extranjero quiere invertir en Bulgaria, no encuentra suficiente mano de obra.

Menos de 20.000 personas viven en Gotse Delchev. El alcalde de la ciudad cuenta a Euronews que 2.500 personas trabajan actualmente en el extranjero, la mayoría en Europa Occidental, realizando trabajos en cosechas de cultivos, construyendo casas, cuidando a personas mayores, etc.

Pirin-Tex, una fábrica búlgara con historia alemana

Bertram Rollmann es un empresario alemán que decidió probar suerte en el Este. A principios de los 90 su fábrica seguía estando en Grecia. Rollmann buscaba un lugar alternativo porque en ese momento el coste de vida y de producción subieron en Grecia, mientras que en Bulgaria seguían siendo bajos. En la industria textil, los centros de producción se mueven desde países con altos costes a países con bajos costes.

Pirin-Tex se construyó en una antigua fábrica de radios. Cuando Rollmann invirtió, fue recibido con los brazos abiertos. La economía búlgara estaba colapsando y la producción textil se veía como una salida de las dificultades. En solo unos años, el número de trabajadores ascendió a 3.500. En 1922 el abuelo de Rollmann fundó un taller de ropa en su casa, en Alemania. Su primera fábrica la abrió su familia en 1965. Después, la producción fue transferida a Grecia...y luego a Bulgaria.

Rollmann nos explica que los productores situados en Bulgaria solo obtienen entre el 5 y el 7% de ingresos sobre el precio de venta al minorista. Esa cifra no es suficiente; es una parte tan pequeña que la gente que trabaja en la producción, ya sea en Bulgaria, Rumanía, Serbia, Macedonia o Albania, no puede llevar una vida decente.

Por otro lado, las marcas internacionales insisten en que los estándares europeos deben respetarse y aplicarse en lo que respecta a las condiciones de trabajo. Pero, por otro lado, esas marcas no quieren pagar de acuerdo a esas necesidades.

Un país con tendencia a la despoblación

Desde 1990 alrededor de un millón y medio de búlgaros han abandonado su país natal. Actualmente, solo unos siete millones de personas siguen viviendo en Bulgaria, y el éxodo continúa.

Kostadin, líder del sindicato local de Podkrepa y su mujer, Zorka, nos explican que el nuevo sistema de control de Pirin-Tex es un sistema de trabajo de cuotas para trabajar más rápido. Como no hay suficiente tiempo para hacer el trabajo que se debería hacer en una hora, la gente se deprime, pierde la motivación y solo piensa en dejar la fábrica. La pareja cree que el sistema sirve en realidad para controlar a los empleados, y para pagar menos a los empleados, como resultado de la productividad baja.

Debido a los salarios tan bajos, las familias dependen del dinero extra que obtienen con la venta de fruta o verduras, o el cultivo de tabaco, para poder sobrevivir.

Bulgaria, miembro de la Unión Europea con el salario mínimo más bajo

En enero, hubo un aumento del 10% en el salario mínimo de 261 euros al mes a 286. Sin embargo, esta cifra sigue estando por debajo de Rumanía (440 euros) y muy lejos de los 1.500 que se pagan en Francia. Este fenómeno desalentador ha provocado un aumento del desempleo juvenil. Los jóvennes búlgaros no se pueden independizar ya que apenas ganan 10 euros al día, mientras que en Alemania o Francia se gana 10 euros la hora.

Según el alcalde de Gotse Delchev, Vladimir Moscov, que pide más fondos a la Unión Europea para respaldar a las pymes de la ciudad, existen dos problemas entre los países que se han unido a la Unión Europea recientemente: los bajos ingresos y la precariedad laboral. Para el alcalde, hay que hacer todo lo posible para estimular el empleo y aumentar los salarios en estas regiones y países. Graciasa a este cambio se reduciría la migración interna en Europa y la gente se quedaría en Bulgaria para tener el mismo nivel de vida que en Europa Occidental.

Salarios bajos...pensiones bajas

Muchos jubilados búlgaros viven en la pobreza. Es el caso de Atlaza Shtereva, de 80 años, que empezó a trabajar con 15. Primero plantaba árboles. Después se casó y la pareja fue enviada a la Unión Soviética, donde ella trabajó como cocinera. Cuando volvió a Bulgaria, consiguió trabajo en una planta textil donde fabricaba cremalleras. Mantuvo ese trabajo hasta que se jubiló.

Cuando Atlaza va al supermercado compra lo esencial, y siempre está atenta a las ofertas. Su sobrino vive en España y su sobrina en Francia, pero sus dos hijos siguen viviendo en Bulgaria.

Atlaza cobra una pensión de unos 150 euros, de lso cuales, 50 son para pagar todas las facturas. Eso significa que solo tiene 100 euros para los gastos diarios. Por suerte, sus hijos le ayudan a comprar la leña para calentar la casa.

La octogenaria siempre ha votado y está deseando que lleguen las elecciones europeas, en mayo de este año.

¿Se puede salvar la industria textil de Europa del Este?

Para el empresario Rollmann, dueño de la fábrica Pirin-Tex, las tarifas proteccionistas para impedir que los trajes se fabriquen fuera de la Unión Europea, es una mala idea, ya que para él solo alimenta la corrupción y la subida de precios.

Los augurios no son buenos, por lo que los productores textiles búlgaros y rumanos planean mudarse a Albania, Bosnia, Kosovo, la República de Macedonia o Serbia, pero Rollmann, por el momento quiere quedarse en Bulgaria.

Los miembros del sindicato de la fábrica proponen que cambie el sistema de trabajo a destajo. Exigen que las pagas se basen solo en el número de horas trabajadas mediante un acuerdo, necesario en el sector textil. Otra de sus reivindicaciones es que se fije un salario mínimo por hora trabajada y que esos honorarios mínimos se aplicaran a todo el territorio de la Unión Europea. Su mensaje es claro: no quieren una Europa avanzando a velocidades diferentes ya que Bulgaria forma parte de la Unión Europea, por lo que los búlgaros quieren garantías gracias a un salario mínimo común en Europa, ya que los precios al consumidor son los mismos.