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El verdadero problema del pueblo venezolano

El verdadero problema del pueblo venezolano
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Para Venezuela el ahora líder de la oposición y presidente interino Juan Guaidó sigue pidiendo que se permita a la ayuda humanitaria entrar en el país. Durante semanas, toneladas de comida y medicinas han sido bloqueadas cerca de la frontera de Colombia con Venezuela. Nicolás Maduro dice que ese cargamento es un intento de los países extranjeros de intervenir en los asuntos de Venezuela. Pero Juan Guaidó insiste en que 300.000 personas necesitan ayuda inmediatamente y ha botado por dejar que la ayuda entre. Mientras continúa el enfrentamiento, los venezolanos están sufriendo: la hambruna se ha convertido en una realidad dolorosa para una parte enorme de la población.

Son poco más de las 7 de la tarde y Dilia por fin está llegando a casa. Esta limpiadora de 62 años gana 3.000 bolívares al día, alrededor de un dólar. Nos invitó a su casa situada en un barrio humilde de la capital de Venezuela, Caracas. Y está disgustada porque no puede ofrecernos algo bueno para comer.

Dilia: "Antes había más cosas, pero ya hoy en día no se puede".

Anelise Borges, Euronews: "Por qué no se puede?"

Dilia: "Porque todo está carísimo. Todo es carísimo y nuestros salarios no alcanzan."

La hambruna es casi universal en Venezuela. Dilia, sus hijos y sus nietos, igual que más de la mitad de la población de este país, han sufrido pérdida involuntaria de peso en los últimos años. En una vuelta rápida por el barrio es evidente que la alimentación de las familias se ha convertido en un sufrimiento diario. Esta noche el Gobierno ha enviado dos camiones cargados de paquetes que contienen alimentos subvencionados que la gente de aquí se puede permitir. Pero Dilia y muchos otros residentes no podrán tocar nada. Todo el mundo está tenso, por eso escondemos nuestra cámara: "No hay comida suficiente. No pueden jugar con el hambre de los demás. Si eso lo mandaron para el pueblo, deberían dárselo al pueblo. No pueden volver a llevarse la comida. ¿Qué crees que va a pensar la gente? El pueblo está descontento. En un organismo no se puede hacer eso. Si tú eres una persona razonable, tú no haces eso. Mira las horas de la noche que son y hay mucha gente que está esperando para comer", se queja un vecino.

Durante años, las generosas asignaciones gubernamentales de viviendas y alimentos subsidiados ayudaron a construir y a mantener el apoyo a Hugo Chávez y su sucesor Nicolás Maduro en las zonas pobres. Pero una combinación de políticas económicas cuestionables y la caída de los precios del petróleo, la única fuente segura de ingresos en Venezuela, han empujado al país al abismo de la hiperinflación. Ahora el apoyo al gobierno se está desvaneciendo, incluso en las zonas en las que el chavismo era más fuerte. Algunas personas del barrio recurren a fuerzas superiores en busca de esperanza: "Esta es la iglesia donde yo me congrego."

Pastor: "Dios va a cambiar el gobierno de esta nación."

Todos: “Amén”.

Pastor: “Eso no es una mentira. Eso es una realidad. Este gobierno no nos va a liderar más.”

Todos: “Amén”.

Pastor: “Este gobierno lo ha liderado un hombre solo, pero a partir de este año 2019, Dios va a empezar a gobernar nuestra nación.”

Todos: “Amén”.

02.43 SOT Joe Rivero. Pastor (Spanish)

Joe Rivero, pastor: "Yo amo al líder, porque la Biblia nos enseña a amar a nuestro prójimo. Pero no comparto sus ideas, su liderazgo, porque es un liderazgo mezquino, un liderazgo totalmente errado."

Y el liderazgo de Maduro nunca ha estado bajo tanta presión internacional. Pero los días se convierten en semanas y sigue sin quedar claro lo que traerá esa presión. De momento, algunas personas, como Dilia, le siguen concediendo a Nicolás Maduro el beneficio de la duda. Quizá no son conscientes de lo mal que están las cosas: _"Imagino que el presidente Maduro piensa que las cajas de comida están viniendo cada 15 días. A lo mejor él piensa que todo está perfecto, que todo está bien. Pero eso es una mentira."
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Una mentira que Dilia no se puede permitir ignorar. Se va a trabajar sin desayunar saltándose una comida más. Otro recordatorio doloroso de lo difíciles que se han vuelto las cosas.