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#EURoadTrip Día 40: La crisis migratoria que marcó la política en Hungría

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Nuestro Road Trip llega a Ásotthalom, en Hungría, una de las zonas rurales que vivió en primera línea la crisis migratoria de 2015.

La llegada de los primeros inmigrantes

Una comunidad tranquila que estaba acostumbrada a ver de vez en cuando a inmigrantes escondidos en el bosque. De repente un día aparecieron por decenas. El agricultor János Tóth recuerda muy bien aquello.

"Eran 16. Dos entraron en el patio, explicaron que necesitaban agua. Yo les dije que sí, que podían coger agua. Entraron, se pusieron en fila y sacaron el agua con la bomba. Yo primero, luego ellos. Cada uno bebió un litro, mucho. Eso fue todo. No hubo ningún problema. Es normal dar comida o agua a alguien que lo necesita".

¿Robaron algo, causaron algún daño?

"No, no en esta zona. Provocaron pequeños daños, pisotearon las plantas, no miraban si las pisaban o no. Simplemente caminaban como animales. Quiero decir, como una oveja u otro animal al que no le preocupan estas cosas. Por ejemplo, si había una valla en su camino, la tiraban y seguían andando. Pero eso era más una molestia que un problema".

El delito de cruzar la valla fronteriza

El guardia local Tamás Szalma cuenta que la gente de estas tierras era comprensiva hasta que llegaron los kosovares y sirios con sus familias. Y en la última fase de la crisis, algo cambió.

"Cuando empezaron a caminar por la carretera grupos de treinta o cuarenta hombres en edad militar, la gente empezó a pensar: ¿vaya, esto es bueno para nosotros?", recuerda Tamás. "Estos ya no son familias con niños pequeños pidiendo agua. Eso puso a la gente en alerta".

Aunque su trabajo es proteger los cultivos, Tamás está deseoso de ayudar al guardia fronterizo.

"Incluso este año conseguimos atrapar a unos pocos migrantes, aunque no sea nuestro trabajo", asegura Tamás. "Pero desde el momento en que atraviesan la valla han cometido un delito y la guardia debe retener a un delincuente pillado en 'in fraganti'. Está permitido que cualquiera los detenga, pero para los guardias es una obligación".

La calma ha vuelto a esta campiña. Pero lo ocurrido aquí hace cuatro años todavía marca la política europea. El primer ministro Viktor Orbán se ha valido durante este tiempo lo ocurrido para criminalizar a los inmigrantes, lo que ha tenido un importante impacto en la percepción de parte de la sociedad húngara.