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La batalla de la calidad del aire en Bruselas

La batalla de la calidad del aire en Bruselas
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Esta discreta estación de medición de Bruselas es el símbolo de una batalla legal y sanitaria.

Se encuentra en uno de los principales ejes de circulación de la ciudad y sirve para medir la calidad del aire. Hace una medición cada diez segundos, durante las 24 horas del día.

"El aire entra en la estación a través de esta tubería y llega hasta los aparatos que miden los contaminantes presentes en el aire", explica Anne Cheymol, responsable de Medioambiente de Bruselas. "Sobretodo el dióxido de nitrógeno, que es el contaminante que está creando más problemas en términos de legislación europea, porque no estamos repetando lo que dicen las normas".

Bruselas cuenta con once estaciones de medición, pero los ciudadanos implicados en la defensa del medioambiente denuncian su ubicación, ya que algunas se encuentran en zonas sin apenas circulación, lo que altera la media global.

Este es la situación, según los expertos. "Podría decirse que la calidad del aire en Bruselas se encuentra en un punto intermedio, no es ni muy mala ni muy buena", afirma Philippe Maetz, colaborador científico de la Unidad de Medioambiente Interregional. "Si la comparamos con las normas que fijan las Directivas Europeas, se puede decir que no estamos tan mal . Pero si nos fijamos en las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, estamos muy lejos de ellas, y hará falta un gran esfuerzo adicional para poder respetar, algún día, sus umbrales".

Recientemente, los ciudadanos obtuvieron una victoria ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, que dio potestad a los tribunales nacionales para controlar la ubicación de las estaciones. Pero creen que es necesario multiplicar los esfuerzos.

"La congestión del tráfico es muy elevada en Bruselas. Además Bélgica es uno de los países con más vehículos diesel", afirma la activista Katia Xenophontos. "Tenga en cuenta que en Bruselas, como en todas las grandes ciudades de Europa, el principal responsable de la contaminación del aire es el coche, el transporte, seguido de la calefacción."

Para responder a las exigencias de la sociedad civil, Bruselas quiere adquirir un nuevo tipo de estación más compacta, que permitirá multiplicar los puntos de medición y situarlos en lugares con más tráfico.

Cada una cuesta unos 140.000 euros y el objetivo es que entren en funcionamiento a principios del próximo año.