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Dudas ante el Green Deal europeo

Dudas ante el Green Deal europeo
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Reuters
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El Green Deal europeo ha sido la carta de presentación con la que Ursula Von Der Leyen ha comenzado su andadura como máxima responsable de la Unión Europea. La nueva presidenta de la Comisión se propuso presentar el pacto para la transición ecológica en los primeros cien días de su mandato y lo ha logrado en tan solo once. Y lo ha hecho poco después de que el Parlamento comunitario declarara la emergencia climática, justo antes de la COP25 que estos días se celebra en Madrid. Pero a pesar de la pompa y boato en el anuncio del acuerdo que la propia Von der Leyen ha comparado con el lanzamiento del mercado interior en 1985, las diferentes propuestas de lo que todavía es tan solo un borrador no convencen a todos. Al menos, en su totalidad.

Entre las medidas previstas en el documento, está la inversión de 100.000 millones de euros en los próximos siete años para la transición ecológica, una cifra que hay quien considera insuficiente. Los edificios, que suponen un 40% del gasto energético, se renovarán para optimizar el consumo. Las empresas son una parte fundamental y la Unión Europea quiere convertirlas en líderes mundiales en economía verde. A pesar de las buenas intenciones, existen dudas sobre la eficacia ante al aumento de temperatura de nuestro planeta.

El exeurodiputado de EQUO y observador de Los Verdes Mundiales, Florent Marcellesi, considera que el Green Deal supone un reconocimiento de la necesidad de tener un gran acuerdo verde, pero cree que las metas “son insuficientes”. Para cumplir con el acuerdo de París “habría que llegar al 65% de reducción (respecto a 1990) de emisiones de CO2 para 2030”, frente al máximo del 55% previsto y “la neutralidad climática tendría que llegar en 2040”, no una década después, como propone el documento de Bruselas.

Los próximos tres meses, la Comisión Europea debe concretar las medidas para que el primer borrador propuesto no quede en papel mojado. En el sector de la energía, la descarbonización es el principal objetivo. Pero en un comunicado, Greenpeace señala que “se ha fracasado en reconocer que todos los combustibles fósiles se tienen que acabar, incluidos el petróleo y el gas”. La responsable de la campaña de la Energía y el Cambio Climático de la organización, Tatiana Nuño, subraya la importancia de “implicar a la ciudadanía en la generación de energía” mediante elementos como paneles solares.

A la espera de aprobar la Política Agraria Común (PAC), que se lleva la parte más generosa del presupuesto comunitario, Bruselas quiere que la transición verde consolide la llamada política “de la granja a la mesa” que implica una reducción de pesticidas (del 50% para 2030), abonos y productos químicos tanto en agricultura como en ganadería. A la Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores (ASAJA) le preocupa que se hayan marcado los objetivos sin explicitar con la misma claridad las alternativas, y espera que la nueva PAC contemple compensaciones, lo que demuestra el carácter transversal del Green Deal.

El vicepresidente de la Comisión Europea, Frans Timmermans, ha señalado que es necesario que este punto de inflexión en la política comunitaria no deje a nadie atrás. Y desde su propio grupo, el eurodiputado socialista César Luena abre la puerta a “una mayor ambición ante las importaciones que impliquen la deforestación del planeta” y a “adelantar los objetivos sobre la biodiversidad para el próximo año”.

Son consideraciones ante un proyecto sobre el que hay unanimidad en cuanto a su inaplazable necesidad, pero al que todavía le queda mucho por delante para adquirir una forma definitiva. La evidencia climática obliga a Bruselas a no perderse esta vez en laberintos burocráticos y emprender un rumbo para el que no caben errores.

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