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"Mi corazón dice que no está muerto": la Madre de un miembro del Dáesh mantiene la esperanza

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Osman y Gülay T. con su hijo Burak.
Osman y Gülay T. con su hijo Burak.   -   Derechos de autor  Gulay T
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"Mi hijo no es un terrorista; los que le lavaron el cerebro a mi hijo, los que crearon el grupo Estado Islámico, los que le dieron armas, son terroristas".

Son las palabras de una madre en Francia cuyo hijo se unió a las filas del llamado Estado Islámico.

Gulay ha vivido durante las últimas tres décadas en el suburbio parisino de Creteil, un terreno fértil de reclutamiento para el Dáesh desde hace años.

Expatriada turca, explica en una entrevista exclusiva con Euronews que su hijo Burak, que entonces tenía 19 años, salió de casa una mañana de febrero de 2014 "para ir a estudiar con sus amigos".

Al día siguiente, le dijo a ella y a su padre Osman que había llegado a Siria.

"He venido aquí por ti", dijo.

Hasta 1.700 combatientes franceses

Según los expertos, las personas que se unen a la causa de Daesh tienden a ser violentas, tienen un historial delictivo y se sienten discriminados por la sociedad.

Burak, dice Gulay, nunca encajó en este perfil. Es el menor de tres hermanos y había planeado ir a la universidad al terminar el instituto.

Tenía una vida social discreta - "de casa a la escuela, de la escuela a casa" - y era el miembro más devoto de esta familia "no realmente religiosa" a la hora de la oración.

Pero de repente su vida social cambió para el deleite de Gulay y Osman que creían que su hijo estaba pasando más tiempo con sus amigos. Se fue a Siria tres meses después.

Según los datos del Centro Internacional de Lucha contra el Terrorismo, unas 900 personas han viajado desde Francia hasta Siria e Irak para unirse a grupos radicales como Daesh y Al Nusra. Las cifras difieren, sin embargo, con el gobierno francés oficialmente poniendo el número abajo en 698 y el grupo Soufan más cerca de 1.700.

"Los llevaré a todos al cielo"

Osman cree que el proceso de radicalización de su hijo comenzó en la mezquita local.

La mezquita de Creteil se administra en colaboración con las autoridades francesas, así que en teoría, sería difícil para los grupos terroristas reclutar en ella, pero los informes sugerían que los reclutaban en la oración.

Osman viajó a Siria una semana después de que lo hiciese su hijo y se reunió con él en un pequeño pueblo fronterizo, que estaba bajo el control del grupo Al Nusra, también conocido como al-Qaeda en Siria. Las cuatro horas que pasaron juntos no fueron suficientes para persuadir al joven de que regresara.

Permaneció en la zona durante otros seis meses y mantuvo un contacto bastante regular con sus padres. Su madre terminaba cada llamada pidiéndole que no matara a nadie.

Los dos padres viajaron a Siria una vez más después de que Burak les llamara para informarles que pronto se mudaría a Raqqa. Según el anciano que los llevó a conocer a su hijo, los hoteles de la provincia fronteriza turca de Reyhanli se llenaron entonces de padres que intentaban reunirse con sus hijos.

Esta vez, la familia sólo pudo pasar 30 minutos juntos y las súplicas y lágrimas de Gulay no obtuvieron la respuesta deseada.

"Os llevaré a todos al cielo", dijo Burak en su lugar.

"Adelante con mi familia si muero"

La familia permaneció en contacto hasta 2017, cuando Daesh sitió Kobani, una ciudad de la provincia de Alepo.

Un hombre del vecindario que había ido a Siria con Burak llamó un día para dar la noticia que todos temían: Burak había sido asesinado. Entonces les envió una carta que Burak había escrito con la instrucción de "enviar a mi familia si muero".

Gulay no cree en la noticia y tampoco Osman. Quiere pruebas, así que después de que Daeh fuese expulsado de Kobani, volvió a Siria una vez más.

Buscó entre las fotos de los prisioneros y los cadáveres, entre los pasaportes perdidos, pero no encuentró ningún rastro de su hijo. Los funcionarios locales le dijeron que el grupo terrorista había puesto bombas bajo algunos de los cuerpos y que si Burak estaba entre ellos, no quedaría nada que pudiese ser identificado.

Tres años después, Gulay sigue creyendo que Burak está vivo.

Le dijo a Euronews: "Si está muerto, muéstranos algo, alguna prueba. Nada. Yo no creo que Burak esté muerto.

"Mi corazón dice que no está muerto, dice que está vivo, me dice que está en otro lugar. Espero que esté en manos de buenas personas. Espero que un día salga de algún lugar. Si él viene, quiero que se quede en Turquía y nunca venga a Francia."