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El Día del Libro más triste para los libreros

Un hombre ojea un volumen en una librería de Roma
Un hombre ojea un volumen en una librería de Roma   -   Derechos de autor  AP
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España celebra este 23 de abril el Día del Libro con todas sus librerías cerradas. El que debía ser -junto con las Navidades- uno de los momentos más beneficiosos para el sector ha mutado en un duro revés, sobre todo para los editores y establecimientos más pequeños.

Solo en Cataluña la Feria de San Jordi generó el año pasado 22 millones de euros y despachó 1,64 millones de libros.

Es más, según un informe de Nielsen, la venta de libros desde que comenzó el confinamiento ha bajado en un 80%: una catástrofe para ellos. Si hasta la segunda semana de marzo se vendían 850.000 ejemplares por semana, ahora solo llegan a los 165.000. A pesar del repunte de un 40% en ventas en Semana Santa, el golpe asestado por la pandemia va a hacer del 2020 un año de zozobra para todas las empresas relacionadas con el libro.

Las editoriales tratan de aguantar para recuperar ventas en otoño

"Aguantaremos", cuenta a Euronews Enrique Redel, editor de Impedimenta, hogar entre otros del reconocido autor rumano Mircea Cartarescu. Redel reconoce que el mundo editorial está en un "impasse generalizado en previsión de que las librerías vuelvan a abrir". La sensación entre los editores es, no obstante, de "moral alta". El editor explica que la caída de ventas tiene su origen en cómo compramos libros: "la compra de libros es una compra de impulso, no es como ir a comprar cosas que necesitas, no es como ir a comprar harina", explica. Por ello en este momento las editoriales como la suya se dedican a "mantener la marca" y a "adelantar trabajo" para la reapertura. Reflotar las ventas con las librerías cerradas parece misión imposible.

Por tanto el sector deberá tomarse el pulso cuando llegue San Jordi (aplazada hasta finales de julio) y la Feria del Libro de Madrid (hasta octubre), y centrarse sobre todo en una campaña de otoño para "recuperarse". Redel cuenta que sus ventas han caído hasta apenas el 20% de lo facturado en esta época, pero que no está excesivamente preocupado porque editoriales como la suya, a diferencia de las grandes, cuentan "con un lector fiel que busca la fiabilidad de los libros". Y habla por experiencia, porque fue precisamente este factor el que les salvó en la crisis de 2008-2010.

Algo en lo que coincide también Redel con el resto de editores y federaciones de editores es en reclamar medidas urgentes por parte del Gobierno.

El Ejecutivo de Pedro Sánchez anunció recientemente la bajada del IVA a prensa y libros electrónicos del 21% al 4%, una medida que llevaba en los presupuestos de 2019. La Federación de Gremios de Editores de España recibió esta medida con optimismo, pero pidió que haya una implicación mayor.

"El Gobierno debe entender que debe hacer como Francia con su 'excepción cultural', ver que la cultura es el alma y espíritu de una sociedad", dice Redel. Precisamente Francia y Alemania han prometido ayudas económicas al sector cultural. Parte de ese dinero recaerá en editores y libreros. Para el editor de Impedimenta "no vale con bajar el IVA", pues "el Gobierno debería inyectar liquidez en forma de compra para bibliotecas" y ayudar a las librerías, ya que "una vez las librerías arranquen, arranca todo el sector".

Menos lectura, más Netflix

El confinamiento ha sido un varapalo para los libreros, pero otros tipos de ocio más accesibles en remoto o en los comercios que siguen abiertos han crecido en porcentajes de dos cifras.

Los juegos de mesa se mueven en un incremento de ventas del 60%, y estos números se vuelven exorbitantes en algunos muy populares como el Scrabble (+490%) o UNO (+600%), según cifras proporcionadas por el fabricante.

En cuanto a las plataformas audiovisuales de pago, la pandemia les ha dado una buena inyección de suscriptores y dinero: Netflix ganó 15,77 millones de dólares en el primer trimestre, mientras que Amazon Prime, Disney+, HBO y Movistar ganaron clientes por centenares debido al confinamiento obligatorio.

El fin de las restricciones y la llegada del buen tiempo podría, por otro lado, que los ciudadanos dejen sus ordenadores y pasen por una librería a recuperar el tiempo (de lectura) perdido.