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Hacinamiento y falta de higiene: Los prisioneros se sienten los grandes olvidados del coronavirus

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Hacinamiento y falta de higiene: Los prisioneros se sienten los grandes olvidados del coronavirus
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Entre los olvidados de la pandemia se cuentan los prisioneros. En países como Bélgica, la situación ya era precaria y se ha vuelto explosiva.

Euronews ha recogido dos testimonios desde el interior de dos cárceles, que mantendremos en el anonimato.

Denuncian graves problemas de higiene. En algunos casos, imposible lavarse las manos, a falta de jabón.

"Desde el día 23 me lavo sólo con agua. He tenido que limpiar yo mismo la celda, también sólo con agua, para sacar toda la porquería que había dejado mi predecesor. Qué más puedo añadir, la situación aquí es muy mala", explica uno de ellos.

La alta saturación de las carceles impide además respetar la distancia social. "Entre los detenidos es imposible. Salimos todos al patio al mismo tiempo, nos llevan a las duchas al mismo tiempo. Desde hace dos meses aquí no han hecho nada, excepto cortarnos las visitas y las actividades", denuncia otro.

Por el momento, hay quince casos de coronavirus confirmados. Pero imposible estar seguros, tal y como indican desde el sindicato de los funcionarios de prisiones. "Muchos detenidos tienen miedo de declararse enfermos porque saben que les trasladarán a otra cárcel y tendrán que permanecer confinados", dice Grégrory Wallez, del sindicato belga CGSP.

Y en las asociaciones de voluntarios que trabajan con los prisioneros se temen lo peor. "El hacinamiento es tal que el riesgo de infección es muy elevado. El personal que trabaja en la cárcel entra y sale, puede traer el virus dentro y contagiar a los detenidos. Pero todos tienen miedo, porque también los detenidos pueden contagiar al personal. Los espacios confinados son muy peligrosos", recuerda Céline Lefèvre, de la asociacion Genepi.

Cuando empezó el confinamiento, hubo estallidos de violencia en varias carceles. No entendían que se les retiraran las visitas, ni las actividades que les permiten ganar un poco de dinero.

Para rebajar la presión, el gobierno ha liberado a un millar de prisioneros que no representan un peligro para la sociedad. Representan el 10% de la población encarcelada. Pero hacen falta respuestas a largo plazo.

"Nosotros lo venimos denunciando desde hace tiempo. No nos ha hecho falta esperar a la pandemia. Hay que reducir el número de detenidos que permanecen encerrados 24 horas sobre 24. La prisión debe ser el último recurso para los crimenes graves", argumenta Gilles Vanden Burre, diputado belga del partido Ecolo.

Los detenidos y sus familias se sienten olvidados. Y están a la espera de que el gobierno cumpla su promesa de establecer un sistema de videoconferencias para ver y hablar con sus familias.