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¿Cómo lidian con la pandemia las personas sin hogar?

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Casi a diario, la policía viene a desalojar a los solicitantes de asilo de sus campamentos improvisados. Se ha convertido en una escena habitual cerca del puerto de Calais, en el norte de Francia. El cierre de fronteras provocado por la crisis del coronavirus ha acabado con su esperanza de ir al Reino Unido. Para todos los que viven en la calle ahora, la supervivencia es más difícil que nunca.

"Este coronavirus es muy malo. Antes la situación era buena porque los coches venían y tenías una oportunidad, pero ahora es más difícil, porque no tenemos nada aquí", asegura Buayran, un demandante de asilo.

En todo el país, las organizaciones benéficas se vieron obligadas a reducir la ayuda durante las semanas de confinamiento. Proveer a alrededor de mil personas necesitadas en Calais se ha convertido en un desafío.

"Hay menos voluntarios físicamente en los campamentos, menos servicios. Así que las condiciones están empeorando. Además, a los que están ayudando se les impide hacerlo. Hemos tenido 26 multas por salir a patrullar y entregar comida o mantas. Y detuvieron a 4 miembros del equipo mientras estaban en misiones humanitarias", nos explica el coordinador Antoine Nehr.

Esta ONG es una de las pocas que tienen autorización para entregar alimentos a los solicitantes de asilo en la zona de Grande Synthe, a pocos kilómetros de Calais. Cada día se llevan a cabo controles médicos básicos.

"Los equipos de protección civil toman la temperatura a las personas vulnerables y a los migrantes. En caso de que haya un problema, lo reportan, y los llevan al hospital si es necesario. Hasta ahora no se ha detectado ningún caso de COVID-19, al menos en los últimos dos meses”, dice Christian Hogard, de la ONG Secours Populaire.

Dicen que las terribles condiciones de vida en las que viven alrededor de 600 personas, les afectan más que el propio virus.

"La gente no tiene miedo al coronavirus porque han tenido muchos problemas, pasaron por muchas cosas peligrosas que eran peor que el coronavirus. Y están aquí. Por eso, no le temen al coronavirus", comenta Dana Babaie, demandante de asilo.

Barriadas en Lyon

Estamos en las afueras de Lyon, en el sureste de Francia. La mayoría de las familias que viven en esta barriada son de Siria. A la espera de recibir el estatus de refugiado, no consiguen encontrar vivienda o trabajo, y ya no reciben el subsidio que corresponde a los solicitantes de asilo.

"Ya nadie viene aquí desde que empezaron los problemas con el coronavirus. Conocimos a Sofía y Nawel que vienen a ayudarnos. Nuestros hermanos árabes también nos echan una mano", asegura Bahjat Karakand, un demandante de asilo.

"¡Pedimos a Dios y al Gobierno francés que nos ayuden, que nos devuelvan nuestras prestaciones! Tan pronto como lo hagan, ¡nos iremos inmediatamente!", añade.

Aquí nadie se ha infectado con el virus. Pero las condiciones sanitarias son más que precarias.

"Tengo dos hijos, quiero que vayan al colegio. Esto no es vida, no tenemos baños, ni agua. Francia nos trata bien, pero tienen que ayudarnos y regularizar nuestra situación para tener los documentos. ¡No podemos vivir así!", habla Alaa Al Mohamad.

La pandemia no ha hecho más que alargar la espera para obtener una respuesta a los procedimientos administrativos emprendidos con la ayuda de Sofía y su asociación. Y con el fin del confinamiento aumenta la amenaza de desalojo.