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Manifestaciones a favor de los refugiados y en contra del racismo en distintas ciudades europeas

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Una manifestante alza un cartel con el eslogan "La vida de los refugiados importa"
Una manifestante alza un cartel con el eslogan "La vida de los refugiados importa"   -   Derechos de autor  AFPTV
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La celebración del Día Mundial del Refugiado se convirtió el sábado en un acto de protesta política en Atenas, donde unas 2.000 personas se manifestaron contra las políticas migratorias del Ejecutivo conservador griego. En las próximas semanas, miles de inmigrantes y refugiados se pueden quedar sin techo y ceder su alojamiento a otros solicitantes de asilo que están hacinados en campamentos de fortuna en las islas griegas.

"Creemos que atacan a los refugiados e inmigrantes porque quieren presentar un enemigo al público y, por supuesto, los inmigrantes y refugiados no son el enemigo", afirmaba Margarita Koutsanelou, manifestante y sindicalista del sector agrario.

El Gobierno de Kiriakos Mitsotakis redujo de seis meses a solo un mes el periodo en que los refugiados pueden conservar su alojamiento tras recibir el estatus de protección. La legislación cambió, pero no lo hizo la carencia de viviendas sociales y la necesidad de dar cobijo al flujo continuo de solicitantes de asilo que llegan a Grecia procedentes de África y Asia.

También hubo manifestaciones para conmemorar el Día Mundial del Refugiado en París y otras ciudades francesas, donde se mezclaron con las protestas contra el racismo y la violencia policial que se están llevando a cabo desde hace varias semanas en todo el mundo tras la muerte del ciudadano afroestadounidense George Floyd.

"Su caso ha tenido un impacto considerable en la movilización, pero también revela la magnitud del racismo sistemático a nivel mundial y hasta qué punto Occidente crea y frena este problema", explicaba Franco Lollia, portavoz de la Brigada contra la Negrofobia.

En la marcha, miles de personas exigieron la regularización de los inmigrantes sin papeles, que han sido muy castigados durante el confinamiento. Su situación irregular los condena a no trabajar o hacerlo en precario sin ninguna protección social. Quienes trabajan tuvieron que dejar de hacerlo, como millones de franceses, pero no recibieron las ayudas que han permitido a la mayoría de la población seguir cobrando su sueldo puntualmente.