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Dormir en la calle, a la espera del estatus de refugiado

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Dormir en la calle, a la espera del estatus de refugiado
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Todos los días, cuando cae el sol, en esta estación Tiburtina de Roma, decenas de personas hacen cola en silencio, esperando la cena de los voluntarios de la asociación Baobab. Son migrantes, muchos recién llegados. Algunos huyen de la guerra y otros de la miseria económica. Cuando llegan a la capital, se ven abocados a vivir en la calle. No tienen dónde quedarse, así que pasan meses en las aceras.

Uno de ellos es Mustafá. Es originario de Gambia y tiene el estatus de refugiado. Pero su historia es larga. Trabajó como sastre en Libia y, cuando estalló la guerra, escapó y llegó a Italia por mar. Después de dos intentos fallidos, logró obtener protección internacional. Pero en más de una ocasión estuvo a punto de ser repatriado.

“No es justo repatriar a una persona que ha pagado con sacrificios y ha arriesgado su vida viniendo en barco. ¿Por qué no se preguntan por qué venimos en barco? ¿Por qué no se preguntan por qué no tomamos el avión? Porque no tenemos libertad", explica Mustafá.

El 80% de las demandas de asilo son rechazadas en Italia. El proceso puede llevar años. Y mientras esperan, muchos viven en la calle. Los centros de acogida que existían en el país fueron cerrados cuando Matteo Salvini era ministro de Interior.

Y sólo algunas organizaciones sin ánimo de lucro les brindan atención. “No es posible que en 2020 haya toda esta gente durmiendo en la calle. El Covid ha demostrado hasta que punto, incluso durante una pandemia, estas personas son completamente abandonadas por las instituciones”, afirma Andrea Costa, coordinador de la asociación Baobab.

El nuevo Pacto Europeo para la Migración y el Asilo que ha presentado la Comisión propone evaluar a los migrantes a su llegada y determinar en un plazo de 12 semanas si reúnen las condiciones para ser refugiados.

Existe pues el riesgo de que surjan nuevos campamentos en las fronteras . “Vemos una vacío en el corazón de esta propuesta en lo que se refiere a las rutas seguras y legales", denuncia Imogen Sudbery, del Comité Internacional de Rescate. "Para nosotros no tiene sentido luchar contra la migración irregular, detener el movimiento de personas a toda costa en lugar de garantizar que el sistema planifica y gestiona de manera eficaz la acogida de los recién llegados”.

Según nuestra corresponsal, Elena Cavallone, "migración significa a menudo marginación, personas que viven en malas condiciones a un tiro de piedra de nuestras casas. Y mientras los gobiernos de Europa luchan para eludir la responsabilidad en la gestión de los flujos migratorios, los que pagan por estas divisiones viven literalmente en la calle".