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“Es todo muy confuso y contradictorio": así afrontan los madrileños el nuevo confinamiento

Un pasajero llega a la estación de tren de Atocha en Madrid, España, el sábado 3 de octubre de 2020.
Un pasajero llega a la estación de tren de Atocha en Madrid, España, el sábado 3 de octubre de 2020.   -   Derechos de autor  AP Photo/Paul White
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Carlos y su socio Santiago miran la calle desde la puerta de su restaurante con una mezcla de incredulidad y resignación. A estas horas, en otra época precoronavirus, el local estaría lleno, pero hoy, con Madrid sumida en un confinamiento perimetral, solo tienen una mesa ocupada por un único cliente.

“Estamos muy desanimados; el miedo, la obligación de tener que cerrar pronto y las nuevas reducciones de aforo nos están haciendo mucho daño, no hay manera de remontar”, cuentan prácticamente al unísono.

Su pizzería está situada en una de las zonas más turísticas de la ciudad y, también, una de las más castigadas por los efectos económicos de la pandemia. A su alrededor no es difícil ver locales cerrados y con el cartel de “se alquila”.

Aun así, ninguno de los dos se opone a las últimas restricciones que, principalmente, impiden a los madrileños salir de la ciudad: “Lo veo necesario, nos estamos quedando incluso cortos, es mejor ahora a que se estropee la campaña de Navidad, hasta entonces lo damos ya por perdido”, afirma Carlos.

En Atocha, junto a la principal estación de tren madrileña, tampoco se ve demasiado movimiento.

“Llevamos solo unos días de confinamiento y ya lo estamos notando. En un fin de semana normal hubiéramos alquilado alrededor de 30 vehículos, pero solo hemos llegado a la mitad. Y eso que prácticamente acabamos de empezar las dos semanas de restricciones, un desastre”, explica Daniel, empleado de una empresa de alquiler de coches que ya ha empezado a sufrir la cancelación de reservas.

Pero lejos del centro, se respira normalidad, incluso más que en días anteriores.

María vive en un barrio que llevaba casi quince días confinado por su elevada tasa de contagios de Covid-19. Solo podía salir de allí para ir a trabajar.

Ahora que es toda la ciudad la que sufre las limitaciones de movimiento, ella puede, paradójicamente, desplazarse con mayor libertad que antes: “Es todo muy confuso y contradictorio. Estás confinado pero puedes moverte a otras zonas, ir de compras o a tomar algo en una terraza”, dice sin disimular un cierto tono de sarcasmo.

"¿Qué mensaje nos están enviando?”

Como muchos otros madrileños, María cree que la medida “es necesaria”, aunque matiza: “lo es si realmente la situación de contagios es como dicen, porque he leído que en algunos hospitales han cerrado varias plantas de Covid por la disminución de casos. Ya no sabes qué creer”.

Ese escepticismo es algo también generalizado entre los vecinos de Madrid y en gran medida es fruto de la batalla política entre el gobierno de España, dirigido por el socialista Pedro Sánchez, y el de la Comunidad Autónoma, encabezado por la conservadora Isabel Díaz Ayuso.

El cierre de la capital, principal foco de coronavirus en Europa, se realizó por orden del Ministerio de Sanidad y con la oposición del ejecutivo regional tras una semana de disputas y reproches mutuos que han acabado con la paciencia de muchos madrileños.

Débora es una de ellas: “La situación política es vergonzosa, lo único que evidencia es que no tienen criterios científicos para frenar la pandemia, solo saben atacar al oponente. ¿Qué mensaje nos están enviando?”, se pregunta.

A su lado, su madre Aurora, ya jubilada, cree que el confinamiento de Madrid es “una tontería que no va a servir para nada. Hoy dicen una cosa y mañana otra. Hasta la OMS se pregunta qué pasa en España para estar así”.

Débora asiente con la cabeza y reconoce que le “llama mucho la atención el caso de Italia, ahora lo están controlando mucho mejor que nosotros. Creo que aquí tendrían que imponer medidas más restrictivas porque a este paso acabaremos en otro confinamiento total”.

Y todo, en opinión de Javier, por “culpa de los irresponsables”.

Mientras pasea con su hija de dos años por uno de los parques de la ciudad, que permanecen abiertos, reconoce que “cuesta mucho hacerlo bien cuando a tu alrededor ves que hay gente que pasa de todo”.

Asegura que “salvo ocasiones contadas” siempre ha cumplido las normas, aunque “solo llegas realmente a concienciarte cuando te toca de cerca. Nosotros hemos tenido un positivo en casa y hemos vivido confinados de verdad durante dos semanas, ahí es cuando te das cuenta de las consecuencias que puede tener quitarte la mascarilla”.