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Londres y Bruselas apuran los tiempos para evitar un brexit sin acuerdo

Michael Gove, número dos del Gobierno británico, llega a la sede del Unión Europea en Bruselas
Michael Gove, número dos del Gobierno británico, llega a la sede del Unión Europea en Bruselas   -   Derechos de autor  Olivier Matthys/Copyright 2020 The Associated Press. All rjghts reserved
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Los negociadores de la Unión Europea y el Reino Unido están haciendo un último esfuerzo para salvar las importantes diferencias en sus posiciones, ya que se está acabando el tiempo para llegar a un acuerdo post-Brexit. En juego está el modelo para el futuro comercio y otras relaciones en los años, tal vez décadas, por venir.

Michel Barnier, el negociador jefe del Brexit de la UE, debe informar a los embajadores comunitarios a primera hora del lunes. Otro día de conversaciones entre la UE y el Reino Unido en Bruselas debería tener lugar antes de que Boris Johnson y Ursula von der Leyen hablen de nuevo el lunes por la noche.

El primer ministro británico y la presidenta de la Comisión Europea dieron el visto bueno para que las conversaciones se reanudaran el sábado, después de un día de parón en el que ambas partes acordaron que no podían ir más allá.

A menos que se llegue a un pacto en los próximos días, se vislumbra un escenario con el temido brexit sin acuerdo, lo que traería consigo costes adicionales y la interrupción de una relación que, en cualquier caso, sufrirá cambios abruptos cuando el período de transición expire a finales de año.

El domingo por la noche se publicaron informaciones citando fuentes de la Unión Europea en las que se afirmaba que ambas partes habían encontrado un punto común sobre uno de los principales puntos de discordia, los derechos de pesca que fueron rápidamente rechazadas por parte de los británicos. El propio Barnier, según se informa, les restó importancia a su llegada a la reunión de embajadores de la UE el lunes.

Se entiende que quedan importantes diferencias en los otros temas clave, las futuras reglas de competencia, y un mecanismo para vigilar un acuerdo. Los dos asuntos están relacionados: a cambio de conceder al Reino Unido un acceso privilegiado a sus mercados, la UE quiere asegurarse de que puede tomar medidas efectivas en caso de que Londres intente socavar los negocios europeos o tomar medidas para obtener una ventaja injusta.

La cuestión de la ejecución ha cobrado mayor importancia desde que el Reino Unido decidió anular parte del acuerdo de divorcio vinculante firmado el año pasado en relación con los acuerdos para Irlanda del Norte.

El Gobierno británico tiene la intención de continuar por ese camino cuando la legislación en cuestión, el proyecto de ley de mercado interno, vuelva a presentarse ante la Cámara de los Comunes el lunes. A finales de esta semana se espera introducir un proyecto de ley de impuestos que también contiene disposiciones que contravienen el acuerdo de retirada.

Significa que la UE podría encontrarse en la posición de tener que tomar una decisión sobre un acuerdo en la futura relación, en el mismo momento en que el Reino Unido está renegando del tratado internacional que las dos partes pactaron hace apenas un año, después de un largo y tortuoso proceso.

En esta etapa, la política es tan importante como los detalles técnicos: ambas partes deben evitar la impresión de estar cediendo. Francia, que ha repetido la amenaza de vetar un "mal acuerdo", ha encabezado un grupo de países ansiosos por proteger los derechos de pesca de la UE y la integridad del mercado único. El Gobierno del Reino Unido, por su parte, es categórico en cuanto a que un acuerdo debe respetar la soberanía británica que, según él, es la esencia de Brexit.

Es un momento decisivo para Johnson, cuyos colegas favorables al Brexit jugaron un gran papel en la votación para abandonar la UE y luego lo llevaron a Downing Street.

El primer ministro ha subrayado la importancia de lograr el tipo de independencia prometida por eslóganes como "retomar el control". Pero ahora se enfrenta a una realidad que implica o bien un compromiso, o bien la búsqueda de un escenario sin pacto que significaría aranceles y otras costosas barreras al comercio, hundiendo las relaciones con Europa a un nuevo mínimo en el proceso.

La UE, por su parte, debe determinar hasta qué punto trata de defender sus propias "líneas rojas", o ceder terreno para asegurar un acuerdo y evitar un escenario que también afectaría a su propia economía.

Incluso si los negociadores del Reino Unido y de la UE llegan a un acuerdo, no supone el final de la historia. El texto legal tendría que pasar entes por los líderes nacionales de la UE - que se reunirán en una cumbre del Consejo Europeo a finales de esta semana - y ser aprobado por el Reino Unido y los parlamentos europeos.

Londres dejó la Unión Europea el pasado mes de enero, pero ha seguido estando sujeto y aplicando la mayoría de las normas comunitarias durante el periodo de transición. Con o sin acuerdo, los cambios más importantes se pondrán en marcha en el comercio y otros asuntos a partir del 1 de enero.

Lo que dicen sobre las perspectivas de un acuerdo

"Vamos a ver qué pasa", afirmaba el jefe negociador británico David Frost al llegar a Bruselas el domingo, en medio de una perspectiva cada vez más sombría sobre un avance en todos los puntos pendientes.

"Creo que a menos que podamos resolver estas divergencias bastante fundamentales... vamos a tener que adoptar una posición en los próximos días", había considerado antes el Ministro de Agricultura del Reino Unido, George Eustice.

El ministro de Exteriores de Irlanda, Simon Coveney, admitió a la cadena RTE que "estamos en un punto difícil mientras tratamos de cerrarlo". El primer ministro del país, Michéal Martin, aventuraba las posibilidades de un acuerdo al 50-50.

"Veremos si hay un camino a seguir", dejó escrito Michel Barnier en Twitter el sábado por la noche, después de que von der Leyen y Johnson dieran el visto bueno para que las conversaciones continuaran.