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“¡Quieto todo el mundo!” o "¡Se sienten, coño!": El 23F explicado a la generación Z

Antonio Tejero irrumpe en el Congreso de los Diputados el 23 de febrero de 1981.
Antonio Tejero irrumpe en el Congreso de los Diputados el 23 de febrero de 1981.   -   Derechos de autor  Biblioteca Virtual del Patrimonio Bibliográfico. Autor: Diario Región (Oviedo), EFE.
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El 23 de febrero de 1981, más conocido como el 23F, pasó directamente a los libros de historia de España por un intento fallido de golpe de Estado que amenazó con poner fin a la recién estrenada democracia en el país.

Un grupo de militares irrumpió a punta de pistola en el Congreso de los Diputados, en pleno centro de Madrid, durante la investidura del candidato a la Presidencia del Gobierno, Leopoldo Calvo-Sotelo, de la Unión de Centro Democrático (UCD).

Las imágenes de confusión de los diputados españoles y lo que allí se escuchó también pasaron directamente al imaginario popular español. En España, frases como “¡quieto todo el mundo!” o "¡se sienten, coño!" remiten inmediatamente a ese aterrado Congreso de hace cuatro décadas aunque hoy, con la lente de los años y el alivio de la resolución frustrada del golpe, se pronuncian con un matiz cómico.

¿Qué hacías el 23 de febrero de 1981?, es una de las preguntas típicas en cada aniversario. Hay una generación de españoles que ya ha superado la mayoría de edad pero que no puede contestar a esta pregunta, puesto que no había nacido.

Aquí explicamos a la generación Z qué pasó el 23F y por qué se conmemora cada año desde 1981.

"¡Se sienten, coño!"

Al grito de “¡quieto todo el mundo!”, el teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero, entró un 23 de febrero de 1981 a las 18:23 armado en el Congreso. El bigote, el tricornio y la pistola apuntando al techo del Congreso: esta es la imagen más icónica de Tejero, la cabeza visible del golpe.

El motivo de la sublevación militar se resumía en un conjunto de factores que generaron un importante malestar en ciertas partes del Ejército: la crisis económica, ETA, las complicaciones para diseñar una nueva organización territorial del Estado y el sistema político cada vez más democrático.

La combinación de todo esto irritaba a un sector militar anclado en el pasado y alérgico a la Transición democrática.

Tras 40 años de dictadura franquista, los sectores más tradicionales del Ejército rechazaban el modelo político adoptado y concebían la autoridad como un elemento clave a la hora de gobernar España. Por aquel entonces, en plena Transición, España estaba encauzando su modelo hacia una democracia moderna, por aquel entonces frágil.

En un momento dado, Tejero, que intentaba infundir respeto, nos regaló la célebre frase “¡se sienten, coño!”. Momentos antes había disparado repetidas veces contra el techo del hemiciclo, que a día de hoy conserva los agujeros. Un grupo de 200 guardias civiles acompañaron a Tejero en su toma del Congreso, que a efectos prácticos de poco sirvieron.

Los diputados, escandalizados, se tiraron al suelo de inmediato, salvo el anterior presidente del Gobierno, Adolfo Suárez; el vicepresidente primero para Asuntos de la Defensa de España, Gutiérrez Mellado; y el secretario del Partido Comunista de España (PCE), Santiago Carrillo.

AFP
El expresidente Adolfo Suárez va en ayuda de Manuel Gutiérrez Mellado durante el golpe.AFP

La Operación Turia: depliegue de tanques por Valencia

Mientras tanto, el teniente general Jaime Milans del Bosch ocupaba militarmente la ciudad de Valencia y mandaba desplegar 50 carros de combate y 2.000 hombres. Milans declaró el estado de excepción e intentó en vano sumar apoyos militares de otras regiones españolas. La Operación Turia, como se conocía al plan para tomar Valencia por la fuerza, fracasó, al igual que el golpe de estado.

Don Juan Carlos I entra en juego

A la una de la madrugada del 24 de febrero, el ahora emérito Juan Carlos I se declaró públicamente en contra de los militares insurrectos y defendió la validez de la Constitución española. Tras su intervención, Milans ordenó la retirada de las unidades militares y los guardias civiles abandonaron el hemiciclo. El secuestro duró un total de 18 horas.

Prisión para los golpistas

El Tribunal Supremo acabó condenando a 30 años de prisión a Milans y a Tejero, aunque al final acabaron reducidas a 9 años y medio, y 15 años respectivamente.

40 años después, el 23F constituye oficialmente el último golpe de Estado de la historia de España.