París, Lille, Ruan... El Gobierno francés ha echado el cierre a numerosas ciudades del país para frenar los contagios de COVID-19 durante la tercera ola de la pandemia. Se trata de un confinamiento blando, que permite salidas sin justificación en un radio de 10 km y afecta a 21 millones de personas,
El Gobierno francés ha echado el cierre a 16 departamentos del país para frenar los contagios de COVID-19 durante la tercera ola de la pandemia. Se trata de un confinamiento blando, que permite salidas sin justificación en un radio de 10 km y afecta a 21 millones de personas, un tercio de la población total. Las restricciones afectan a ciudades como París, Lille o Ruan, y no son del gusto de todos. Los cafés han cerrado, pero no las librerías... Aunque para muchos franceses es el tercer confinamiento, pocos lo aceptan de buen grado:
"Es difícil acostumbrarse. Queremos libertad, queremos salir, estamos privados de todo eso. Los pequeños placeres de la vida cotidiana ya no están disponibles", se quejaba un comerciante de Ruan.
"No me quejo porque yo trabajo, mi marido también. Tenemos una casa, tenemos hijos, tenemos una vida. Pienso más en los parisinos que están encerrados, en los estudiantes que están solos, así que no hay que compadecerse en absoluto", sentenciaba una abogada vecina de la misma ciudad.
En Polonia, que hace unos días superó los dos millones de contagios, los comercios no esenciales, los hoteles y las instalaciones culturales y deportivas llevan tres semanas cerrados y seguirán así hasta, por lo menos, el final de Semana Santa. El gobierno polaco no descarta un confinamiento a nivel nacional:
"Veremos cuánto duran estas restricciones", afirmaba el propietario de un restaurante. "Si es por un mes o dos, deberíamos estar bien, pero si es más tiempo, no lo sé. Es una gran incógnita".
La vecina Ucrania ha endurecido las condiciones del confinamiento en varias zonas del país, incluida Kiev, la capital, tras superar por tercer día consecutivo los 15.000 nuevos contagios.