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El gaseoducto TAP en Italia: ¿entrada alternativa de gas o peligro medioambiental?

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Por Luca Palamara
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Imagen de la entrada del gaseoducto TAP en Italia.
Imagen de la entrada del gaseoducto TAP en Italia.   -   Derechos de autor  Euronews

Se escribe TAP, pero se lee Trans-Adriatic Pipeline. Es el gasoducto del sur de Europa que recibe el gas procedente de los yacimientos de Azerbayán en la frontera turco-griega y lo envía a Italia, tras recorrer casi 900 kilómetros a través de Grecia, Albania y el mar Adriático.

Se ha diseñado para diversificar las rutas y las fuentes de suministro de gas. Llega a Puglia, en el sur de Italia, y activistas locales cuestionan no sólo su impacto medioambiental, sino también su utilidad real.

"Esta infraestructura no diversifica en absoluto, primero porque el gas azerbaiyano tiene un coste enorme en comparación con sus competidores y luego porque los rusos ocupan un lugar dentro del consorcio Shah Deniz en el Mar Caspio, que produce este gas. Lukoil es el segundo accionista. Por tanto, no veo una diversificación real", explica Gianluca Maggiore, del movimiento NO-TAP.

Aunque la postura desde la empresa es totalmente distinta. "Se ha producido un enorme aumento del precio del gas natural: esto significa que la situación del mercado se caracteriza por una oferta escasa y una demanda elevada. En esta situación, la disponibilidad de una fuente de suministro adicional, de una vía diferente a las anteriores, nos pondría en una posición más fuerte", cuenta, por otro lado, Eligio Lo Cascio, director de operaciones de TAP Italia.

"El impacto medioambiental aquí fue enorme.TAP está en juicio por la contaminación del acuífero con cromo hexavalente. En el subsuelo de este campo hay enormes cantidades de hormigón que entraron en contacto con el acuífero y, según las pruebas realizadas por la agencia regional de medio ambiente en 2017, el acuífero resultó contaminado por cromo hexavalente", lamenta Maggiore.

Transcurrido más de un año desde la puesta en marcha del oleoducto, los procedimientos judiciales sobre el impacto medioambiental siguen abiertos y la empresa prefiere no hacer comentarios al respecto, pero asegura que ha cumplido las 66 disposiciones medioambientales dictadas por los organismos competentes.

"La planta no está destinada al almacenamiento de gas, no hay procesos químicos involucrados, no hay residuos de producción, que podrían ser tóxicos o de otro tipo. Por tanto, desde este punto de vista, el impacto ambiental es casi nulo o ninguno", justifica Lo Cascio.

¿Infraestructura necesaria para la diversificación del suministro de gas en Europa o amenaza inútil para el medio ambiente y la población local?: preguntas difíciles detrás de este simple acrónimo de tres letras.