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Refugiados ucranianos en Polonia: “En Kiev nos llaman traidores por huir de la guerra”

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Por Cristina Giner
Seis familias ucranianas conviven con una familia de acogida en Polonia. De izquierda a derecha: Beata, Julia, Gaja, Kirill y Dasha
Seis familias ucranianas conviven con una familia de acogida en Polonia. De izquierda a derecha: Beata, Julia, Gaja, Kirill y Dasha   -   Derechos de autor  Fotogradía cedida por la familia

Dasha, su marido Kirill y su hija Julia de 18 años escaparon de Kiev el 6 de marzo con lo puesto. “Cogimos una mochila, los ordenadores y nuestros animales y nos fuimos a la estación de tren sin saber a dónde íbamos a ir”.

El día anterior una bomba había reducido a escombros un edificio al lado de su casa. Trabajaban en la televisión ucraniana. La mayoría de sus amigos que permanecen en Kiev han dejado de hablarles, nos cuenta Dasha con tristeza. “A los que huimos nos dicen que somos traidores, pero ¿se nos puede culpar en una situación así?”

La vida ha cambiado para todos

Javier Presencio es de Madrid, lleva 9 años viviendo en Cracovia. Conoció a Gaja Bieniasz hace 17 años en esta ciudad polaca durante una beca ‘Erasmus’. Hoy tienen aquí un estudio de arquitectura. Beata, la madre de Gaja, se dedica a gestionar apartamentos vacacionales y una pensión en Krynica-Zdrój, a unos 100 kilómetros de Cracovia, ahora convertida en una casa de acogida.

Su hija y su yerno les ayudan con la logística y la financiación. Como la mayoría de polacos, están viviendo la situación con angustia pero también seguros de que la solidaridad es la única salida.

“Los primeros días la estación de trenes era un caos, aunque era algo imprevisible. Las personas de a pie nos hemos ido organizado a través de las redes sociales para ayudar a los refugiados, todo el mundo que conocemos ha acogido a alguna familia en su casa”, cuentan Javier y Gaja.

Todo el mundo que conocemos ha acogido a alguna familia en su casa
Javier y Gaja
Familia de acogida

Las autoridades locales hacen lo posible por gestionar y coordinar la ayuda, pero no dan abasto. Polonia acoge estos días a la mayoría de refugiados, un millón y medio en apenas tres semanas. Solo a Cracovia han llegado unas 110.000 personas, el 13% de su población.

Beata tiene 6 familias acogidas, 16 personas en total y varios animales. “Esto es como un trabajo a jornada completa, el otro día llevé a los niños al dentista, a otro le tengo que llevar a la ortodoncia, tengo que hacer compras enormes. Algunas mujeres ayudan a cocinar porque quieren estar ocupadas”.

Por suerte, asegura Beata, la solidaridad es compartida y el dentista no les ha cobrado ninguna de las visitas. “Con una inflación de entorno al 8% es difícil pagar alimentos y calefacción para 16 personas. Si a nosotros ya nos cuesta llegar a fin de mes, imagínate 16 bocas más”, lamentan.

"O nos íbamos juntos, o moríamos juntos"

Unos de los refugiados que han acogido son Dasha y su familia. No tienen palabras para explicar su agradecimiento. Beata les ha dejado la casa de sus padres, fallecidos hace poco. “Llegar aquí fue como un sueño, Beata y su familia son ángeles. Son tan amables, tan atentos, se preocupan de todo lo que nos pueda hacer falta. Tal vez ahora podemos decir que estamos un poco contentos”, dice.

Pero la voz se le vuelve a quebrar cuando nos explica que sus amigos les acusan de “traidores” por huir. Su marido consiguió salir de Ucrania – está prohibido para los hombres de entre 18 y 60 años- porque tiene un documento de exención militar por un problema físico. “Le dije a Kirill que o nos íbamos juntos o moriríamos juntos allí. Yo no me hubiese ido sin él”.

Fotografía cedida por la familia
Dasha y su marido Kirill en PoloniaFotografía cedida por la familia

Prefieren no pensar en todo lo que han dejado atrás en Kiev “porque duele mucho, ahora solo pensamos en qué haremos el día de mañana”. Ella era editora jefe de un programa de entretenimiento de la televisión ucraniana, él director de publicidad. Ahora desde Polonia ayudan al canal a difundir noticias, como voluntarios porque no cobrarán nada en el mes de marzo. “Solo queremos encontrar un trabajo en un lugar donde no haya guerra.”

La huida en tren a Leópolis duró 10 horas. Fueron a oscuras y tumbados en el suelo por si las tropas rusas les atacaban. La Cruz Roja los llevó desde Leópolis hasta la frontera. Tras una larga espera de más de 10 horas consiguieron pasar a suelo polaco. Pasaron una noche en un campo de refugiados hasta que las redes sociales obraron el milagro.

Gaja vio en el Instagram de una amiga que Dasha y su familia buscaban alojamiento. “Era una pareja que llegaba con varios animales y sabía que tendrían muy difícil encontrar un lugar, mi madre los acogió, nosotros tenemos animales y nos gustan”. Las redes sociales están sirviendo como plataformas de solidaridad y ayuda para buscar familias de acogida, intercambiar cosas o servicios necesarios en estos días inciertos.

Ola de solidaridad

En los primeros días de la invasión, Javier extendió la ola de solidaridad a España y pidió dinero a sus familiares y amigos de Madrid. “Suerte que la gente respondió, estamos muy agradecidos, porque si no habría sido imposible acogerlo. El gas ha subido un 400% para las empresas como para la pensión de mi suegra. Este mes hemos pagado unos 2.000 € de calefacción”.

Creen que el Gobierno polaco y la UE deberían haber reaccionado más rápido y dar ayudas a las personas que tienen a refugiados acogidos. Hay una propuesta, pero aún no se ha hecho efectiva. “El Gobierno polaco había bajado los impuestos de los bienes básicos y la energía para paliar la inflación, pero han subido otras cosas como la tasa de autónomos”, explica Javier, que se pregunta qué medidas tomarán a partir de ahora porque esta situación a largo plazo será insostenible tanto para los refugiados como para ellos.

Los refugiados se quedan en Polonia porque quieren volver a su país cuanto antes, quieren estar cerca de Ucrania
Beata
Familia de acogida

Las autoridades de Cracovia alojan a los refugiados en equipamientos públicos, hoteles, pensiones, pero aseguran que la ciudad no puede absorber más gente. En colaboración con otros ayuntamientos, están intentando trasladar a parte de los refugiados a pueblos cercanos más pequeños pero no quieren, explica en los medios polacos Andrzej Kullig, vicepresidente de Cracovia. Probablemente es la única ciudad que conocen de nombre y se sienten más seguros de poder encontrar un empleo, según los medios locales.

Otras de las refugiadas en la pensión de Beata son 3 mujeres con 6 niños de entre 5 y 14 años procedentes de la zona fronteriza con Bielorrusia, trabajaban en la administración. Sus maridos se han quedado al otro lado de la frontera para luchar. “Se quedan aquí en Polonia porque quieren volver a su país cuanto antes, están en shock creen que todo esto va a pasar rápido y quieren estar cerca”, nos cuenta Beata.

El futuro queda lejos cuando las bombas siguen sin cesar. Ni Beata, ni Dasha, ni el resto de refugiados saben qué pasará en los próximos días y si podrán mantener esta situación por mucho tiempo. Unos quieren volver cuanto antes a Ucrania, otros rehacer su vida lejos de allí, y otros no dejan de pensar que podrían ser los próximos. “Ahora con las bombas cerca es fácil ponerse en el lugar de estos refugiados y siempre es más fácil dar ayuda que recibirla”, nos dice Beata.