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España | Cientos de tambores suenan al unísono en la Rompida de la Hora de Calanda

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Por euronews español  con EFE
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Vecinos de Calanda durante la Rompida de la Hora
Vecinos de Calanda durante la Rompida de la Hora   -   Derechos de autor  RTVE

Cientos de tambores sonando al unísono. Estamos en Calanda, una localidad de Aragón, en España, y esta sonora tradición se llama la Rompida de la hora.

Niños y adultos de todas las edades participaron en esta tradición, que tiene lugar cada Viernes Santo, poco antes de mediodía, para conmemorar la muerte de Jesucristo.

La Rompida de la Hora tiene lugar en varios municipios del Bajo Aragón.

Cuenta la leyenda que esta costumbre se remonta al siglo XII, cuando los cristianos de Calanda, que estaban celebrando la Semana Santa, se salvaron de una incursión árabe porque un pastor les advirtió del ataque tocando una especie de pandereta y después otro se sumó a él, y de esta forma la población tuvo tiempo de ponerse a salvo. 

España recupera los ritos del Viernes Santo tras dos años de pandemia

Las tradiciones religiosas ancestrales, el sonido estridente de los tambores y las pasiones vivientes regresaron a las calles españolas este Viernes Santo, tras dos años sin celebraciones por la pandemia del coronavirus.

Las grandes procesiones en torno a impresionantes imágenes religiosas de vírgenes y pesadas esculturas representando escenas de la Pasión de Cristo se mezclan en algunos lugares de España con penitentes y disciplinantes que con fervor mantienen vivas tradiciones enraizadas siglos atrás.

LA DISCIPLINA DE LOS "PICAOS"

Es el caso de los conocidos como los "picaos" de localidad de San Vicente de la Sonsierra, en La Rioja (centro), un rito ancestral del siglo XVI en el que seis disciplinantes cumplen con su penitencia flagelando su espalda con una madeja de algodón, de entre 750 y 850 gramos durante unos 20 minutos.

Tras ese momento, la persona que acompaña a cada disciplinante, le golpea levemente tres veces cada lado la zona lumbar de su espalda, lo que le permite que brote un poco de sangre y evitar molestias posteriores, pero nunca para mortificar más o aumentar el sufrimiento.

Los cristales que contiene la "esponja" y que se utiliza para el "picado" permiten que cada disciplinante reciba 12 pinchazos, que simbolizan a los 12 apóstoles, tras lo que recibe un lavado higiénico y sanitario -un ungüento con agua hervida y de romero- para que no haya efectos sobre la punción y los hematomas producidos.

Estos seis "picaos" que han realizado su penitencia en el vía crucis se suman a los 11 que lo hicieron ayer en la procesión del Jueves Santo y los 5 que se flagelaron anoche en el interior de la Iglesia, durante la Hora Santa

EMOCIÓN EN LA ROMPIDA DE LA HORA

Tras dos años sin poder celebrarlo, el Viernes Santo fue muy especial en el municipio de Calanda, en Teruel (este), conocido internacionalmente por se el lugar de nacimiento del director español de cine Luis Buñuel.

A las 12 del mediodía la localidad volvió a vibrar gracias al estruendo producido por sus tambores y bombos con el esperado acto de "romper la hora", el más emotivo de los últimos años.

Emoción, lágrimas y, sobre todo, muchísimas ganas se sintieron en la plaza principal de la localidad, que congregó a familias enteras y miembros de las Cofradías religiosas para comenzar a tocar al unísono con sus baquetas y mazas. Todo bajo la atenta mirada de decenas de turistas.

El atronador retoque de bombos y tambores, que regresan hoy a las calles dejando atrás las restricciones de la pandemia no cesará hasta las 14.00 horas (12.00 horas GMT) de mañana, Sábado Santo.

700 ACTORES REPRESENTANDO LA PASIÓN

En la localidad de Castro Urdiales (Cantabria, norte), 700 actores participaron en la Pasión Viviente, la representación de las últimas horas de la vida de Jesús por las calles del municipio, que recobraron esta Semana Santa la actividad anterior a la covid.

"Ya había ansia por desempolvar las túnicas y salir a escena, porque somos como una gran familia que nos echábamos de menos", relataron emocionados a Efe algunos de los implicados en este viacrucis popular reconocido como Fiesta de Interés Turístico Nacional.

Durante cuatro horas, la Pasión Viviente rememora la Última Cena de Jesús con sus discípulos, el prendimiento, los juicios del Sanedrín, el arrepentimiento de Judas, la crucifixión, la muerte, el descendimiento y la resurrección.

El comienzo de esta escenificación data de 1984 cuando un grupo de 60 amigos durante un campamento de verano deciden embarcarse en la aventura de representar la vida de Jesús con personajes reales.

Desde entonces, la Asociación Cultural Pasión Viviente se encarga de organizar cada año, salvo las últimas dos ediciones por la pandemia y la de 2004 por mal tiempo, un espectáculo sin ánimo de lucro con el diseño y cuidado de los trajes y erigiendo los distintos decorados que se reutilizan en posteriores citas