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Guerra del narcotráfico en el Pacífico colombiano | Localidades vaciadas y masas de desplazados

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Por Carmen Menéndez  con AFP
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Soldados colombianos en el pueblo de Bajo Calima, municipio de Buenaventura, Colombia
Soldados colombianos en el pueblo de Bajo Calima, municipio de Buenaventura, Colombia   -   Derechos de autor  AFP

La guerra por las rutas de la cocaína está vaciando poblados del Pacífico colombiano. Poblados, en las orillas de los ríos Calima y San Juan, cuyo control se disputan a sangre y fuego el ELN, la última guerrilla reconocida de Colombia, y el Clan del Golfo, el temido ejército del narco. A sus habitantes les quedan dos soluciones: tragarse el miedo y aguantar en sus casas o huir, como tantos están haciendo.

Narcos y rebeldes aprovechan entonces para instalarse en las viviendas, convirtiéndose en un cáncer en el corazón de estas localidades, como explica Juan Manuel Torres, de la Fundación Paz y Reconciliación.

"Un fenómeno reciente, que antes no se veía, es que estos grupos armados se asientan dentro de las comunidades, incluso camuflados y armados. Consiguen casas en medio de la población, no tienen campamentos como antes, y eso es un factor de vulnerabilidad", explica. 

Se asientan dentro de las comunidades, incluso camuflados y armados. Consiguen casas en medio de la población
Juan Manuel Torres
Fundación Paz y Reconciliación

Masas de desplazados condenados a vivir en la miseria

La otra cara de lo que está ocurriendo, la de masas de desplazados, la mayoría indígenas y afroamericanos, que llegan, como náufragos a la deriva a Buenaventura, el principal puerto del Pacífico.

"(Los grupos armados) Llegaron disparando, sacando a la gente de las casas, a los niños. Fue algo triste, duro, porque dejar uno su territorio a venir a pasar necesidades acá es bastante crítico", cuenta una mujer desplazada por la violencia. 

Llegaron disparando, sacando a la gente de las casas, a los niños
Nancy Hurtado
Desplazada por la violencia

Explican que lo han perdido todo y ahora solo les queda vivir en la miseria en un lugar que no sienten como suyo.

"Dejarlo todo allá es una tristeza, es como abandonar, es como uno se desaparece de un momento dado", dice Luis Ismare, un indígena Wounaan Nomam también desplazado por la violencia. 

Los desplazados huyen de los grupos armados para toparse con otra violencia, la de las bandas criminales en los lugares en los que sobreviven, marcada por la extorsión, los homicidios y los abusos sexuales.

Pese al acuerdo de paz con las FARC de 2016, la violencia sigue su curso en Colombia, que el domingo celebra la primera vuelta de las elecciones presidenciales, en las que por primera vez la izquierda podría llegar al poder, de la mano del exguerrillero y senador Gustavo Petro.