Brasil | 'Fue absurdo, un delirio colectivo" dicen los brasileños una semana después del ataque

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Por Anelise Borges
El presidente brasileño, Lula da Silva, observa los daños en los edificios de Gobierno de Brasilia, Brasil
El presidente brasileño, Lula da Silva, observa los daños en los edificios de Gobierno de Brasilia, Brasil   -   Derechos de autor  Eraldo Peres/Copyright 2023 The AP. All rights reserved

Se cumple una semana desde que los manifestantes se enfrentaron a la policía y tomaron al asalto los edificios de Gobierno de Brasil en la capital, Brasilia. Un día que quedará grabado en la memoria colectiva del país.

"Seguí lo que pasaba ese día y luego dejé de mirar -relata una mujer-. Fue repugnante, indignante. Me sentí mal esa noche y, para ser sincera, decidí dejar de ver las noticias".

"Me pareció absurdo, una falta de respeto. Era una falta de todo, de democracia. Nunca había visto una cosa así", añade otra brasileña.

"Mi reacción fue de asombro -explica un hombre-. Fue como un delirio colectivo, un crimen que debe ser castigado una vez sea investigado (quién lo permitió, quién lo financió...) y encontrar a los verdaderos culpables".

Hay varias investigaciones abiertas para tratar de descubrir quién estuvo detrás de lo que ocurrió ese 8 de enero. Para el profesor de Historia y Sociología Leo Puglia lo que ocurrió es evidente. 

"En realidad fue un intento de golpe de Estado. No sabemos exactamente quién estaba detrás, eso se está investigando, ni cuál era el plan. Pero fue un intento de golpe", opina.  

"Esto fortaleció a Lula como líder del movimiento de defensa de la democracia en un momento de grave amenaza histórica, pero, por otro lado, fue un hecho muy grave que muestra la capacidad de resistencia de las franjas radicales del bolsonarismo, hasta dónde pueden llegar. Podemos esperar cualquier cosa de esta gente. Hay una parte importante de la población que está desconectada de la realidad y radicalizada", añade Leo Puglia. 

Ahora el presidente brasileño, Lula da Silva, se encuentra ante la que tal vez se convierta en su tarea más difícil: hacer frente a lo que pueda gestar el enfado de los partidarios de Jair Bolsonaro.

"Creo que es algo creciente... No creo que esté disminuyendo, creo que está creciendo. Una sola persona consiguió implantar en la cabeza de millones de personas un discurso de odio tan grande y ese discurso es cada vez más violento y eso es lo que estamos viendo ahora. La democracia de la que tanto hablamos, desapareció el domingo pasado", concluye una joven.