En Washington, la portavoz Karoline Leavitt expuso la línea de política exterior de Estados Unidos: dureza con Venezuela, a cuyo Gobierno exige acatar sus directrices, y presión para avanzar en la compra de Groenlandia, sin descartar el uso de la fuerza.
La Administración de Donald Trump ha acelerado decisivamente su agenda de política exterior, situando el control de Venezuela y la adquisición de Groenlandiaen el centro de su estrategia nacional.
El miércoles, la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, confirmó que la línea oficial estadounidense está dictada por el principio de "paz a través de la fuerza", donde los intereses nacionales prevalecen sobre cualquier equilibrio diplomático preexistente.
Las declaraciones se producen el día en que EE.UU. ha interceptado dos petroleros vinculados a Rusia y Venezuela en el Atlántico y el mar Caribe, confirmando el intervencionismo de la Administración Trump para proteger sus propios intereses, incluso a costa del derecho internacional.
Venezuela: decisiones dictadas por EE.UU. o la opción militar
Según la declaración de Leavitt a los medios, el Gobierno estadounidense ejerce ahora una influencia directa sobre las autoridades interinas de Venezuela. La coordinación es tan estrecha que las decisiones del Gobierno interino venezolano son "dictadas por Estados Unidos", dijo la portavoz.
El objetivo es doble: garantizar que el país deje de ser un centro para el tráfico de drogas ilegales y los cárteles criminales, y proteger la infraestructura de las compañías petroleras estadounidenses.
Aunque la diplomacia sigue siendo la primera opción, la Casa Blanca ha admitido explícitamente que el presidente se reserva el derecho de enviar soldados estadounidenses a suelo venezolano si fuera necesario.
En este escenario, Leavitt señaló en respuesta a una pregunta de la prensa que el vicepresidente J.D. Vance está plenamente implicado, negando cualquier rumor sobre su desvinculación del dossier.
La hipótesis de compra de Groenlandia
Paralelamente a las operaciones en Venezuela, Donald Trump reactivó el plan de compra de Groenlandia a Dinamarca. La Casa Blanca y el secretario de Estado, Marco Rubio, no han descartado ninguna opción, pero señalaron la compra como principal hipótesis.
Se trata de "un tema actualmente en discusión entre el presidente y su equipo de seguridad nacional. Y me gustaría señalar que la adquisición de Groenlandia por parte de Estados Unidos no es una idea nueva. Es algo que los presidentes desde el siglo XIX han descrito como beneficioso para la seguridad nacional estadounidense", declaró Leavitt.
La isla es vista por Washington como un activo insustituible para asegurar el control estadounidense en el Ártico y limitar las maniobras de potencias extranjeras en una región cada vez más estratégica, sobre todo China y Rusia, con las que, no obstante, la Casa Blanca reitera las "buenas relaciones" de Trump con los presidentes Xi y Putin.
Además de los aspectos defensivos, Leavitt mencionó varios aspectos económicos y geológicos positivos que hacen de la adquisición una prioridad absoluta para la actual Administración.
Las intenciones estadounidenses han sido criticadas repetidamente en los últimos días por las autoridades de la isla ártica y las de Dinamarca, de la que es un territorio semiautónomo.