La Copa Africana de Naciones 2025 finalizó en Marruecos, dejando tras de sí una polémica que no se detuvo en las fronteras del continente africano, mientras el mundo espera la decisión del estadio que albergará la final de la Copa del Mundo 2030.
Aunque Marruecos esperaba que la Copa Africana de Naciones 2025 fuera un último ensayo general para demostrar su preparación para albergar el mayor acontecimiento futbolístico del mundo, lo ocurrido en el estadio Príncipe Moulay Abdallah de Rabat pintó un panorama distinto. El caos que se vivió en la gran final entre los Leones del Atlas y los Leones de Tiranga se convirtió en una poderosa baza para el rival español en la lucha por hacerse con el honor de albergar la final de la Copa del Mundo de 2030.
La organización antes que el vandalismo
El periodista deportivo tunecino Hani Brahmi, que siguió de cerca la Copa Africana de Naciones 2025 en Marruecos, afirmó que la organización del torneo fue "buena y coherente" a nivel logístico, especialmente en lo que respecta a los estadios y las infraestructuras deportivas.
Según declaró a 'Euronews', las instalaciones que acogieron los partidos estaban a un nivel decente, en términos de preparación, superficies de juego e instalaciones para jugadores, medios de comunicación y aficionados. Su calidad era adecuada para una competición continental de la talla de la Copa Africana de Naciones, aunque en algunos casos no llegaban al nivel de los estadios ultramodernos de otros países, observó Brahmi.
Uno de los principales puntos fuertes de la organización fue la gestión del transporte y la movilidad, tanto dentro de las ciudades anfitrionas como entre ellas, afirmó, subrayando que la red de transporte se puso al servicio de los aficionados, lo que facilitó el proceso de llegar a los estadios a tiempo y minimizó cualquier confusión o retraso. Este aspecto contribuyó a crear un ambiente confortable para los aficionados y ayudó a evitar atascos o grandes problemas logísticos que pudieran afectar negativamente a la imagen del torneo, añadió el periodista deportivo.
En cuanto a los problemas de emergencia, Brahmi explicó que el torneo no estuvo exento de algunas dificultades circunstanciales, principalmente las fluctuaciones meteorológicas, ya que las fuertes lluvias caídas en algunas ciudades provocaron la acumulación de agua en las carreteras, lo que obligó a varios aficionados a cambiar sus rutas o a sufrir retrasos.
Sin embargo, subrayó que estas circunstancias no afectaron al desarrollo de los partidos ni a la organización general, señalando que se afrontaron con rapidez y flexibilidad, limitando sus efectos.
Las autoridades consiguieron gestionar la afluencia de público de forma ordenada, tanto en las entradas como en el interior de los estadios, y los aficionados entraron en las instalaciones sin problemas y sin que se produjeran aglomeraciones ni caos notables. Esta disciplina contribuyó a proporcionar un entorno seguro a los aficionados, afirmó, y demostró pericia organizativa en la gestión de grandes acontecimientos deportivos.
El caos ahoga la imagen perfecta
Pero la imagen perfecta no sobrevivió a la final entre Marruecos y Senegal. El gol a cero de Senegal en la prórroga no fue el titular, ya que el partido se convirtió en un escenario de tensión y de ruptura de la disciplina dentro y fuera del terreno de juego.
La verdadera chispa comenzó con las controvertidas decisiones del VAR, entre ellas la anulación de un gol a Senegal y un penalti a Marruecos, que provocaron un abandono del terreno de juego de 16 minutos por parte de los jugadores senegaleses en señal de protesta. A medida que aumentaba la tensión, el caos se extendió a las gradas, con enfrentamientos entre aficionados y personal de seguridad, así como intentos de irrumpir en el estadio.
El diario 'The Guardian' describió la final como "la más ridícula de la historia", señalando que el equipo senegalés protestó por la falta de seguridad a su llegada a la estación de Agdal en Rabat, que el número de entradas que se les asignó fue de unas 2.800 en un estadio con capacidad para 69.500 espectadores, y que algunos jugadores se negaron a alojarse en el hotel que se les había asignado al considerar que no estaba a la altura.
La repercusión del acontecimiento se vio agravada por las informaciones aparecidas en la prensa, entre las que destaca el diario español 'AS', que aludió a comportamientos "incívicos", como intentos de acoso al guardameta senegalés Edouard Mendy, acusaciones de intoxicación alimentaria de varios jugadores en el hotel y la ausencia de una alta representación oficial en la ceremonia de entrega del trofeo, que los observadores consideraron un "fallo de protocolo en un momento delicado".
Según un informe de 'Mundo Deportivo', estos hechos han inclinado la balanza a favor del estadio Santiago Bernabéu de Madrid en la carrera por albergar la final del Mundial de 2030.
A pesar de los elogios de la FIFA a las instalaciones marroquíes, el organismo rector del fútbol mundial concede gran importancia a la estabilidad organizativa y a la seguridad de los espectadores, puntos en los que España partía con clara ventaja, habida cuenta de lo que el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, calificó de "escenas feas" vistas en los estadios marroquíes.
Por su parte, la Real Federación Marroquí de Fútbol anunció su intención de recurrir a las vías legales de la CAF y de la FIFA para responder al cumplimiento por parte de Senegal de su promesa de retirarse, subrayando que lo sucedido era una provocación y afectaba al normal desarrollo del partido. Sin embargo, algunos observadores creen que estas medidas legales no podrán borrar la imagen negativa del caos en las gradas y los enfrentamientos que fueron captados por las cámaras y difundidos mundialmente.
Cabe señalar que el éxito de Marruecos en la organización de un torneo africano con 24 equipos y aficionados de todo el continente africano es muy diferente de la gestión de un acontecimiento mundial en el que participan 48 equipos y aficionados de todo el mundo, en medio de una presión mediática, de seguridad y logística mucho mayor.