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Los kurdos en la guerra de Irán: ¿una presión sobre Teherán o un riesgo de inestabilidad para Turquía?

Manifestantes de la comunidad kurda izan banderas del partido durante una protesta en Beirut, Líbano, martes 20 de enero de 2026.
Manifestantes de la comunidad kurda izan banderas del partido durante una protesta en Beirut, Líbano, martes 20 de enero de 2026. Derechos de autor  AP Photo
Derechos de autor AP Photo
Por Hassan Haidar & يورونيوز
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Ankara teme que la apertura de un frente kurdo en Irán provoque la reactivación de redes armadas kurdas transfronterizas, lo que podría afectar a su situación interna y a los equilibrios de la cuestión kurda en Oriente Próximo.

El portavoz del cuartel general de Jatam al Anbiya ha advertido a los funcionarios de la región del Kurdistán de que cualquier cooperación para desplegar lo que describió como fuerzas "hostiles" recibirá una respuesta firme.

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, expresó el jueves por la noche su apoyo a un movimiento de combatientes kurdos iraníes con base en Irak para atacar Irán, a medida que se amplía el conflicto en Oriente Medio.

Esta postura ha reavivado una de las ideas más controvertidas en los debates estratégicos de Washington y Tel Aviv: La posibilidad de utilizar grupos armados dentro de Irán, especialmente las facciones kurdas, como palanca operativa sobre Teherán.

Este argumento plantea una serie de cuestiones complejas. La sociedad iraní se basa en un amplio mosaico nacional, y apostar por movilizar un factor étnico en un conflicto regional puede abrir la puerta a repercusiones difíciles de controlar, tanto dentro del propio Irán como a nivel de los equilibrios regionales.

También plantea la cuestión de hasta qué punto estos grupos pueden desempeñar un papel influyente sobre el terreno, y si realmente pueden convertirse en una "fuerza sobre el terreno" frente a la autoridad iraní.

A la luz de estas cuestiones, vuelve el debate sobre la viabilidad de utilizar la carta kurda en el conflicto con Teherán: ¿Puede constituir una verdadera herramienta de presión sobre el régimen iraní, o esta opción acarrearía complicaciones y conflictos más amplios más allá de los límites de la confrontación actual?

Apuesta por explotar el factor étnico

En los últimos años ha surgido la idea de explotar las tensiones entre los componentes étnicos dentro de Irán como medio para debilitar el sistema político del país. En este contexto, la carta kurda surge como una de las opciones barajadas por algunos planificadores militares de Estados Unidos e Israel, basados en la creencia de que la movilización de un frente interno puede multiplicar la presión militar y política sobre Teherán.

Esta hipótesis se basa en la creencia de que los ataques externos por sí solos pueden no ser suficientes para provocar un cambio fundamental en el equilibrio de poder dentro de Irán, lo que lleva a pensar en fuerzas locales capaces de actuar dentro del país o en sus fronteras.

Sin embargo, a pesar de su atractivo en los cálculos estratégicos, este escenario conlleva grandes riesgos, ya que jugar con las tensiones étnicas puede conducir a resultados incontrolables y abrir la puerta a complejos conflictos internos.

Un complejo mosaico nacional dentro del Estado iraní

Irán tiene una población de unos 90 millones de habitantes, la mayoría de los cuales son persas. A diferencia de países vecinos como Afganistán o Irak, Irán no ha experimentado históricamente el mismo nivel de divisiones étnicas o sectarias agudas que amenazan la unidad del Estado.

No obstante, la sociedad iraní está formada por un amplio abanico de nacionalidades y minorías. Además de persas, viven en el país kurdos, azeríes, árabes, turcomanos y baluchis, cada uno con una presencia histórica y geográfica en el país.

Los azeríes son el grupo minoritario más numeroso de Irán, centrado en el noroeste, cerca de la frontera con Azerbaiyán. Este componente ha estado muy integrado en las instituciones del Estado iraní, y el propio líder Ali Jamenei, ya fallecido, era de origen azerí.

También hay minorías árabes en el suroeste del país, turcomanos en el norte y baluchis en el sureste, cerca de la frontera con Pakistán, donde hay insurgencias armadas activas en algunas zonas. A pesar de esta diversidad, estos componentes han seguido formando parte, en su mayor parte, del tejido político y social del Estado iraní, lo que hace extremadamente complejo convertir el factor étnico en una herramienta de conflicto.

Escalada del enfrentamiento con las facciones armadas kurdas

En medio de la actual escalada, Teherán ha lanzado ataques contra grupos armados kurdos iraníes asentados en zonas montañosas del norte de Irak, cerca de la frontera con Irán. Estas zonas han sido durante mucho tiempo refugio de facciones opuestas al régimen iraní, que utilizan el accidentado terreno como base de operaciones.

Según un funcionario kurdo, un combatiente murió el miércoles en el interior de uno de estos campamentos como consecuencia de los ataques.

Estos acontecimientos reflejan las continuas tensiones entre las autoridades iraníes y algunos grupos armados kurdos, a los que Teherán acusa de trabajar contra la seguridad del Estado.

Debate sobre el armamento de las facciones kurdas

La escalada coincidió con informes difundidos por medios de comunicación estadounidenses según los cuales Estados Unidos podría estar armando a facciones kurdas con el objetivo de desencadenar un levantamiento contra las autoridades de Teherán.

La portavoz de la Casa Blanca, Caroline Leavitt, desmintió esta información y calificó de "completamente falsas" las informaciones que apuntaban a un plan de este tipo. Sin embargo, confirmó que el presidente estadounidense ha hablado con dirigentes kurdos sobre la base militar que Estados Unidos utiliza en el norte de Irak.

Esta contradicción entre las informaciones de los medios de comunicación y los desmentidos oficiales refleja la amplitud del debate sobre la naturaleza del papel que pueden desempeñar estos grupos en la próxima fase.

La necesidad de una fuerza terrestre dentro de Irán

Las personas familiarizadas con las discusiones en Washington creen que los combatientes kurdos, a los que Teherán califica de "terroristas", son vistos en algunos círculos estadounidenses como la fuerza más organizada dentro del movimiento de oposición iraní en sentido amplio.

Señalan que la naturaleza de las operaciones militares contra Irán significa que Estados Unidos e Israel necesitan una presencia armada sobre el terreno, sobre todo porque no tienen intención de enviar fuerzas especiales a Irán.

Reza Pahlavi, el hijo del difunto Sha de Irán que vive en Estados Unidos, goza de reconocimiento político en algunos círculos occidentales debido al simbolismo de su nombre, pero no cuenta con apoyo armado dentro de Irán.

Un escenario que evoca la experiencia de Afganistán

En este contexto, los observadores creen que las facciones kurdas pueden desempeñar un papel algo similar al que desempeñó la Alianza del Norte en Afganistán en 2001 contra los talibanes.

En aquella ocasión, estas fuerzas locales formaron una base terrestre que ayudó a Estados Unidos a llevar a cabo sus operaciones militares y le proporcionó un punto de apoyo dentro del país.

Algunos analistas creen que replicar un modelo similar en Irán podría permitir el establecimiento de esferas de influencia desde las que se podrían lanzar operaciones militares o de inteligencia contra la autoridad de Teherán.

Riesgos de desencadenar divisiones internas

Sin embargo, este escenario suscita serias preocupaciones a varios observadores, que advierten de que basarse en las divisiones étnicas puede dar lugar a resultados imprevistos.

Irán no es un simple escenario de conflictos, y cualquier intento de avivar las tensiones nacionalistas podría desencadenar una serie de conflictos internos entre los distintos componentes del país, lo que podría crear un estado de caos político y de seguridad difícil de contener.

Conflicto potencial sobre la forma del futuro Estado

Días antes del inicio de la operación militar estadounidense-israelí, cinco grupos kurdos iraníes radicados en Irak anunciaron la formación de una alianza política destinada a derrocar a la República Islámica y hacer realidad el derecho de los kurdos a la autodeterminación.

El anuncio provocó la reacción de Reza Pahlavi, que consideró tales propuestas una amenaza para la unidad de Irán, subrayando que "la unidad del territorio iraní es una línea roja".

Entre la afiliación nacional y las reivindicaciones de autonomía

El representante del Partido Democrático del Kurdistán de Irán (PDKI) en Estados Unidos subraya que el movimiento kurdo no pretende dividir Irán, sino remodelar la forma del Estado.

Arash Saleh declaró "Nos consideramos una fuerza iraní que quiere preservar la integridad territorial del país, pero creemos que la mejor forma de mantener su poder es encontrar mecanismos que permitan a todos los iraníes sentirse parte de este país", afirmó.

Esto refleja la tendencia de algunas fuerzas kurdas a exigir un sistema federal que otorgue a las regiones competencias más amplias, en lugar de buscar la secesión total.

Turquía y el temor a las repercusiones de la cuestión kurda

Las repercusiones de estos acontecimientos no se limitan al interior de Irán, sino que se extienden a los equilibrios regionales, especialmente para Turquía, que ve con gran cautela cualquier nuevo movimiento armado kurdo en la región.

Ankara teme que la apertura de un frente kurdo en Irán provoque la reactivación de redes armadas kurdas transfronterizas, lo que podría afectar a su situación interna y al equilibrio de la cuestión kurda en Oriente Próximo.

A la luz de este complejo panorama, parece que utilizar la carta kurda en el conflicto con Irán puede constituir una herramienta de presión sobre Teherán, pero al mismo tiempo puede abrir la puerta a repercusiones regionales más amplias que vayan más allá de la confrontación actual y se extiendan a cuestiones nacionales y políticas muy delicadas en la región.

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