La esquiadora madrileña Audrey Pascual ganó la medalla de plata en el descenso en la categoría de sentada en los Juegos Paralímpicos de Milán-Cortina 2026. Con 21 años, y en su primer gran cita, acabó con una sequía de ocho años sin medalla invernal para España.
El crono no perdonó. Audrey Pascual terminó el descenso con un tiempo de 1:25.84 y la medalla de plata le supo a poco, no porque no sea un logro, sino porque el oro quedó a solo cinco centésimas.
La alemana Anna-Lena Forster, referencia absoluta del circuito alpino adaptado en los últimos años, se llevó el primer puesto con 1:25.79. El bronce fue para la china Sitong Liu, con 1:31.27.
La madrileña llegaba a la prueba con el cartel de candidata al podio y lo cumplió, aunque ella misma reconoció que el objetivo era otro. "Me da mucha rabia. En la Grande Curva he entrado con dudas, he ido baja de línea y el tiempo se ha perdido ahí", explicó al terminar.
Pese a todo, fue capaz de matizar esa frustración: "Son mis primeros Juegos y es el primer año en esta disciplina. Estoy súper contenta". La pista, más blanda de lo habitual, tampoco le ayudó.
El fin de ocho años sin medallas paralímpicas en la nieve
La plata de Pascual tiene un valor añadido que va más allá del resultado individual. Con ella, el Comité Paralímpico Español rompió una sequía que se arrastraba desde PyeongChang 2018, cuando la delegación logró su última presea en unos Juegos de Invierno. En Pekín 2022 no hubo nada. Esta medalla es, además, la número 44 de la historia española en competición invernal, coincidiendo con el 50 aniversario del evento.
Pascual acudió a Milán-Cortina como abanderada española y lo hizo con el respaldo de una trayectoria que, pese a su edad, ya acumula resultados de primer nivel. En los Mundiales de Maribor 2025 fue subcampeona en eslalon, y en la Copa del Mundo ha subido al podio más de una decena de veces esta temporada.
No es un nombre nuevo en el circuito: compite internacionalmente desde los 15 años, cuando ganó la Copa de Europa en su primera participación.
Una historia que empieza antes de la nieve
Pascual nació sin tibias por una agenesia bilateral. A los seis meses ya estaba en el agua, por recomendación médica, para trabajar la espalda y preparar el cuerpo para cuando empezara a andar con prótesis.
Llegó a la nieve con 11 años, en La Pinilla, de la mano de la Fundación También, que le proporcionó material y monitor. Esa misma fundación estuvo en meta el día de su debut olímpico. "Según llegué a meta la vi y me hizo mucha ilusión", dijo.
En Milán-Cortina todavía le quedan cuatro disciplinas más de esquí. Y el oro que se le escapó en el descenso no ha desaparecido del horizonte: "El supergigante lo tengo claro. Sé que puedo ir a por el oro y esto me da más rabia para darlo todo".