Gracias a su miembro, los cefalópodos macho pueden fecundar a una pareja incluso cuando no ven a su compañera sexual.
Cuando los pulpos se aparean, el macho mantiene a la hembra, literalmente, a la distancia de un brazo. Para el apareamiento, el macho dispone de un brazo especial llamado hectocótilo, que utiliza para depositar un saco de esperma en el aparato reproductor de la hembra.
Sin embargo, hasta ahora los científicos no tenían claro cómo logra ese brazo encontrar el lugar preciso cuando el macho no puede ver lo que hace. Ahora, un nuevo estudio ha revelado cómo se guía el hectocótilo.
Los pulpos macho 'saborean' las hormonas de las hembras
Durante el apareamiento, el pulpo macho introduce el hectocótilo en el manto de la hembra, una estructura en forma de saco situada detrás de los ojos que alberga todos sus órganos principales, incluidos los reproductores, y tantea hasta encontrar el oviducto. Cómo lo consigue se detalla en un artículo publicado esta semana en la revista 'Science'.
Los investigadores han comprobado que el brazo de apareamiento es un órgano sensorial que, igual que el resto de brazos del pulpo, está repleto de ventosas que contienen receptores quimio táctiles. En los otros siete brazos, estos receptores ayudan a los animales a 'saborear' su entorno, actuando como una lengua para localizar alimento o identificar microbios nocivos.
Pero en el hectocótilo, que cuando no se está apareando suele mantenerse pegado al cuerpo, su función no estaba clara. Durante la investigación, los científicos descubrieron que el oviducto de la pulpo hembra produce enzimas que generan la hormona sexual progesterona. Comprobaron que esos receptores permiten al brazo de apareamiento del macho detectar la progesterona, lo que le permite fecundar a la pareja aunque no pueda verla.
Los investigadores también observaron que los brazos especializados amputados de pulpos macho se movían en respuesta a la progesterona, pero no cuando entraban en contacto con otras hormonas similares.
Tras analizar células del hectocótilo de tres ejemplares, el equipo detectó hasta tres veces más receptores quimio táctiles y tres veces más neuronas en el brazo de apareamiento que en un brazo normal.
Los pulpos pueden aparearse sin verse
Es habitual que los animales utilicen la detección de hormonas durante el proceso de apareamiento, pero el órgano sensorial que las percibe suele ser distinto del que libera el esperma. En los pulpos macho, sin embargo, el hectocótilo se ocupa de ambas funciones, algo que los investigadores relacionan con la naturaleza solitaria de estos animales.
"Tiene sentido que el brazo sea a la vez el sensor y el órgano de apareamiento porque, en estos encuentros fortuitos, el brazo tiene que ser capaz de localizar a la hembra, localizar el oviducto e iniciar muy rápido el apareamiento o retirarse", explica al diario británico 'The Guardian' el profesor Nicholas Bellono, autor principal del estudio en la Universidad de Harvard.
Esa preferencia de los pulpos por la independencia también supuso un reto para los experimentos en el laboratorio. En un tanque se colocó una pareja, macho y hembra, separados por un tabique, ya que tienden a volverse agresivos y pueden llegar a matarse. El separador tenía orificios que permitían a los pulpos introducir los brazos y empezar a "acercarse" el uno al otro.
Los científicos tenían previsto retirar el separador una vez que los pulpos se hubieran familiarizado, pero se sorprendieron al ver cómo el macho introducía su brazo de apareamiento por uno de los orificios y lo insertaba en el manto de la hembra.
Después colocaron otras parejas en el mismo dispositivo y comprobaron que el resultado se repetía. Y, lo más relevante, el comportamiento fue idéntico en total oscuridad, lo que respalda la hipótesis de que los pulpos pueden aparearse sin llegar siquiera a verse.