Marruecos ha convertido el deporte en una herramienta de desarrollo económico y de proyección internacional gracias a una estrategia sostenida de inversión en infraestructuras, formación y grandes eventos, según el politólogo Said Atik.
En los últimos años, el fútbol marroquí ha pasado de limitarse a la competencia regional a situarse entre las potencias influyentes en la escena internacional, tras una serie de logros sin precedentes que han cambiado la percepción del fútbol árabe y africano y han demostrado su capacidad para medirse con la élite de las selecciones.
Tras alcanzar las semifinales del Mundial de 2022 como primera selección árabe y africana en lograrlo, los Leones del Atlas mantuvieron una presencia sólida a nivel continental e internacional, hasta coronar ese recorrido con la obtención, junto a España y Portugal, del derecho a organizar el Mundial de 2030.
¿Cómo ha logrado Marruecos imponerse, firmando resultados históricos que han consolidado su posición como una de las grandes historias de éxito del fútbol moderno?
Estos resultados, según Said Atik, profesor de ciencias políticas en la Universidad Cadi Ayyad de Marrakech, son fruto de una visión de desarrollo a largo plazo que ha convertido el deporte en uno de los ejes del desarrollo económico, social y diplomático.
Atik explica, en una entrevista con 'Euronews', que la apuesta inversora de Marruecos en el ámbito deportivo responde a un proceso acumulativo que se ha prolongado durante años, cuyos pilares ha ido asentando el poder público, y que parte de una visión que concibe el deporte como palanca de desarrollo humano y herramienta para reforzar las infraestructuras y poner en valor los territorios.
El deporte como motor de desarrollo y proyección internacional
El académico añade que esta orientación se ha convertido en las últimas décadas en una opción estructural dentro de las políticas públicas, y que se ha trabajado en desarrollar el sector deportivo como palanca de desarrollo integral y como herramienta de apoyo a la cohesión social y al crecimiento económico, además de su papel en reforzar las relaciones exteriores y abrirse a alianzas internacionales.
En este contexto, Rabat ha invertido en la construcción de instalaciones y complejos deportivos modernos y en su equipamiento con tecnología avanzada, al tiempo que ha ampliado la red de campos de proximidad en distintas ciudades, con el objetivo de acercar los espacios deportivos a la juventud y facilitar su acceso.
Esta política también ha promovido la práctica del deporte tanto individual como colectivo, la detección y formación de talentos y la creación de oportunidades para competir en torneos continentales e internacionales.
Atik considera que este enfoque integrado, cuyo marco ha sido fijado por la visión del rey Mohamed VI, ha reforzado el papel de Marruecos como actor deportivo capaz de acoger y organizar grandes eventos continentales e internacionales, entre ellos la Copa de África de Naciones, y ha consolidado su perfil como destino deportivo destacado tanto a nivel regional como en el conjunto del continente.
Una estrategia que trasciende los estadios
El desarrollo del deporte implica un proceso que va más allá de la construcción de estadios e instalaciones, y abarca la modernización de las redes de transporte y carreteras, el aumento de la capacidad hotelera y de alojamiento en general y el refuerzo de las infraestructuras turísticas, comerciales y de ocio, lo que contribuye a generar una dinámica económica y social en el país.
Atik subraya que la inversión en el deporte se ha convertido en parte de una visión de desarrollo integrada, basada en la interdependencia de los distintos sectores económicos y de servicios, que refuerza la atractividad de las regiones y aumenta su capacidad para atraer proyectos e inversiones.
Esta apuesta se ha consolidado con la puesta en marcha del proyecto conocido como 'regionalización avanzada', basado en los principios de la 'inteligencia territorial' y la cooperación entre provincias. Todo ello ha favorecido un reparto más equilibrado de las inversiones y de las infraestructuras deportivas, ha permitido la aparición de polos deportivos regionales capaces de acoger grandes competiciones, de valorizar los recursos locales y de reducir las desigualdades entre zonas en cuanto a servicios deportivos.
La apuesta del deporte
Sobre las razones que sustentan este enfoque, Atik explica que la evolución del sector deportivo ha tenido un impacto directo en la posición internacional de Marruecos, en un contexto en el que el deporte se ha convertido en una herramienta de influencia y atracción en muy diversos ámbitos.
Añade que Rabat ha abordado el deporte como escaparate de proyección regional e internacional y como uno de los pilares de su estrategia exterior, dada su capacidad para estimular la actividad económica, dinamizar los sectores turístico y de la industria deportiva y generar empleo, además de contribuir a fortalecer las herramientas de la diplomacia y la presencia en los foros internacionales.
Considera que la ubicación geográfica de Marruecos, como puente entre África y Europa, sumada a un entorno relativamente estable y a un capital humano joven, ha creado condiciones favorables para el desarrollo del sector deportivo en comparación con otros países de la región, lo que ha alentado la inyección de importantes inversiones y su vinculación con los objetivos de desarrollo y de cooperación internacional.
En este marco, Atik recuerda que la creación en 2010 de la Academia Mohamed VI de Fútbol supuso un hito en la formación de jugadores, muchos de los cuales han destacado en clubes europeos, junto con la construcción de modernas ciudades deportivas y la adaptación de los estadios a los estándares internacionales, lo que ha elevado el nivel de la infraestructura deportiva marroquí.
El deporte como herramienta de diplomacia blanda
Atik sostiene que el deporte se ha convertido hoy en una de las principales herramientas de la diplomacia, por su capacidad para superar barreras lingüísticas y culturales, alcanzar una amplia difusión mediática y de masas y ofrecer espacios de acercamiento e interacción entre los pueblos.
Añade que muchos países recurren al deporte como uno de los instrumentos de su poder blando para reforzar su imagen exterior, generar confianza, mostrar sus activos económicos, culturales y sociales y ampliar su presencia en los escenarios regionales e internacionales.
En el caso marroquí, el profesor universitario considera que el desarrollo del sector deportivo se ha convertido en un instrumento para reforzar el diálogo con las distintas componentes de la comunidad internacional, ampliar las redes de cooperación y de relaciones exteriores y consolidar el poder blando de Marruecos mediante vías paralelas a la diplomacia tradicional.
Señala que esta estrategia se ha plasmado también en un mayor peso dentro de los organismos y federaciones deportivas regionales e internacionales y en la búsqueda constante de albergar grandes campeonatos, un camino que culminó con la elección de Marruecos, junto a España y Portugal, como sede de la próxima edición del Mundial de fútbol de 2030.