La luz y el gas lideran las subidas de junio junto al turismo, aunque el descenso de los carburantes contiene el avance del IPC.
La factura de los hogares volvió a subir en junio por el encarecimiento de la electricidad, el gas y los servicios relacionados con las vacaciones de verano. A pesar de ello, la caída del precio de la gasolina y el diésel evitó que la inflación se disparara y permitió que el IPC se mantuviera en el 3,2% en tasa anual.
En comparación con mayo, la cesta de la compra aumentó un 0,6%. El mayor impacto llegó desde la energía. La electricidad registró un incremento del 16,1% en un solo mes tras desaparecer las bonificaciones fiscales, mientras que el gas natural subió un 11,7%.
A ello se sumó el inicio de la temporada estival, que elevó el coste de los viajes organizados, los hoteles y otros servicios turísticos, cada vez más demandados en estas fechas.
Las frutas lideran las subidas en la cesta de la compra
En los supermercados, las frutas fueron las que más presionaron el bolsillo. Las fresas y los frutos rojos se encarecieron un 29,1%, aunque esa subida quedó parcialmente compensada por el descenso del precio de hortalizas como el tomate, el pepino o el calabacín, que costaron un 11,1% menos que el mes anterior.
En términos generales, el precio de los alimentos continúa creciendo, pero se mantiene por debajo del 2% respecto al año pasado.
Los carburantes contienen la inflación
La evolución de los combustibles fue el principal freno para la inflación. Durante junio, la gasolina bajó un 4,6% y el gasóleo un 6,7%, reduciendo el coste de repostar y amortiguando el efecto de la subida energética. Sin embargo, el fin de las ayudas fiscales a partir del 30 de junio podría traducirse en nuevos incrementos durante los próximos meses.
Las rebajas alivian el gasto en ropa y calzado
Las rebajas de verano también tuvieron reflejo en el IPC. La ropa redujo su precio un 1% y el calzado un 0,3%, convirtiéndose en el único gran apartado de consumo que resulta más barato que hace un año.
Frente a ello, los gastos asociados a la vivienda, la energía y el turismo continúan siendo los que más presión ejercen sobre la economía de las familias.