El 28 de julio de 1976 se produjo en la ciudad china de Tangshan el terremoto más mortal del siglo XX. La catástrofe causó unas 700.000 víctimas, aunque el Gobierno chino solo reconoció la muerte de 242.000 personas.
Hace 50 años la tierra tembló en la ciudad china de Tangshan. La zona se encuentra en el punto de encuentro de las placas tectónicas india y euroasiática, por lo que la población estaba acostumbrada a pequeños movimientos sísmicos, pero nada podía prepararla para lo que ocurrió en julio de 1976. El desastre, según las estimaciones, causó 700.000 víctimas mortales y convirtió al terremoto en el más devastador del siglo XX.
Los habitantes de Tangshan, una ciudad de alrededor de un millón y medio de personas situada a 150 kilómetros al este de Pekín, dormían plácidamente cuando a las 03:42 se produjo un terremoto de 23 segundos de duración, cuya magnitud se calculó inicialmente en 8,1 y que después se revisó a 7,5.
Como en la región no se habían registrado antes actividades tectónicas de tal envergadura, las viviendas no se construyeron para resistir un seísmo y, además, la ciudad se asienta sobre suelos aluviales. El terremoto, que se llegó a sentir a 700 kilómetros de distancia, redujo la ciudad a escombros en cuestión de segundos: el 85% de los edificios se derrumbó. La gente dormida no tuvo posibilidad de huir y centenares de miles murieron en sus camas.
Muchos fallecieron mientras buscaban entre las ruinas cuando, a última hora de la tarde, a las 18:45, una réplica de magnitud 7,1 sacudió de nuevo la zona. Miles de personas más perdieron la vida en los incendios provocados por las tuberías de gas dañadas y por los materiales inflamables almacenados en las fábricas.
Los supervivientes tampoco lo tuvieron fácil
Tras la catástrofa aparecieron epidemias como el tifus y la disentería, y como los hospitales de la ciudad quedaron arrasados, tratar a los enfermos resultó casi imposible. Las líneas ferroviarias y los equipos de comunicación sufrieron graves daños, el suministro eléctrico se interrumpió y la organización de las labores de rescate se vio seriamente dificultada. Las organizaciones de ayuda occidentales ofrecieron su apoyo, pero la dirección comunista lo rechazó.
En los primeros días, para los supervivientes se lanzaron alimentos y medicinas desde aviones y helicópteros. Se desplegaron 100.000 soldados y 30.000 miembros de personal sanitario, y acudieron numerosos voluntarios sin formación, pero por los daños en las carreteras y las vías férreas muchos se vieron obligados a recorrer largas distancias a pie.
Las primeras crónicas chinas de la época hablaban de 650.000 muertos, una cifra que en los informes oficiales publicados más tarde se redujo a 246.000, probablemente porque solo se tuvo en cuenta a los residentes de Tangshan, cuyos nombres figuran en el monumento erigido en la ciudad.
El Instituto Sismológico de China había advertido ya meses y semanas antes de la posibilidad de un terremoto en la región. Además, se observaron numerosas señales inquietantes que suelen preceder a un gran seísmo: las ratas trepaban en grupo por los postes de la luz, los animales domésticos dejaban de comer y corrían de un lado a otro desesperados, el nivel del agua de los pozos subía y bajaba de forma acusada, y la noche anterior se vieron extraños fenómenos luminosos y se escucharon estruendos.
En la fase final de la Revolución Cultural, en plena lucha por la sucesión del enfermo presidente Mao, los científicos temían ser acusados de sembrar el pánico, y en Pekín ni siquiera se adoptaron las medidas más básicas. Es más, tras el desastre, Jiang Qing, esposa de Mao y líder de la Banda de los Cuatro, que se oponía al regreso de Deng Xiaoping, llegó a declarar: "Han muerto algunos cientos de miles de personas, pero el caso de Deng afecta a 800 millones".
La ciudad quedó completamente reconstruida a comienzos de la década de 1990, primero se rehabilitaron las fábricas, las minas y las infraestructuras y, posteriormente, se procedió a levantar viviendas antisísmicas.
El Parque Conmemorativo del Terremoto de Tangshan abrió en julio de 2008. Este alberga un bosque conmemorativo de 140 metros cuadrados, un museo y un muro de granito de 500 metros de longitud en el que están grabados los nombres de todas las víctimas conocidas.
La sismología nació en China
La placa india se desplaza unos 50 milímetros al año hacia el norte y la tensión acumulada se libera en forma de movimientos sísmicos. Según los filósofos chinos de la Antigüedad, las tragedias que se repiten una y otra vez se deben a la restricción de la sustancia básica que compone el universo, la energía vital qi.
El primer aparato de observación de terremotos del que se conserva una descripción lo construyó en el año 132 el científico chino Zhang Heng. Aquel sismoscopio supuestamente podía registrar temblores lejanos e imperceptibles, pero se desconoce su principio de funcionamiento.
El terremoto más devastador del que se tiene constancia en la historia de la humanidad ocurrió en China, en la provincia de Shaanxi, el 23 de enero de 1566, y la catástrofa se cobró la vida de 830.000 personas.