Un responsable del Golfo afirmó que el desencanto con Washington está en su punto más alto desde los primeros ataques a Irán en febrero, y que Trump inició la guerra, mientras los países de la región cargan con buena parte de sus consecuencias.
Después de más de cinco meses desde el estallido de la guerra entre Estados Unidos e Irán, el final de la confrontación no parece cercano, mientras sus consecuencias van más allá de la volatilidad de los precios del petróleo y del riesgo de interrupción de los suministros de energía, y alcanzan al futuro de la relación de seguridad entre Washington y sus aliados en el Golfo.
Con la guerra en curso y las declaraciones contradictorias de Estados Unidos sobre su desarrollo, junto a las reiteradas afirmaciones del presidente Donald Trump de que es posible llegar a un acuerdo con Teherán, empiezan a aflorar signos de frustración en varios países del Golfo. ¿Sigue siendo capaz Estados Unidos de garantizar la seguridad en la que han confiado durante décadas las monarquías del Golfo?
La confianza se resiente, pero la dependencia persiste
Según un reportaje publicado por el diario 'Washington Post', Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait y Baréin han empezado a replantearse la utilidad de acoger algunas de las mayores bases militares estadounidenses de la región.
Todo ello coincide con las críticas a la forma en que Trump está gestionando la guerra, especialmente ante la "ausencia de una vía diplomática clara" que pueda conducir a una solución con Irán, además del elevado coste en seguridad y económico que están asumiendo los países del Golfo por la prolongación de los combates.
El periódico recoge, a partir de testimonios de responsables, un amplio malestar en la región, donde un alto cargo del Golfo asegura que la ira hacia Washington ha alcanzado su nivel más alto desde los primeros bombardeos sobre Irán en febrero, y añade que Trump inició la guerra mientras que los países de la zona cargan con buena parte de sus consecuencias.
Durante muchos años, la presencia militar estadounidense en el Golfo se consideraba una necesidad de seguridad, pero la continuidad de la guerra ha llevado a algunas capitales a revisar esa percepción.
Anna Jacobs, investigadora en el Instituto de los Estados del Golfo Árabe, explica al diario que el conflicto ha provocado un claro retroceso en la confianza de los aliados del Golfo en Estados Unidos, que han pasado a sentir que sus movimientos militares en la región no les proporcionan seguridad.
Aun así, esos países no cuentan en estos momentos con una alternativa real a Washington, ya que siguen dependiendo de ella en ámbitos clave como el armamento, las municiones y la inteligencia.
Arabia Saudí paga un alto precio por la guerra
Arabia Saudí firmó la semana pasada un acuerdo de Defensa mutua con Turquía y Pakistán. Un alto responsable europeo considera que el pacto indica que las tres potencias buscan ampliar su red de alianzas de seguridad y dejar de depender exclusivamente de Washington.
Arabia Saudí figura entre los países del Golfo más expuestos a las repercusiones de la guerra, tras verse frente a amenazas desde varios frentes.
Además de los ataques directos iraníes, Riad se enfrenta a ofensivas de los hutíes respaldados por Irán en Yemen, que han tenido como objetivo instalaciones energéticas y han tratado de interferir en el tráfico marítimo cerca del estrecho de Bab el Mandeb.
La prolongación del cierre del estrecho de Ormuz ha obligado también a Arabia Saudí a desviar parte de sus exportaciones de crudo a través de puertos del mar Rojo. Antes de la guerra, el reino enviaba más de 5 millones de barriles de petróleo al día por Ormuz, que canalizaba el paso de casi una quinta parte de los suministros mundiales de petróleo, según datos de la Agencia Internacional de la Energía.
Desde el inicio del conflicto, el tránsito de petroleros por el estrecho se ha reducido en torno a un 90%, mientras que los precios del oro negro han superado la barrera de los 100 dólares por barril.
Las cuentas del Golfo cambian
Las ecuaciones de los países del Golfo han empezado a cambiar. El sultanato de Omán adoptó desde el inicio una postura contraria a la confrontación, mientras que Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Baréin no se pronunciaron públicamente en contra de ella.
Sin embargo, la prolongación de la guerra y la expansión de sus efectos han empujado a las capitales del Golfo a replantearse sus cálculos. Emiratos Árabes Unidos se ha implicado en bombardeos contra objetivos dentro de Irán, mientras que Arabia Saudí ha lanzado operaciones contra grupos armados vinculados a Teherán en Irak.
Un alto responsable europeo señala que, al inicio del conflicto, los países del Golfo no apoyaban la guerra de forma plena, pero tampoco estaban dispuestos a oponerse a ella. Riad y Abu Dabi confiaban, según responsables y analistas, en que los ataques condujeran a un desenlace rápido que debilitara a Irán y favoreciera sus intereses de seguridad.
Ese cálculo se ha desvanecido rápidamente a medida que los combates se prolongaban.
La administración Trump tampoco se ha librado de las críticas del Golfo. Badr Al Saif, historiador en la Universidad de Kuwait, sostiene que los cambios constantes en las posiciones del presidente Trump han desconcertado a los Gobiernos de la región, y considera que la política estadounidense carecía de una visión clara y coherente incluso antes de la última escalada.
Al Saif critica en particular el memorando de entendimiento firmado por Washington y Teherán en junio, y argumenta que no abordó algunas de las principales inquietudes de los países del Golfo, entre ellas el programa de misiles iraní y el apoyo de Teherán a los grupos armados aliados en la región.
Desde su punto de vista, ignorar estos expedientes ha hecho que ese entendimiento resulte insuficiente para los países del Golfo.
La guerra presiona las economías del Golfo y Washington niega un deterioro de las relaciones
La guerra ha empezado a proyectar su sombra sobre las economías de los países del Golfo y sobre los detalles de la vida cotidiana, mientras el conflicto se prolonga más de lo previsto.
Estas presiones coinciden con el hecho de que la actividad económica en el Golfo suele reducirse durante los meses de verano, cuando disminuye el flujo turístico y los residentes permanecen en sus casas para escapar de las altas temperaturas.
En Kuwait, los misiles y drones iraníes siguen apareciendo de vez en cuando en el cielo del emirato, aunque la vida diaria ha vuelto a la normalidad, según Badr Al Saif.
Por su parte, la administración Trump intenta restar importancia a las especulaciones sobre un deterioro de las relaciones entre Washington y sus aliados del Golfo.
Un responsable de la Casa Blanca ha asegurado que el presidente estadounidense mantiene "relaciones excepcionales" con sus socios en la región, y ha añadido que Irán está "más aislada que nunca" como resultado de su "comportamiento agresivo", en sus palabras.