Asaja, COAG, UPA, Unión de Uniones y Cooperativas Agroalimentarias piden al Gobierno ayudas directas ante la subida del gasóleo agrícola y los fertilizantes derivada de la guerra en Irán, con movilizaciones ya anunciadas si no llegan medidas.
El campo español ha puesto este martes toda la presión sobre el Gobierno. Los líderes de Asaja, COAG, UPA, Unión de Uniones y Cooperativas Agroalimentarias se han sentado con el ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas, para exigir ayudas directas "inmediatas" que permitan al sector sobrevivir a la escalada de costes de producción desatada por la guerra en Irán, un conflicto que, advierten, pone en juego la soberanía alimentaria del país.
La reunión llega después de que Asaja, COAG y UPA anunciaran el viernes que se movilizarán si el Gobierno no toma medidas ante lo que describen como una situación "límite" en el campo. El encuentro coincide, además, con un momento delicado: el Ejecutivo estudia si prorroga más allá del 30 de septiembre las ayudas económicas que sostienen a distintos sectores productivos.
Antes de entrar a la reunión, el presidente de Asaja, Pedro Barato, pidió medidas "suficientes" para compensar la subida de casi el 50% en el precio del gasóleo agrícola desde el estallido del conflicto. Si no llegan, avisó, hasta un 40% de los cultivos, fundamentalmente herbáceos, podrían quedarse sin sembrar, con la consiguiente escalada de precios para el consumidor.
Barato lamentó además que las ayudas prometidas para compensar el fertilizante solo hayan llegado, hasta ahora, a la mitad de los agricultores previstos. "Hay que compensar para poder sobrevivir en la agricultura. O compensan o, por parte de Asaja, las movilizaciones van a seguir existiendo", zanjó.
Cada organización, su reclamo
El secretario general de COAG, Andrés Góngora, fue más allá: aseguró que miles de hectáreas corren peligro de quedarse sin sembrar si no llega "un paquete de medidas contundente y con certidumbre", y reclamó compensar la subida del gasóleo hasta un 70%, el margen que permite la Unión Europea, además de más ayudas para fertilizantes y plásticos agrícolas.
Desde UPA, su secretario general, Cristóbal Cano, situó la reunión como "consecuencia directa" del anuncio de movilizaciones y calificó de "insostenible" la situación del gasóleo agrícola. Fue el único en plantear una vía de financiación concreta: un impuesto especial sobre los beneficios de las grandes petroleras españolas, cuyas prácticas, dijo, deberían investigarse, para nutrir un fondo de compensación al sector agrario.
El coordinador de Unión de Uniones, Luis Cortés, apuntó a un problema estructural: el campo no puede repercutir en el precio de sus productos el aumento de costes porque, denunció, la Ley de la Cadena Alimentaria no se cumple. Por eso pidió medidas de fondo, como un gasóleo profesional, en lugar de "parches"; de lo contrario, avisó, respaldará las movilizaciones nacionales ya convocadas en varias comunidades autónomas.
Cooperativas Agroalimentarias cerró el frente común. Su presidente, Ángel Villafranca, recordó que buena parte de los costes que asumen explotaciones y cooperativas, transporte, energía, "no son controlables", y reclamó una compensación que cubra ese incremento.
De lo contrario, advirtió, la recolección se encarecerá y ese sobrecoste acabará trasladándose a la cesta de la compra, algo de lo que el sector "no es responsable". Hasta ahora, reconoció, son las propias explotaciones y la industria cooperativa las que están absorbiendo buena parte de la subida.
La cita con las organizaciones agrarias llega un día después de que Planas, junto al vicepresidente y ministro de Hacienda, Carlos Cuerpo, se reuniera con la patronal de la industria alimentaria, comerciantes de cereales y fabricantes de fertilizantes para analizar la evolución de los insumos. Tras ese encuentro, el Ejecutivo trasladó su voluntad de apoyar al sector "más allá del plan de respuesta" ya activado frente al impacto de la guerra.
El momento no es menor: la subida del gasóleo coincide con la vendimia y el arranque de las campañas de aceituna y cereal de invierno, mientras que en el mar la subida de más del 85% en los costes de combustible ya ha obligado a amarrar barcos en varios puertos.
Una crisis que se libra mucho más allá de los campos españoles
Lo que reclaman los agricultores españoles es la versión local de una tensión que recorre el planeta desde hace meses. La guerra estalló el 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel atacaron Irán y Teherán respondió con misiles contra bases israelíes y estadounidenses, desatando una escalada militar que amenaza a cerca de una quinta parte del petróleo que se mueve por el mundo a través del estrecho de Ormuz.
Desde entonces, el barril ha vivido semanas de fuerte volatilidad: antes del inicio de la ofensiva cotizaba por debajo de los 70 dólares (61 euros) y llegó a rozar los 120 (104 euros) poco después, para estabilizarse más tarde en el entorno de los 90 (79 euros).
Esa subida también ha encarecido los fertilizantes nitrogenados, urea, amoníaco, hasta en un 50% en algunos mercados, ya que la mayoría de estos productos se elabora con derivados del petróleo y el gas.