En el Oise, el alza de los precios de la energía provocada por la guerra en Irán pesa sobre los profesionales rurales, golpeados por el encarecimiento del gasóleo de calefacción y del diésel.
En Francia, la crisis energética mundial provocada por la guerra en Irán golpea sobre todo a las zonas rurales. Cerca de 21 millones de personas, aproximadamente un tercio de la población francesa, viven en el campo, que ocupa cerca del 90% del territorio.
En Saint-Just-en-Chaussée, un municipio de unos 6.000 habitantes situado en el departamento de Oise, en el norte de Francia, la subida del precio de la energía se nota incluso en los obradores.
En su panadería, Kevin Luce hornea el pan en dos hornos que funcionan con gasóleo, un combustible antes económico, hoy especialmente caro.
"Al principio era una buena opción, un horno de gasóleo resultaba más barato que uno eléctrico, hasta que el precio subió un 50%", explica el panadero.
Su último suministro llegó hace dos días, 1.200 litros de gasóleo por 2.200 euros. Seis meses antes, Kevin Luce había pagado 2.100 euros por 2.000 litros.
La escalada de precios pesa directamente sobre las cuentas de la panadería: "Todo este gasto superfluo en energía es beneficio que perdemos; es salario que no podemos percibir, son subidas de sueldo que no podemos dar a nuestros empleados, son inversiones que no podemos hacer", lamenta Kevin Luce.
Los profesionales se ven obligados a reducir su actividad
Martial Realland, propietario de un 'food truck', ha renunciado por ahora a llenar el depósito de gasóleo: "El año pasado me trajeron 1.500 litros de gasóleo, me costó 1.600 euros. Y ahora, si tuviera que hacer lo mismo, hagan cuentas, a 1,80 euros, 1,90 euros el litro es casi el doble. Así que no hago pedidos", relata.
El restaurador rechaza ahora determinados servicios que exigen desplazamientos largos. "Desde que nací, siempre ha habido crisis. Incluso antes. Pero ahora ya no es soportable", considera.
Esta nueva escalada de los precios de la energía revive el recuerdo de la crisis de los 'chalecos amarillos', desencadenada en otoño de 2018. El aumento de los impuestos sobre los carburantes fue uno de los principales detonantes del movimiento, que cobró especial fuerza en las zonas rurales y periurbanas.