La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha invitado a Canadá a convertirse en el primer "miembro asociado" de la Unión Europea. ¿Qué implica esta figura y qué supondría para Ottawa y Bruselas?
Al dirigirse al primer ministro canadiense, Mark Carney, en Estrasburgo, Ursula von der Leyen dijo que quería llevar la relación "al máximo nivel posible" en este "mundo abiertamente hostil".
Canadá se ha ido acercando a la UE a medida que las relaciones con Washington se han enfriado bajo el mandato de Donald Trump. Las conversaciones comerciales se rompieron en agosto de 2026 y Trump respondió con aranceles agresivos de entre el 25% y el 50% a los productos canadienses. También amenazó su soberanía, con comentarios sobre anexionarse Canadá y convertir a su vecino en "el 51º estado de EE.UU.".
Por razones geográficas, Canadá no puede aspirar a ser miembro de pleno derecho de la UE, así que la Comisión Europea está proponiendo un nuevo estatus de "miembro asociado". Como no existe en los tratados europeos, su perfil jurídico e institucional sigue sin estar claro.
"¿Qué será exactamente? Eso se irá definiendo poco a poco desde el punto de vista jurídico", afirmó el eurodiputado Javier Moreno Sánchez, presidente de la Delegación del Parlamento para las relaciones con Canadá, en declaraciones a 'Euronews'.
A diferencia de un mero socio comercial, Canadá se integraría directamente en la base industrial de la Defensa europea, participaría en proyectos conjuntos en el Ártico, cooperaría en inteligencia artificial, resiliencia cibernética y computación cuántica, y podría alinearse en servicios financieros.
Ahora bien, no tendría derecho de voto en el Parlamento Europeo ni tendría voz en las leyes fundamentales de la UE.
Una asociación preexistente
Las relaciones entre Canadá y la UE ya eran amistosas, estables y basadas en las transacciones. En 2016 firmaron dos tratados clave: el Acuerdo Económico y Comercial Global (CETA) y el Acuerdo de Asociación Estratégica (SPA).
El primero eliminó el 98% de los aranceles, impulsando el comercio bilateral de bienes y servicios en más del 80%, hasta 130.000 millones de euros. El segundo se centró en el diálogo de política exterior y permitió que la UE y Canadá mantuvieran reuniones periódicas sobre cambio climático, investigación y derechos humanos.
La victoria de Carney en 2025 elevó la relación con el lanzamiento de la "Nueva Asociación Estratégica UE-Canadá del Futuro". La UE empezó a tratar a Canadá menos como un socio comercial distante, y ambas partes comenzaron a alinearse en cadenas de suministro de minerales críticos, baterías para vehículos eléctricos, energía limpia y proyectos en el Ártico. Canadá también participa activamente en Horizonte Europa, el programa insignia de investigación científica de la UE.
En febrero de 2026, Canadá se convirtió en el primer país no europeo en incorporarse al Instrumento SAFE, dotado con 150.000 millones de euros, lo que permite a las empresas de defensa canadienses concurrir a contratos conjuntos de adquisición militar europea. Canadá también pasó a ser contribuyente tercero en proyectos de movilidad militar y logística de Cooperación Estructurada Permanente (Pesco).
El principal mercado de exportación de Canadá sigue siendo EE.UU., que representó el 72,5% de sus exportaciones de mercancías en 2025, frente al 12,4% dirigido a Europa y Asia Central.
El CETA sigue bloqueado, ya que 10 de los 27 Estados miembros de la UE todavía se niegan a ratificarlo plenamente. Países como Italia, Francia y Polonia sostienen que Canadá tiene normas ambientales y de producción más bajas en ámbitos como la agricultura; por ejemplo el uso de pesticidas químicos y organismos modificados genéticamente que están restringidos o prohibidos en la UE.
La propuesta
Ninguna de las partes contempla que Canadá se incorpore a la UE. El objetivo es profundizar la asociación económica y estratégica más allá del nivel actual de cooperación.
"Sabemos que es una asociación más profunda, pero menos que una adhesión plena. En qué punto exacto va a situarse en ese espectro habrá que negociarlo. La expectativa es que sea algo más que un acuerdo de libre comercio", afirmó Fabian Zuleeg, director ejecutivo y economista jefe del European Policy Centre.
La idea es partir del CETA y convertirlo en una "Alianza para el Futuro para crear un espacio de prosperidad común y seguridad económica", como dijo la presidenta Von der Leyen. Aunque los detalles siguen sin conocerse, se espera que la asociación abarque políticas que van desde la industria manufacturera, la energía y los minerales hasta la inteligencia artificial, la computación cuántica y la ciberseguridad. También se prevén un "proyecto emblemático conjunto" en el Ártico, una alianza tecnológica y una base industrial de defensa integrada.
El primer ministro Carney propuso avanzar "hacia un comercio digital sin fricciones en productos no agrícolas y en una amplia gama de servicios", además de estudiar un mercado de servicios financieros más integrado.
Para Zuleeg, la asociación se centrará sobre todo en la cohesión geopolítica y por tanto es una "situación en la que todos ganan". "Se trata de que países con valores similares se unan y encuentren soluciones comunes a los grandes retos a los que nos enfrentamos colectivamente, incluida una situación bastante complicada con EE.UU.", señaló a 'Euronews'.
Intercambio de recursos
Esta alianza es en parte un mecanismo de supervivencia para Canadá. Los factores desencadenantes fueron el colapso de las negociaciones comerciales bilaterales con EE.UU., de las que depende aproximadamente el 70% de la economía exportadora canadiense, y las amenazas de anexión lanzadas por Trump.
Moreno Sánchez explicó que los responsables canadienses habían descrito la ruptura en términos inusualmente personales. "Explicaron que la geografía no se puede cambiar. Se sintieron traicionados porque era su vecino, el hermano en la puerta de casa, y un día les dice: 'Ya no te quiero'. Les afectó muy profundamente".
Pero la asociación está igualmente impulsada por la necesidad de la UE de seguridad económica y materias primas. El bloque ha perdido el acceso a la energía rusa barata y se enfrenta a tensiones crecientes con China, por lo que necesita una fuente estable de materiales críticos.
"Canadá lo tiene todo", dijo Moreno Sánchez. "Es el segundo país más grande del mundo. Energía, gas, materias primas críticas. Obviamente, nos interesa comerciar con ellos".
Canadá posee importantes reservas de litio, níquel, cobalto y tierras raras, todos ellos elementos clave para la transición energética de la UE y las cadenas de suministro de baterías.
"Hasta ahora, con el gas ruso y con China, las cosas funcionaban de otra manera", señaló Moreno Sánchez. "Pero ahora las relaciones internacionales se han vuelto más tensas y no sabemos en qué va a desembocar este orden mundial. Parece que podría imponerse la ley del más fuerte, y eso te hace despertar y decir: 'Tenemos que mirar esto de otro modo'".
El eurodiputado puso a Alemania como ejemplo de advertencia. "Miren lo que ocurrió en Alemania. Dependían del gas ruso. Cuando se cortó, cerraron sus centrales nucleares y se quedaron sin alternativa. Ahora están quemando carbón para producir electricidad, que es exactamente lo que no deberíamos estar haciendo".
Cómo podría beneficiar a los europeos
Según cómo definan los socios la "membresía asociada", tendrá efectos concretos para los europeos. El impacto más significativo se produciría en el sector energético, según el doctor Giuseppe Spatafora, analista de políticas en el Instituto de Estudios de Seguridad de la Unión Europea.
"Supongo que las exportaciones de energía de Canadá a la UE aliviarían la presión sobre el mercado energético europeo, aumentando la oferta y reduciendo la dependencia de otros proveedores". Sin embargo, esto llevará tiempo, ya que Canadá carece de la infraestructura necesaria para exportar grandes cantidades de energía fuera de Norteamérica y de la voluntad de construir nuevos oleoductos o terminales de exportación, añadió.
Eliminar las barreras a la inversión abriría la puerta a nuevas empresas, explicó Spatafora, mientras que una cooperación más estrecha en defensa podría crear nuevos puestos de trabajo y contribuir a proteger tanto a las sociedades europeas como a las canadienses.
Canadá es rico en litio, grafito, níquel, cobalto y cobre, componentes clave para numerosos sectores, desde las baterías y los vehículos eléctricos hasta la electrónica y la medicina. Contar con Canadá como "proveedor seguro" ayudaría a las empresas europeas a seguir operando al tiempo que reduciría la capacidad de presión de países como EE.UU. y China.
"Canadá sería sin duda un proveedor mucho más seguro que China. Que eso se traduzca en un renacimiento de la industria del automóvil, no estoy tan seguro, dado el control que tiene China de toda la cadena de suministro. Pero ciertamente puede ayudar a los esfuerzos de la UE por desarrollar industrias estratégicas como la defensa y la fabricación avanzada", señaló Spatafora.
Carney propuso reforzar los "vínculos entre personas" incorporando a Canadá a los programas Erasmus+ y Horizonte Europa de la UE. Esto podría traducirse en normas de visado más sencillas para que los estudiantes europeos estudien al otro lado del Atlántico, así como en proyectos conjuntos de investigación e innovación.
¿Qué es lo siguiente?
La UE tendría que establecer desde cero el marco jurídico para la "membresía asociada", definiendo los derechos y obligaciones de ambas partes. Entre los principales retos podrían figurar la armonización de las normativas de los socios y la obtención de la aprobación unánime de los 27 Estados miembros.
Zuleeg confía en que la próxima cumbre UE-Canadá, que se celebrará en Montreal los días 29 y 30 de octubre, aclare el término y convierta la oferta europea en una propuesta concreta. "Las negociaciones están en curso. Desde mi punto de vista, sería una oportunidad perdida si, para la reunión de octubre, no tuviéramos avances concretos sobre la mesa", dijo a 'Euronews'.
Un avance exitoso podría plantear la cuestión de si Canadá es un caso aislado o si la UE podría convertirlo en un nuevo tipo de asociación para otros países.
La asociación con Canadá podría ser la "semilla" de "una alianza mucho más amplia entre países afines que trabajan juntos" y que puede tener un efecto multiplicador, explicó Zuleeg. "Si mostramos un frente unido entre la UE, Canadá, el Reino Unido, Noruega, Islandia, pero también países como Australia, Nueva Zelanda, Japón y Corea del Sur, entonces tendremos realmente una masa crítica que será difícil de ignorar incluso para EE.UU. y China", añadió.
Una cooperación más estrecha con socios cercanos no europeos no perjudicaría la vía de los países candidatos hacia la adhesión plena ni la sustituiría por el estatus asociado. Moreno Sánchez explicó que "la ampliación tiene su propio camino y las relaciones con socios fiables tienen su propio camino" y que ambos procesos "están ocurriendo en paralelo".