La economía española mantiene un crecimiento superior al de la eurozona y niveles de empleo inéditos desde 2008, pero el final del actual mandato de Pedro Sánchez se ha visto marcado por la inflación, la baja productividad y una crisis de vivienda que ha irrumpido en el centro del debate electoral.
El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, encarará las elecciones anticipadas del próximo 29 de noviembre con la esperanza de que los buenos datos económicos que han marcado buena parte de su mandato le ayuden a sobreponerse a una sensación generalizada en todo el país: el crecimiento macro no basta.
El producto interior bruto (PIB) español aumentó un 2,8% en 2025 y se prevé que siga creciendo a un ritmo relativamente elevado, con una estimación del 2,4% para el 2026, según indica el informe país de la Comisión Europea. Además, desde la pandemia, España ha crecido a un ritmo superior al de las principales economías de la Eurozona.
Sin embargo, tal y como ponen de manifiesto las protestas por la crisis de la vivienda que sufre el país desde hace semanas, ese crecimiento no se ha traducido en una mejora de la calidad de vida de los españoles. La Comisión atribuye parte de esa situación al notable aumento de la población, impulsado por los flujos migratorios, pero también a una productividad laboral débil.
La productividad por hora ha mejorado desde 2019, pero la productividad por empleado y por trabajador a tiempo completo se ha mantenido prácticamente estancada. Ese es uno de los principales motivos por los que el crecimiento agregado no se refleja con la misma intensidad en la renta por habitante en una España que Sánchez preside desde junio de 2018.
La inmigración, de hecho, se ha convertido en uno de los motores del mercado laboral español. Si bien el empleo creció un 2,6% en 2025, el número de puestos de trabajo ocupados por personas nacidas en el extranjero representó el 7,9% del total de los empleos creados durante ese año.
Los últimos datos consolidados muestran, no obstante, que el mercado laboral sigue manteniendo un marcado carácter estacional. En agosto, el paro aumentó en 44.419 personas, hasta las 2.355.918, aunque fue la cifra más baja registrada en ese mes desde 2007. En septiembre, el paro volvió a aumentar en 23.587 personas, un dato que igualmente supone un mínimo desde 2007.
El gran soporte del crecimiento español ha sido el sector servicios; específicamente, las exportaciones de servicios y el turismo. España recibió 58,1 millones de turistas internacionales entre enero y julio de 2026, una cifra sin precedentes y que supone un 4,6% más que un año antes. El gasto turístico creció un 7,8%, hasta alcanzar la cifra récord de 82.054 millones de euros, según los datos de Frontur y Egatur publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE).
La Comisión Europea destaca que el aumento de los servicios exportados ha contribuido a ampliar el superávit por cuenta corriente y a mejorar la posición inversora internacional del país. Pero también advierte de que una parte importante de la actividad continúa concentrada en sectores de productividad relativamente baja, como la agricultura. Más del 82% de los empleos creados se concentró en actividades de baja productividad, lo que limitó el potencial de crecimiento de los salarios.
La inflación introduce otro elemento de tensión. En septiembre, la inflación interanual en el país se situó en el 5%, muy por encima del 3,8% registrado de media en la Eurozona, y solo por detrás de Lituania (6,1%), Bulgaria (5,6%), Chipre y Luxemburgo (5,2%) y Grecia (5,1%).
En septiembre, la inflación en España se situó en el 4,9%. El INE atribuyó el repunte español, principalmente, al encarecimiento de los combustibles y a la evolución de los paquetes turísticos.
La vivienda, el gran problema
Pero si existe un problema capaz de condensar el desequilibrio entre el crecimiento económico y la calidad de vida, es la vivienda. En este aspecto, en España existe una grave desproporción entre la oferta y la demanda, tanto a la hora de comprar como a la hora de alquilar, especialmente en las grandes ciudades y en las zonas turísticas.
"La grave tasa de privación de vivienda aumentó, lo que indica malas condiciones de vida", señala el informe país de la Comisión. El parque de vivienda social representa apenas entre el 1,5% y el 1,7% del total, frente a la media de entre el 6% y el 7% en la Unión Europea.
Los precios, además, han aumentado de forma sostenida desde 2014 y se han acelerado en los últimos años, mientras los elevados costes dificultan también la movilidad laboral.
Es precisamente en este punto donde la economía y la política han chocado este lunes. Después de que el Gobierno fuera incapaz de ratificar la semana pasada dos decretos para hacer frente a la crisis de la vivienda debido a la falta de apoyo de sus socios en el Congreso, el presidente Sánchez ha disuelto las Cortes y ha convocado elecciones para el próximo mes de noviembre.
Así, el balance económico que deja por el momento el mandato de Sánchez presenta dos caras: una en la que España crece, crea empleo y se beneficia de la llegada de trabajadores extranjeros y de la fortaleza del sector turístico; y otra que el aumento del PIB por sí solo no resuelve, lastrada por la baja productividad, la pérdida de poder adquisitivo y el difícil acceso a la vivienda.