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Primero niños, luego competidores: los eSports fallan al bienestar infantil

Entre las preocupaciones de los jóvenes jugadores figuran los largos periodos sentados, las pausas insuficientes y entrenos que recortan sueño, ejercicio o estudios.
Las largas horas sentados, los descansos escasos y los entrenamientos que recortan sueño, actividad física o estudios preocupan a los jóvenes jugadores. -  Derechos de autor  Canva
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Por Giedre Peseckyte
Publicado •última actualización
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Alteraciones del sueño, presión mental y abusos en línea amenazan a jóvenes de eSports, poco protegidos por la falta de normas comunes, según Save the Children.

La salud y el bienestar de los niños no están suficientemente protegidos en las competiciones de videojuegos, según un nuevo informe, 'Protecting Child Rights in eSports' (proteger los derechos de la infancia en los deportes electrónicos), de Save the Children, publicado este martes.

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El informe insta a la industria de los deportes electrónicos, en rápido crecimiento, a anteponer los derechos de la infancia, consagrados en la Convención de la ONU sobre los Derechos del Niño (UNCRC), a las ambiciones competitivas.

Los jóvenes jugadores de eSports, hasta 300 millones de niños en todo el mundo, pueden sufrir alteraciones del sueño, problemas musculoesqueléticos, sexismo, ansiedad, acoso en línea y depresión, mientras que los entrenamientos intensivos les dejan menos tiempo para estudiar o estar con la familia y los amigos.

"Los deportes electrónicos ofrecen oportunidades apasionantes para los niños, pero su participación nunca debe ir en detrimento de sus derechos, su bienestar ni su desarrollo", señaló en un comunicado de prensa Theo Toresson, psicólogo y experto en videojuegos de Save the Children.

"A medida que la industria sigue creciendo, los niños deben ser reconocidos primero como niños y después como competidores", añadió, y reclamó que se les incluya en la toma de decisiones y se garantice un futuro en el que "cada niño pueda participar con seguridad, desarrollar su talento y disfrutar de los beneficios del juego sin estar expuesto a daños".

La preocupación es que los menores que entran en entornos competitivos estructurados se enfrenten a expectativas propias del deporte profesional sin contar con salvaguardas equivalentes adaptadas a su edad y a su desarrollo.

No hay normas comunes para una competición saludable

Entre las preocupaciones que afrontan los jóvenes jugadores figuran los largos periodos sentados, las pausas insuficientes y horarios de entrenamiento que invaden el tiempo de sueño, la actividad física o las tareas escolares.

Las sesiones prolongadas y una mala postura también pueden provocar dolor de cuello, hombros y muñecas, lo que pone de manifiesto la necesidad de contar con orientación ergonómica y entrenamientos mejor estructurados.

El sueño es otra de las grandes preocupaciones. Los horarios nocturnos de juego y las exigencias de la competición pueden alterar el descanso, con efectos en el rendimiento cognitivo, la regulación del estado de ánimo y el bienestar general, según el informe.

Un representante de una federación nacional de eSports, citado de forma anónima en el informe, explicó que no existen directrices establecidas sobre las horas de juego o los métodos de entrenamiento.

"Sí hablamos de hacer pausas frente a la pantalla, de dietas saludables, de sueño y de hidratación. Pero son prácticas que hemos considerado las mejores a partir de distintos investigadores y que hemos reunido nosotros mismos. Aún no hay un organismo centralizado que intente agrupar todo esto", indicó el representante.

La ausencia de normas comunes plantea la cuestión de quién es responsable de garantizar que la competición de videojuegos siga siendo compatible con el desarrollo físico y psicológico de los niños.

La situación, sin embargo, no es uniformemente negativa. El informe señala que muchos jugadores profesionales de eSports afirman alcanzar niveles satisfactorios de actividad física, y que quienes ocupan los primeros puestos suelen dar más importancia a la forma física. Los jugadores también pueden adoptar hábitos saludables en torno a la alimentación y otros aspectos de su estilo de vida.

La salud mental bajo presión

Las exigencias psicológicas de la competición son otro motivo de preocupación.

Según el informe, "la naturaleza exigente de los eSports, unida a la toxicidad en línea, puede generar importantes problemas de salud mental" para los jóvenes deportistas de eSports.

El estrés, la ansiedad y la depresión pueden verse agravados por la intensidad de la competición y por el acceso limitado a apoyos adecuados. Todo ello puede verse alimentado, por ejemplo, por el sexismo y el acoso en línea, dado que muchos interactúan con el público a través de chats dentro del juego, comunidades en Discord, plataformas de retransmisión en directo como Twitch y YouTube y redes sociales.

Estos canales pueden ayudar a los jóvenes jugadores a construir comunidades y desarrollar perfiles públicos, pero también los exponen al ciberacoso y a vulneraciones de la privacidad. El informe cita un análisis de salas de chat durante 302 segmentos de juego de los 20 principales creadores de contenido en Twitch, una de las plataformas más populares para los eSports

y las retransmisiones relacionadas con videojuegos, que reveló que el 62% de las emisiones incluían lenguaje sexista, el 37% lenguaje racista, el 84% lenguaje capacitista y el 97% lenguaje violento.

Según el informe, algunas federaciones y equipos de eSports exigen que su personal reciba formación en primeros auxilios de salud mental, pero estas prácticas no están extendidas en toda la industria.

El informe advierte de que los jóvenes jugadores pueden verse empujados a desempeñar roles de cara al público antes de tener la experiencia o el apoyo necesarios para manejar el escrutinio en línea, las entrevistas y las retransmisiones en directo.

El documento también pone de relieve otros retos, como garantizar la participación en igualdad, con grandes disparidades persistentes en función del acceso, el género, la raza, la pertenencia al colectivo LGBTQIA+ y la discapacidad; la implicación de los niños en la toma de decisiones; la explotación económica, ya que equipos, representantes e incluso padres a veces se aprovechan de los jóvenes jugadores mediante contratos poco transparentes y relaciones de poder desiguales; y los riesgos en los eventos presenciales sin una supervisión adecuada.

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