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La UE y Canadá preparan una alianza histórica mientras crece la desconfianza hacia Trump

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Costa, Carney y von der Leyen.
Costa, Carney y von der Leyen. -  Derechos de autor  European Union, 2026.
Derechos de autor European Union, 2026.
Por Jorge Liboreiro
Publicado •última actualización
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Bajo la sombra de Donald Trump, la Unión Europea y Canadá buscan estrechar sus lazos como nunca antes. Ursula von der Leyen y Mark Carney encabezan una cumbre destinada a reforzar la cooperación en comercio, energía y seguridad.

La Unión Europea y Canadá han sido amigos desde hace mucho tiempo. Pero no fue hasta Donald Trump 2.0 cuando se dieron cuenta de hasta qué punto se habían vuelto inseparables.

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Ambas partes están preparadas para llevar su asociación a una profundidad y amplitud sin precedentes en la cumbre UE-Canadá de este viernes en Montreal, en la provincia francófona de Quebec.

"Se ha hecho evidente que hay mucho más que podemos hacer juntos", dijo la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en un discurso pronunciado en el C.D. Howe Institute, salpicado de referencias canadienses, de Emily Carr a Leonard Cohen. "Canadá y la Unión Europea son dos sistemas complementarios".

La elección del lugar es adecuada: con su arquitectura señorial y sus fachadas barrocas, Montreal ha sido a menudo alabada como una de las ciudades de aspecto más europeo de Norteamérica.

El escenario también refleja la ambición del bloque de convertir a Canadá en su aliado no europeo más cercano, un título que tradicionalmente ha ostentado Estados Unidos (EE.UU.). Pero la reelección de Trump dio la vuelta a la situación.

Los aranceles punitivos del presidente estadounidense, sus amenazas de anexión, su afinidad con Rusia y sus ataques continuos al sistema multilateral han dejado a los europeos magullados, golpeados y cada vez más desconfiados de cualquier política con la marca de Washington.

En Canadá, el impacto se ha visto agravado por su arraigada dependencia de la Economía estadounidense. La búsqueda de aliados alternativos se ha convertido ahora en un imperativo existencial.

El intento de Trump de convertir Canadá en "el 51º estado" ha demolido un vínculo vecinal que se remonta siglos atrás y que se consideraba inmune a los vaivenes partidistas. El sentimiento compartido de vulnerabilidad se ha exhibido plenamente en los preparativos de la cumbre.

Von der Leyen invitó al primer ministro canadiense, Mark Carney, a su discurso sobre el estado de la Unión en septiembre. La presidenta de la Comisión sorprendió al público cuando propuso convertir a Canadá en el primer "miembro asociado" del bloque.

Carney pronunció su propio discurso en Estrasburgo para defender una "alianza para el futuro" basada en la prosperidad y la seguridad compartidas.

El líder canadiense dijo, antes de la cumbre, que esta alianza debería ser "lo suficientemente sólida como para que nadie pueda dictar nuestras decisiones" y "lo suficientemente abierta como para que otros puedan sumarse", una reprimenda no tan sutil al maximalismo de 'America First' (América primero) de Trump.

Se espera que la reunión amplíe la cooperación en múltiples ámbitos, entre ellos comercio, inversión, cadenas de suministro, inteligencia artificial, clima, seguridad y el Ártico, y que impulse la integración de Canadá en programas de la UE, como Horizon y Erasmus.

La cumbre UE-Canadá se celebra con la figura de Trump muy presente.
La cumbre UE-Canadá se celebra con la figura de Trump muy presente. European Union, 2026.

Las materias primas críticas y el gas natural licuado (LNG), dos exportaciones estratégicas que Canadá está dispuesto a incrementar, también figuran en un lugar destacado de la agenda. La UE busca minerales con los que cortar su dependencia de China, que, según Pekín, se están convirtiendo en un arma, y nuevos proveedores de energía para reducir los precios al por menor.

Otro asunto de máxima prioridad es el apoyo a Ucrania. El país, agotado por la guerra, se enfrenta a un déficit de 70.000 millones de euros en su presupuesto de 2027, mientras Rusia intensifica su guerra de agresión, devasta los resortes de la economía interna y bloquea las rutas del mar Negro.

La UE está dispuesta a cubrir dos tercios de ese desfase, unos 46.000 millones de euros, y quiere que otros aliados, como Canadá, se encarguen del tercio restante. La ayuda tendrá que ser nueva y añadirse a lo ya comprometido, lo que significa que la inclusión de Canadá en el préstamo de apoyo de 90.000 millones de euros del bloque no contará.

Para subrayar la importancia de la cumbre, Von der Leyen está acompañada en Montreal por el presidente del Consejo Europeo, António Costa, la alta representante, Kaja Kallas, y nueve comisarios. La participación refleja la dimensión institucional de la nueva alianza. El plan prevé vínculos más estrechos entre los Gobiernos, los parlamentos y los tribunales de cada lado.

Bruselas estudia celebrar una reunión entre todo el Colegio de Comisarios y el gabinete canadiense en algún momento del próximo año. Este formato, reservado para ocasiones de importancia poco frecuentes, se utilizó por última vez con la India, otro socio comercial que la disrupción de Trump ha acercado a Europa.

"Estamos comenzando un viaje", dijo un alto cargo de la UE. "Seamos sinceros, esto es un pequeño tramo de territorio inexplorado".

La cumbre comenzó con una nota incómoda: pocas horas antes de que von der Leyen volara a Montreal, su país de origen, Alemania, lanzó una ofensiva contundente para eliminar toda mención a la "membresía asociada" del texto final de la declaración conjunta.

En su lugar, el texto habla de un compromiso con una "asociación cada vez más estrecha". Conviene señalar que Alemania introdujo la etiqueta de "miembro asociado" a principios de este año en el contexto de Ucrania. Pese a su acogida desigual, Berlín nunca ha abandonado la idea.

Von der Leyen, sin embargo, no se dejó amedrentar por el revés. Hablando en el C.D. Howe Institute, redobló su apuesta por su proyecto de "abrir juntos una nueva frontera".

"Nuestra idea es sencilla: es una asociación sin adhesión. Pero podemos sustituir la adhesión por una ambición y una visión comunes", dijo. "Podemos construir una asociación que se acerque más a la pertenencia que cualquier cosa que hayamos hecho antes".

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