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¿Qué marcará el futuro de la economía mundial, petróleo o tierras raras?

Foto de archivo. Trabajadores usan maquinaria para excavar en una mina de tierras raras en Baiyunebo, Baotou, en la Región Autónoma de Mongolia Interior, norte de China. 2012.
ARCHIVO. Trabajadores emplean maquinaria para excavar en una mina de tierras raras en Baiyunebo, Baotou, en la Región Autónoma de Mongolia Interior, norte de China. 2012. Derechos de autor  AP
Derechos de autor AP
Por Piero Cingari
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El petróleo marcó el siglo pasado y las tierras raras podrían definir el próximo. Con electrificación y IA, el control de materiales críticos da poder global.

Durante buena parte del último siglo, el petróleo ha sido la columna vertebral de la economía mundial.

Alimentó fábricas, transporte y comercio, y contribuyó a determinar qué países se enriquecieron y cuáles permanecieron dependientes. El control de los flujos de crudo a menudo se traducía en influencia sobre la inflación, la producción industrial y, en momentos críticos, el desenlace de las guerras.

Esa influencia no ha desaparecido. Los precios del petróleo siguen teniendo capacidad para desestabilizar economías. Un repunte súbito puede trasladarse con rapidez a la inflación, complicar las decisiones de los bancos centrales y presionar las finanzas públicas. Para los gobiernos, la seguridad energética continúa siendo una preocupación recurrente, especialmente cuando aumentan las tensiones geopolíticas.

Sin embargo, los pilares del poder global están cambiando. A medida que las economías se electrifican y las tecnologías digitales se extienden por todas las capas de la producción, otro tipo de recurso se sitúa en primer plano.

“Oriente Medio tiene petróleo. China tiene tierras raras”, dijo el estadista chino Deng Xiaoping en la década de 1980, cuando el petróleo definía el poder global. Décadas después, la frase suena sorprendentemente visionaria.

Del oro negro a los metales estratégicos

El papel del petróleo en la economía mundial está lejos de haber terminado. El consumo global supera aún los 100 millones de barriles diarios, y la mayoría de las previsiones indican que la demanda seguirá siendo sólida bien entrados los años 2030, aunque la transición energética avance de forma desigual.

Los mercados del petróleo están diseñados para la escala y la flexibilidad. El crudo puede enviarse a través de los océanos, almacenarse en reservas estratégicas y negociarse mediante índices profundos y líquidos. Cuando se interrumpe el suministro, el sistema suele ajustarse, a veces dolorosamente, pero a menudo con rapidez.

Los elementos de tierras raras ocupan una posición radicalmente distinta. No se queman para producir energía ni se negocian en volúmenes diarios masivos.

En lugar de eso, están integrados en el corazón de las tecnologías que sustentan la electrificación, la automatización y las infraestructuras digitales.

Los imanes permanentes fabricados con tierras raras son componentes esenciales en los motores de vehículos eléctricos, aerogeneradores, robótica, sistemas aeroespaciales y equipamiento militar avanzado.

También son cada vez más importantes para los centros de datos y las infraestructuras vinculadas a la IA.

La economía de los imanes se acelera

En la conferencia Rare Earth Mines, Magnets & Motors (REMM&M) de octubre de 2025 en Toronto, el analista de materias primas de Bank of America Lawson Winder expuso lo que está en juego.

Los datos citados por Bank of America sugieren que la demanda mundial de imanes de neodimio, uno de los tipos de tierras raras más útiles, podría crecer a una tasa anual compuesta de alrededor del nueve por ciento hasta 2035.

Se espera que los turismos eléctricos impulsen un crecimiento de alrededor del 11% al año. La demanda de robótica podría aumentar hasta cerca del 29%.

En Estados Unidos, las cifras son aún más pronunciadas. Se prevé que la demanda de imanes se multiplique por cinco de aquí a 2035, lo que equivale a un crecimiento anual cercano al 18%. En Europa, la demanda podría crecer alrededor de 2,5 veces en el mismo periodo.

Por comparación, el crecimiento de la demanda mundial de petróleo se ralentizaría hasta muy por debajo del uno por ciento anual en ese mismo horizonte.

La demanda corre muy por delante de la oferta

Mientras la demanda de tierras raras aumenta, Europa prácticamente no cuenta con minería ni instalaciones de procesamiento propias. Bank of America prevé un déficit persistente en la región, con brechas que se ampliarán a medida que la demanda crezca desde una base ya elevada.

China concentra alrededor del 90% de la producción de óxidos de tierras raras de neodimio y praseodimio, casi toda la producción de óxidos de tierras raras pesadas de disprosio y terbio, y aproximadamente el 89% de la fabricación de imanes de tierras raras en general.

En capacidad de procesamiento, Bank of America estima que China representa alrededor del 87% de la capacidad global para convertir el material extraído en productos separados que los fabricantes pueden utilizar.

ARCHIVO. Trabajadores utilizan maquinaria para excavar en una mina de tierras raras en el condado de Ganxian, en la provincia de Jiangxi, en el centro de China. 30 dic. 2010.
ARCHIVO. Trabajadores utilizan maquinaria para excavar en una mina de tierras raras en el condado de Ganxian, en la provincia de Jiangxi, en el centro de China. 30 dic. 2010. Chinatopix via AP

En cuanto al material sin procesar, China posee alrededor del 49% de las reservas mundiales de óxidos de tierras raras y produce aproximadamente el 69% de la producción global sin separar.

Por eso las tierras raras generan una vulnerabilidad estructural. Son menos un mercado de materias primas y más un sistema manufacturero, en el que la escala, el conocimiento y la integración importan más que la geología por sí sola.

El auténtico cuello de botella está en el procesamiento, el refinado y la fabricación de imanes, etapas de la cadena de suministro técnicamente complejas, exigentes desde el punto de vista ambiental y muy intensivas en capital.

Los controles a la exportación introducidos por China en abril de 2025 lo dejaron claro. Ahora se requieren licencias y declaraciones de uso final para varias exportaciones de tierras raras medias y pesadas.

La IA física vuelve a situar los materiales en el centro

Para Jordi Visser, responsable de macro nexus research en 22V Research, las tierras raras forman parte de una historia más amplia, el despliegue de la IA física.

“El despliegue de la IA física crea dependencias agudas en materias primas en las que China domina las cadenas de suministro globales”, señaló en una nota reciente.

La IA no es solo software y centros de datos, implica hardware como robots, sensores, motores, baterías y sistemas de energía.

“La transición exige elementos de tierras raras para imanes permanentes en actuadores robóticos y motores de vehículos eléctricos, litio y materiales avanzados de baterías para sistemas portátiles de IA y almacenamiento de energía, y procesados como grafito refinado y cobalto, ámbitos en los que la capacidad occidental apenas existe”, explica Visser.

Visser subraya que el problema es tanto de tiempos como estratégico.

“Aunque Estados Unidos y Europa se apresuran a construir infraestructuras de IA, siguen dependiendo estructuralmente de la capacidad de procesamiento china”, advierte Visser. “Se trata de una vulnerabilidad estratégica que no puede cerrarse en los plazos que exige la tecnología.”

Control de los cuellos de botella

Pese a la carrera por descarbonizar la economía global, el petróleo sigue siendo indispensable. Su precio condiciona las expectativas de inflación y aún moldea los balances comerciales globales.

Pero en la nueva era industrial definida por la automatización, la electrificación y la IA, las tierras raras determinan cada vez más qué puede construirse y por quién.

“Esto crea enormes oportunidades para los productores y grandes desafíos para los gobiernos y los usuarios finales que buscan asegurar la cadena de suministro”, afirmó Winder.

En este mundo, la dominancia se parece menos al control del combustible y más al control de los cuellos de botella. El petróleo sigue moviendo el presente, pero las tierras raras deciden cada vez más quién puede construir el futuro.

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