El S&P 500 y el Nasdaq cierran en máximos históricos ignorando el bloqueo en el estrecho de Ormuz y el recorte de previsiones del FMI. Los inversores confían en la fortaleza de los resultados de la IA y en la diplomacia de Donald Trump para lograr un alto el fuego que frene la inflación.
Los principales índices bursátiles estadounidenses han dado un nuevo salto y entran en territorio inexplorado, en plena fase de descubrimiento de precios, reflejando un mercado que parece mirar más allá de los riesgos geopolíticos inmediatos en favor de una posible desescalada y de la fortaleza empresarial.
El miércoles el S&P 500 cerró con una subida del 0,8% en 7.022 puntos, al alza en la sesión y superando su anterior máximo de enero de este año.
El S&P 500 acumula ahora un avance del 11% desde que tocó suelo el 30 de marzo, después de haberse dejado antes un 9% durante el mes pasado.
El Nasdaq Composite marcó también un récord, con una subida del 1,6% hasta superar los 24.000 puntos, mientras que el Dow Jones Industrial Average cedió un 0,15% y sigue claramente por debajo de su máximo histórico.
El avance llega pese a unos vientos en contra persistentes.
El tráfico marítimo por el estrecho de Ormuz, un paso crítico por el que transita aproximadamente una quinta parte del suministro mundial de petróleo, se ha visto gravemente alterado desde finales de febrero tras las acciones de Irán y el posterior bloqueo naval de Estados Unidos.
El tránsito ha caído en picado, después de que Irán declarara el estrecho cerrado a los buques vinculados con Estados Unidos, Israel y sus aliados.
El Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) confirmó también que su bloqueo de los puertos iraníes ha entrado plenamente en vigor a comienzos de esta semana, y afirmó que "ya se ha obligado a regresar a diez buques y, desde el inicio del bloqueo estadounidense el lunes, no ha logrado atravesarlo ningún barco".
Los precios del petróleo, aunque han cedido en las dos últimas semanas, siguen elevados.
En el momento de redactar esta información, el Brent se sitúa en torno a 96,5 dólares por barril y el West Texas Intermediate (WTI) en 92,5 dólares, todavía muy por encima de los niveles previos a la guerra y alimentando las preocupaciones inflacionistas.
El Fondo Monetario Internacional ha respondido rebajando sus previsiones de crecimiento mundial. En su último informe 'World Economic Outlook', publicado el lunes, el FMI recortó su previsión para 2026 hasta el 3,1% desde el 3,3% previamente proyectado, aludiendo a los repuntes de los precios de la energía y a las interrupciones de suministro.
La inflación general se sitúa ahora en el 4,4% para este año, bajo un escenario de referencia que supone un conflicto de corta duración, con riesgos de un crecimiento aún más débil y precios más altos si las tensiones se agravan y prolongan.
El moderado descenso de los precios de la energía llegó después de que se informara de que el alto el fuego de dos semanas se mantiene y de que podrían reanudarse pronto nuevas conversaciones entre Estados Unidos e Irán.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, indicó también que las negociaciones para una paz duradera podrían reanudarse a finales de esta semana.
Los inversores parecen estar descontando una reapertura eventual del estrecho de Ormuz y un impacto negativo acotado de la guerra en general.
En declaraciones a 'Euronews', Alan McIntosh, director de inversiones de Quilter Cheviot Europe, explicó que "aunque la primera ronda de conversaciones no alcanzó ningún acuerdo, una probable prórroga del alto el fuego alimenta el optimismo de que se pueda lograr una resolución temprana".
"Si damos por hecho un fin relativamente rápido de las hostilidades y la reanudación de los envíos de petróleo, el daño económico sobre la inflación y el crecimiento mundiales debería ser relativamente limitado", añadió.
Por qué los índices estadounidenses desafían los pronósticos
Los analistas apuntan a varios factores que explican la resistencia del mercado.
Las expectativas de un final rápido de las hostilidades han animado la asunción de riesgos, mientras que el tejido empresarial estadounidense muestra fortaleza. Directivos de la banca han destacado la solidez del consumidor de Estados Unidos y una cartera saneada de operaciones corporativas y salidas a bolsa.
Las previsiones de beneficios para el primer trimestre se han revisado al alza, y ahora se espera que las compañías del S&P 500 presenten unos beneficios conjuntos de más de 605.000 millones de dólares (513.000 millones de euros), por encima de las estimaciones anteriores.
Los valores tecnológicos, especialmente los ligados a la inteligencia artificial, han aportado un apoyo adicional. El fuerte avance del Nasdaq refleja el renovado entusiasmo por los valores orientados al crecimiento, incluso mientras se suavizan las previsiones macroeconómicas.
McIntosh señaló a 'Euronews' que "el impulso en la inversión de capital relacionada con la inteligencia artificial no muestra signos de desaceleración, por lo que sigue respaldando el crecimiento económico de Estados Unidos. Acaba de comenzar la temporada de resultados trimestrales en Estados Unidos y, por ahora, hay pocas pruebas de un impacto negativo del actual conflicto en Oriente Medio".
Los índices incluyen también empresas de defensa, que han registrado un buen comportamiento, con la guerra de telón de fondo empujando a los Gobiernos, en particular al de Estados Unidos, a aumentar sus presupuestos militares.
La historia también ayuda a contextualizar el rebote actual. En guerras anteriores con participación de Estados Unidos, los mercados de renta variable han experimentado a menudo episodios de volatilidad a corto plazo seguidos de fases de recuperación y alzas.
Durante la guerra de Irak de 2003, por ejemplo, el S&P 500 subió más de un 25% en el primer año completo tras el inicio de la invasión.
La guerra del Golfo de 1990-1991 registró inicialmente una caída del 11% en el índice, pero a continuación se produjo un fuerte rally de alivio tras la rápida victoria de la coalición, que se tradujo en rentabilidades positivas en el año siguiente.
Se observaron patrones similares durante las guerras de Corea y de Vietnam, cuando las bolsas registraron sólidos avances a largo plazo pese a la prolongada incertidumbre.
Los datos recopilados por el Royal Bank of Canada y otras fuentes indican que, en múltiples conflictos, las acciones subieron en el primer año de las hostilidades en torno al 60% de las ocasiones.
Los mercados han tendido a centrarse en los resultados finales más que en los choques inmediatos, premiando la resolución de los conflictos y la capacidad de adaptación de la economía. Los últimos máximos del S&P 500 y del Nasdaq subrayan este patrón persistente.
Aunque persisten riesgos si empeora el conflicto con Irán, los inversores apuestan por ahora porque la diplomacia y los fundamentales empresariales acaben imponiéndose.