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La corona noruega y el florín húngaro, protagonistas de la revolución de las divisas frente al dólar

ARCHIVO: Un empleado de una casa de cambio húngara corrige el precio de las divisas extranjeras en el centro de Budapest, en junio de 2011.
ARCHIVO: Un empleado de una casa de cambio húngara corrige el precio de las divisas extranjeras en el centro de Budapest, en junio de 2011. Derechos de autor  Copyright 2011 AP. All rights reserved.
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Por Piero Cingari
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La guerra en el Golfo, una Reserva Federal paralizada y un giro agresivo en Europa y el Pacífico: cómo diez divisas se alejan de un dólar en declive.

A comienzos de 2026, los mercados de divisas dibujaban un mundo bastante convencional, con una economía estadounidense que se desaceleraba lo suficiente después de que la Reserva Federal recortara los tipos hasta en tres ocasiones durante la segunda mitad del año pasado, con un Banco Central Europeo prudente y la mayoría de bancos centrales dispuestos a seguir la estela de Washington. El conflicto en Irán acabó con ese guion casi de la noche a la mañana.

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Los precios de la energía se dispararon, cambiaron las expectativas de inflación y los bancos centrales empezaron a hablar de subidas de tipos. La Reserva Federal, ante una combinación de inflación impulsada por la energía y una creciente incertidumbre sobre el crecimiento, ha mantenido los tipos sin cambios. Esa divergencia ha abierto la puerta a que un amplio abanico de divisas gane terreno frente al dólar estadounidense, aunque cada ganadora tiene su propia historia.

Las diez divisas con mejor comportamiento frente al dólar en 2026

El real brasileño: la operación de carry trade más rentable del mundo

La apreciación cercana al 11% del real brasileño en lo que va de año es el mejor comportamiento de cualquier divisa relevante frente al dólar estadounidense en 2026. Actúan a la vez dos fuerzas que además apuntan en la misma dirección.

La primera es el 'carry'. El tipo de referencia Selic de Brasil se sitúa en el 14,75% y, incluso después de que el banco central lo recortara en 25 puntos básicos el 18 de marzo, sigue estando unos 11 puntos porcentuales por encima del objetivo de la Reserva Federal.

Esa brecha está cerca de su nivel más amplio desde el ciclo global de endurecimiento de 2022 y genera un potente incentivo mecánico, un inversor que se financia en dólares y coloca el dinero en activos denominados en reales brasileños cobra ese diferencial como ingreso puro, a diario, mientras el tipo de cambio se mantenga estable. Cuando además el real se aprecia, como ha sucedido este año, la rentabilidad se multiplica con rapidez.

Es la expresión más sencilla de la estrategia de 'carry trade', y Brasil ofrece en estos momentos la versión más atractiva entre todos los mercados emergentes líquidos. La segunda fuerza son las materias primas. Brasil es el mayor exportador mundial de soja, mineral de hierro, carne de vacuno y azúcar, y un productor relevante de crudo.

Cuando suben los precios internacionales de las materias primas, como ha ocurrido en el entorno de shock energético de 2026, mejoran los términos de intercambio de Brasil, aumentan los ingresos por exportaciones y la demanda de reales se refuerza por una vía completamente distinta.

El atractivo del 'carry' y el viento de cola de las materias primas se refuerzan mutuamente, por eso el real se ha comportado mejor incluso que otras divisas de alto rendimiento que no cuentan con la misma cesta exportadora que Brasil.

Dólar australiano y corona noruega: materias primas y prima de tipos

El Banco de la Reserva de Australia elevó el 17 de marzo su tipo oficial hasta el 4,1%, tras otra subida en febrero, una decisión que llevó el diferencial de tipos de Australia frente a Estados Unidos a terreno positivo por primera vez desde 2017.

Tras años en los que los tipos australianos se situaban por debajo de los estadounidenses, este giro señala un cambio real en la política monetaria relativa, y la ganancia del 7% que acumula el dólar australiano en lo que va de año refleja precisamente esa nueva valoración.

La corona noruega avanza casi al unísono, con una subida de casi el 7% en lo que va de año. Como exportador importante de petróleo, Noruega es una de las pocas economías cuyos términos de intercambio mejoran cuando sube el precio del crudo.

El Norges Bank ya ha adoptado un tono más restrictivo en su comunicación y, en general, las divisas escandinavas se han beneficiado del relato de endurecimiento monetario en Europa.

El peso colombiano responde al mismo patrón, las exportaciones de petróleo dominan los ingresos externos del país y la divisa ha seguido de cerca la evolución de los precios de la energía durante 2026.

Florín húngaro: el giro más llamativo del año

La subida del 6,32% que acumula el florín húngaro en lo que va de año oculta la brusquedad del movimiento reciente. Solo en las últimas dos semanas la moneda se ha revalorizado en torno al 8%, lo que apunta a que abril de 2026 será su mejor mes desde julio de 2020.

El catalizador fue inequívoco. El 12 de abril, Hungría celebró elecciones legislativas en las que Viktor Orbán, en el poder desde hacía dieciséis años consecutivos, perdió con claridad frente a Péter Magyar, que logró una mayoría de dos tercios en el Parlamento. Para los mercados de divisas no se trata de un simple cambio de Gobierno, sino de una revisión completa del riesgo político húngaro.

Con Orbán, Hungría había mantenido un prolongado pulso con la Unión Europea por las normas sobre Estado de derecho, que se tradujo en miles de millones de euros en fondos estructurales bloqueados.

Un Gobierno abiertamente proeuropeo y con un mandato reformista cambia por completo ese cálculo, los mercados ven ahora una vía creíble para normalizar las relaciones con Bruselas y desbloquear los fondos, lo que elimina la prima de riesgo política que lastraba los activos húngaros desde hacía años.

Frantisek Taborsky, estratega de divisas y renta fija para EMEA de ING, señalaba el 14 de abril que el rally posterior a las elecciones había estado liderado sobre todo por la parte larga de la curva, con los tipos comportándose mejor que los bonos y la divisa apreciándose más lentamente de lo previsto, lo que sugiere que el mercado ya estaba muy posicionado antes de la votación.

El hilo común: la posición limitada de la Reserva Federal

Detrás de cada una de estas historias hay un mismo motor macroeconómico, la imposibilidad de la Reserva Federal de actuar ante una inflación impulsada por la guerra. Aunque la Fed ha señalado que tratará de mirar más allá del shock inflacionista provocado por el petróleo, otros bancos centrales se han movido en sentido contrario, el Banco de la Reserva de Australia ya ha subido los tipos y varios más debaten activamente nuevas alzas.

Los mercados de predicción en Polymarket sitúan la probabilidad de una subida de tipos del Banco Central Europeo en 2026 en el 76%, la de un alza del Banco de Inglaterra en el 57%, la de un aumento del Banco de Canadá en el 36% y la de una subida de la Reserva Federal en solo el 15%, una instantánea que refleja la divergencia de políticas de forma más clara que muchas previsiones.

Los analistas sénior de Danske Bank Antti Ilvonen y Rune Thyge Johansen ofrecían en su informe 'Global Inflation Watch' de abril una explicación estructural a las limitaciones de la Fed.

La inflación general en Estados Unidos subió un 0,9% en marzo respecto al mes anterior, un 3,3% en tasa interanual, impulsada por un aumento del 10,9% en el componente energético. La inflación subyacente, que excluye energía y alimentos, se situó en el 0,2% mensual, por debajo del 0,3% previsto por el consenso, mientras que la medida de servicios denominada 'super core' bajó del 0,35% al 0,18%. Su conclusión es que el impacto inflacionista de la guerra se ha concentrado hasta ahora casi por completo en la energía, con un traslado limitado a la subyacente.

Esa diferencia respalda su previsión de que la Fed reanude los recortes de tipos en septiembre. Los estrategas de tipos de Goldman Sachs George Cole y William Marshall han subrayado la magnitud del giro en la otra parte de la ecuación.

Las rentabilidades han subido en todos los mercados del G10 desde que comenzó la guerra a finales de febrero y Goldman espera ahora que seis bancos centrales del G10 suban tipos en 2026, frente a tres antes del conflicto. "Hasta ahora, los aspectos inflacionistas del shock de precios de las materias primas han pesado más que las preocupaciones por el crecimiento", afirmó Cole.

Solo a la Fed se le atribuye un escenario de recortes. A 15 de abril, la probabilidad implícita de al menos una bajada de tipos este año se sitúa en el 38%, según BBVA.

"Creemos que la valoración del mercado no es lo suficientemente acomodaticia y esperamos que vuelva a descontar al menos un recorte de tipos a finales de este año", señaló Dariusz Kowalczyk, responsable de estrategia multiactivo para Asia en el BBVA.

¿Qué podría cambiar este escenario?

Salvo que los mercados perciban un fuerte deterioro de las perspectivas de crecimiento mundial, es probable que la actual revisión de las trayectorias de los bancos centrales se mantenga. En el caso concreto de las divisas ligadas a materias primas, como la corona noruega, el dólar australiano o el peso colombiano, la otra variable clave es el petróleo.

El BBVA recuerda que la Agencia Internacional de la Energía estima que, tras la reapertura del estrecho de Ormuz, harían falta unas dos semanas para recuperar el 50% de los volúmenes de exportación del golfo Pérsico previos a la guerra y un mes para alcanzar el 80%. Una normalización de la oferta energética más rápida de lo previsto reduciría la prima ligada a las materias primas que ha impulsado al alza estas divisas.

Francesco Pesole, de ING, introdujo una nota de cautela sobre el panorama general. "Los mercados siguen muy inclinados hacia una interpretación benigna de los acontecimientos. Eso significa que ya hay mucho optimismo incorporado en los precios, lo que aumenta el potencial de rebote del dólar si las tensiones vuelven a aumentar", afirmó esta semana.

Las divisas que encabezan la clasificación este año han subido sobre la base de que las buenas noticias seguirán llegando. Si no es así, la corrección podría ser tan brusca como la subida.

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