Líderes políticos, empresariales e inversores reunidos en la cumbre del FII Institute en Roma reclaman menos barreras regulatorias y más flexibilidad para atraer inversión global y reforzar la competitividad europea.
Europa tiene ante sí una oportunidad única para captar inversiones y reforzar su autonomía estratégica, pero deberá reducir trabas regulatorias y acelerar las reformas para competir con Estados Unidos y Asia. Este es uno de los principales mensajes lanzados en la cumbre del FII Institute (Future Investment Initiative Institute) de Roma, que reúne a líderes políticos, empresariales e inversores de todo el mundo.
Si el G7 ha estado marcado por la geopolítica, Roma ha puesto el foco en la economía. Mientras los líderes de las principales democracias occidentales debatían sobre seguridad, comercio y conflictos internacionales, la cumbre FII Priority Europe ha reunido a inversores, empresarios y responsables políticos para analizar cómo Europa puede recuperar dinamismo económico y atraer el capital necesario para financiar su transformación industrial y tecnológica.
Mayor flexibilidad
Richard Attias, presidente del comité ejecutivo del FII Institute, ha lanzado un mensaje directo a los responsables políticos europeos: el continente dispone del talento, la innovación y la capacidad industrial necesarias para liderar la próxima fase del crecimiento global, pero necesita crear un entorno más favorable para la inversión.
"Europa sigue siendo uno de los mercados más atractivos del mundo, pero los inversores buscan claridad, previsibilidad y velocidad en la toma de decisiones", ha afirmado Attias durante su intervención. El ejecutivo ha defendido una mayor flexibilidad regulatoria y una simplificación de los procesos administrativos para facilitar la llegada de capital a sectores estratégicos como la inteligencia artificial, las infraestructuras digitales, la energía limpia o la industria avanzada.
Attias ha advertido de que, en un escenario de creciente competencia por la inversión global, Europa compite no solo con Estados Unidos, sino también con economías emergentes que están acelerando sus reformas para atraer empresas y grandes proyectos industriales. A su juicio, el reto no pasa por renunciar a los estándares europeos, sino por encontrar un equilibrio entre regulación, innovación y crecimiento.
"El mundo se mueve a gran velocidad y el capital también. Europa tiene una oportunidad extraordinaria para liderar la próxima transformación económica, pero debe asegurarse de que las condiciones para invertir sean tan competitivas como las de otras regiones", ha remarcado.
El responsable del FII Institute ha enmarcado este desafío dentro del debate más amplio sobre la autonomía estratégica europea y ha subrayado que la capacidad del continente para financiar su transición energética, desarrollar tecnologías propias y reforzar sus cadenas de suministro dependerá en gran medida de su habilidad para movilizar tanto capital público como privado a gran escala.
Europa, inversión a largo plazo
Un mensaje que también ha compartido Yasir O. Al Rumayyan, responsable del Public Investment Fund (PIF) de Arabia Saudí y presidente de Aramco. En su opinión, Europa se encuentra en un momento decisivo para definir su posición en la nueva economía global y ha subrayado la importancia de crear las condiciones adecuadas para canalizar inversión hacia proyectos de largo plazo. "Europa cuenta con enormes oportunidades en áreas como la transición energética, la innovación tecnológica y las infraestructuras estratégicas".
Las palabras de Al Rumayyan tienen un peso especial en los mercados internacionales: el PIF gestiona activos valorados en torno a 1,15 billones de dólares, uno de los mayores del mundo, y Aramco, la mayor compañía petrolera del planeta, registró beneficios de 93.500 millones de dólares el pasado año.
La elección de Roma como sede no es casual: para los organizadores, la capital italiana simboliza la capacidad de Europa para combinar su legado histórico con una agenda de reformas orientada al futuro, un mensaje que ha resonado durante toda la cumbre: el continente conserva un enorme atractivo para el capital global, pero deberá acelerar reformas y adaptar su marco regulatorio si quiere convertir esa ventaja potencial en crecimiento económico sostenido.