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Calor extremo en Europa: qué países afrontan los mayores costes

Foto de archivo: una farmacia muestra la temperatura, 45 grados, en Lille, Francia, el 19 de julio de 2022.
Archivo, una farmacia muestra una temperatura de 45 grados Celsius en Lille, Francia, el 19 de julio de 2022. Derechos de autor  AP Photo/Michel Spingler
Derechos de autor AP Photo/Michel Spingler
Por Doloresz Katanich
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Francia, España e Italia están entre las economías europeas más expuestas al coste del calor extremo, que según Allianz Trade podría reducir su producción hasta un siete por ciento para 2030.

El calor extremo podría convertirse en un importante lastre para el crecimiento de las mayores economías de Europa, debido a la caída de la productividad laboral y al aumento de la demanda de refrigeración, según un nuevo informe de Allianz Trade.

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De aquí a 2030, las pérdidas acumuladas de PIB podrían alcanzar entre el 5 % y el 7 % en los países más expuestos al aumento de las temperaturas. Francia encabeza la clasificación europea, con pérdidas potenciales de 240.000 millones de dólares (209.000 millones de euros) en los próximos cinco años, de acuerdo con Allianz.

Italia es la segunda economía europea más expuesta, con pérdidas previstas de 147.000 millones de dólares (128.000 millones de euros), seguida de Alemania con 131.000 millones de dólares (114.000 millones de euros) y España con 120.000 millones de dólares (104.000 millones de euros). En comparación, las pérdidas acumuladas en Japón podrían alcanzar los 354.000 millones de dólares (308.000 millones de euros).

Para calcular el posible coste económico, los investigadores asumieron que los países registrarán un aumento gradual del calor extremo entre 2026 y 2030, hasta alcanzar condiciones similares a las de su año más caluroso registrado. El análisis se basó en los cinco años más calurosos anotados por cada país entre 2014 y 2024.

Las conclusiones reflejan las preocupaciones ya expresadas por el Banco Central Europeo. En la Conferencia sobre Clima, Naturaleza y Política Monetaria celebrada en Fráncfort en mayo, el economista jefe del BCE, Philip R. Lane, afirmó que "el calentamiento global y el aumento de los fenómenos meteorológicos extremos causan daños económicos considerables".

Lane añadió que investigaciones recientes apuntan a que el PIB mundial per cápita sería hoy más de un 20 % superior si no se hubiera producido ningún calentamiento entre 1960 y 2019. Esto equivale a una reducción del 0,3 % en la tasa de crecimiento anual durante ese periodo.

Productividad perdida y aumento de la demanda de energía

Los trabajadores de la construcción, los empleados de fábrica, los conductores de reparto y los jornaleros agrícolas pierden cada vez más horas productivas durante las olas de calor, mientras las empresas se enfrentan a costes crecientes de refrigeración.

Los trabajadores de la construcción, los empleados de fábrica, los conductores de reparto y los jornaleros agrícolas pierden cada vez más horas productivas durante las olas de calor, mientras las empresas se enfrentan a costes crecientes de refrigeración.

Según Allianz Trade, cuando las temperaturas superan los 30ºC, la productividad laboral cae en torno a un 3 % por cada grado adicional, mientras que la demanda de energía aumenta aproximadamente un 1,2 % por grado, ya que hogares y empresas dependen más de los sistemas de refrigeración.

El informe atribuye las pérdidas de productividad al esfuerzo físico, al deterioro cognitivo y al peor descanso nocturno provocados por el calor extremo.

A escala mundial, la proporción de horas de trabajo perdidas por estrés térmico pasará del 1,4 % en 1995 al 2,2 % en 2030, con pérdidas mucho mayores en Asia Meridional (5,3 %) y África Occidental (4,8 %), según Allianz Trade.

El calor también ejerce presión sobre los sistemas energéticos. Por encima de los 30ºC, la demanda de electricidad aumenta de forma acusada, mientras que la capacidad de generación puede verse sometida a tensión. La combinación eléctrica europea sigue dependiendo en gran medida de la generación termoeléctrica, gas (51 %), nuclear (18 %) y carbón (17 %), todas ellas dependientes de la disponibilidad de agua y de la eficiencia de los sistemas de refrigeración.

Durante la ola de calor de 2019 en Francia, por ejemplo, la producción nuclear se redujo por las limitaciones de refrigeración, lo que tensionó la oferta y desencadenó fuertes repuntes en los precios de la electricidad.

Las infraestructuras de transporte también son vulnerables. Las altas temperaturas pueden dañar carreteras y vías férreas, provocar interrupciones del servicio y encarecer las labores de reparación.

El aumento de las temperaturas lastra el crecimiento y las finanzas públicas

El informe advierte de que el impacto económico del calor extremo va mucho más allá de la caída de la productividad.

Se espera que la inversión sufra un impacto mayor que el consumo, con un descenso medio del 8 % en la formación bruta de capital fijo en los países afectados. A medida que el calor reduce las expectativas de rentabilidad, las empresas recortan el gasto, debilitan la capacidad productiva futura y generan un lastre autocontenible para el crecimiento.

Allianz Trade prevé además que los choques relacionados con el calor generen presiones estanflacionarias, con una inflación al alza acompañada de un aumento del desempleo. Esto podría situar a los bancos centrales ante decisiones muy complejas, en particular en la eurozona, donde una única política monetaria debe servir a economías con niveles de exposición al clima muy distintos.

También se prevé que las finanzas públicas se vean sometidas a presión. Un menor nivel de actividad económica reduce los ingresos fiscales, mientras que los gobiernos se enfrentan a un aumento del gasto en prestaciones indexadas a la inflación, sanidad y reparaciones de emergencia en infraestructuras.

Las pérdidas anuales de ingresos fiscales podrían alcanzar el 1,8 % en Francia, el 1,3 % en Italia y España, y el 0,7 % en Alemania. Se estima que los saldos fiscales se deterioren en torno a un 0,5 % del PIB al año de media.

Según el informe, Italia y España corren el riesgo de rebasar el límite de déficit fijado por Maastricht una vez que se incorporan las presiones vinculadas al calor. Francia, que ya se encamina hacia un déficit presupuestario del 4,9 % del PIB, podría afrontar una carga fiscal adicional relacionada con el calor equivalente al 2,2 % del PIB.

¿Hasta qué punto está preparada Europa?

Allianz Trade concluye que ninguna gran economía europea está plenamente preparada para las consecuencias económicas del calor extremo.

España es el país que más se aproxima en materia de protección de los trabajadores, mientras que Francia destaca en normas de construcción resistentes al calor. Sin embargo, el informe concluye que ningún país combina hoy una protección amplia de trabajadores, edificios, finanzas públicas y hogares vulnerables.

La mayoría de los países europeos cuentan con estrategias de adaptación, pero son pocos los que han asignado financiación a largo plazo para respaldarlas. En su lugar, los gobiernos recurren a menudo al gasto de emergencia una vez que se producen las olas de calor.

La UE se ha comprometido a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero al menos un 55 % de aquí a 2030 en el marco de su paquete 'Fit for 55', con el objetivo de alcanzar la neutralidad climática en 2050. Bruselas sostiene que esta transición no solo ayudará a hacer frente al cambio climático, sino que también reforzará la economía del bloque al reducir la dependencia de los combustibles fósiles importados y mejorar la resiliencia frente a los riesgos climáticos.

Allianz Trade sostiene que los hogares también pueden desempeñar un papel. Los hogares europeos poseen casi 40 billones de euros en activos financieros, pero muchas viviendas siguen mal preparadas para unos veranos más calurosos. Los incentivos para mejorar el aislamiento, instalar sistemas de refrigeración y ampliar la cobertura de seguros podrían ayudar a reducir el impacto del calor extremo.

No obstante, el informe advierte de que los hogares con menores ingresos suelen ser los más vulnerables al calor y pueden no permitirse estas mejoras. Esto significa que seguirá siendo necesario el apoyo público para evitar que las medidas de adaptación agranden las desigualdades.

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