La erradicación total de la enfermedad ya no es un objetivo realista, ahora la prioridad es frenar su propagación, minimizar sus efectos y garantizar un cultivo sostenible de la vid.
La flavescencia dorada de la vid no tiene tratamiento, pero la propagación de la epidemia puede frenarse, para ello tres institutos de la red húngara de investigación HUN-REN Magyar Kutatási Hálózat han elaborado un programa que podría aportar resultados concretos en uno o dos años.
Según el comunicado, la consecución de estos resultados depende de una financiación adecuada. Las propuestas coordinadas incluyen una diagnosis más rápida, un seguimiento moderno, la modelización epidemiológica y el desarrollo de métodos de control con menor impacto ambiental.
Erradicar por completo la enfermedad ya no es un objetivo realista, hay que centrarse en frenar su expansión, reducir los daños y garantizar las condiciones de una viticultura sostenible.
El programa no sustituye las medidas inmediatas de las autoridades, sino que puede respaldarlas con intervenciones más precisas, selectivas y sostenibles, subrayan los autores del estudio que resume el programa, publicado en la revista "Növényvédelem".
Explican que la enfermedad se identificó por primera vez en viñedos húngaros en 2013 y desde entonces se ha propagado con gran rapidez, hasta el punto de que hoy se ha detectado la infección en 21 de las 22 regiones vinícolas de Hungría.
No existe tratamiento para la infección, las cepas enfermas deben arrancarse. En 2024 se arrancaron en todo el país alrededor de 47.000 cepas de vid enfermas y en 2025, debido a la intensificación de la prospección, ya fueron aproximadamente 300.000.
Esto supone la pérdida de aproximadamente 60-85 hectáreas y una merma directa de la cosecha de varias decenas de millones de forint. Añadieron que en Hungría en 2024 se vendimiaron 58.424 hectáreas y que el valor conjunto de la producción de uva y vino se acercó a los 90.000 millones de forint.
Según los autores, en Hungría solo la célebre plaga de la filoxera a finales del siglo XIX provocó una devastación comparable a la causada por esta enfermedad de la vid, transmitida por insectos cicadélidos introducidos desde América.