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Baterías viejas de coches eléctricos: una mina de oro paneuropea

Un vehículo eléctrico de BYD se carga en un concesionario en Camacari, estado de Bahía, Brasil, viernes 7 de marzo de 2025
Un vehículo eléctrico de BYD se carga en un concesionario en Camacari, estado de Bahía, Brasil, viernes 7 de marzo de 2025 -  Derechos de autor  AP
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Por Liam Gilliver
Publicado •última actualización
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Reutilizar las baterías retiradas de los coches eléctricos puede abaratar la luz en Europa y evitar que se desconecten parques eólicos y solares de las redes nacionales.

Las baterías retiradas de vehículos eléctricos (VE) podrían transformar la anticuada red energética de Europa y evitar que cada año se malgasten miles de millones de euros en electricidad. Mientras que el auge de las energías renovables ayudó a la UE el año pasado a ahorrar 51.000 millones de euros al reducir las importaciones de petróleo y gas, la infraestructura del continente tiene dificultades para seguir el ritmo de la transición hacia la energía limpia.

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Según un informe de 2026 del grupo de consultoría AFRY, encargado por la organización sin ánimo de lucro Beyond Fossil Fuels, 375 gigavatios (GW) de proyectos de energía limpia y 455 GW de proyectos de almacenamiento en baterías están actualmente atrapados en las colas de conexión a las redes de distribución de todo el continente.

Eso deja más de 100.000 millones de euros en proyectos renovables prácticamente a la espera de conectarse a la red, lo que retrasa el acceso a paneles solares y bombas de calor para los europeos que se enfrentan a facturas de energía disparadas. Pero hay una solución escondida en lo que muchos consideran un residuo.

Por qué la red energética europea tiene problemas

La red energética de Europa se construyó originalmente en torno al carbón y, más tarde, al gas, que suelen operar desde centrales situadas en puntos centrales. Sin embargo, los proyectos de energía verde como los parques eólicos y solares suelen localizarse en zonas remotas, incluso en el mar, lo que complica transportar la electricidad generada hasta los hogares y las empresas.

Las renovables como la solar y la eólica también dependen de determinadas condiciones meteorológicas para generar electricidad en lugar de responder directamente a la demanda. Cuando la oferta supera a la demanda, como ocurre a menudo, los precios de la electricidad pueden caer por debajo de cero y los operadores se ven obligados a apagar los parques eólicos y solares o a reducir su producción, una práctica conocida como recorte.

En 2024, diez TWh de energía renovable se recortaron solo en la UE, suficiente para abastecer de electricidad a tres millones de hogares durante un año entero. Esto supone unos 4.300 millones de euros en electricidad desperdiciada.

Si bien los sistemas de almacenamiento de energía en baterías (BESS) se han identificado como un factor clave para reducir el recorte en toda Europa, la inversión está muy por debajo de lo necesario. Los expertos sostienen que las baterías de VE retiradas podrían cubrir fácilmente ese vacío.

¿Podrían las baterías de VE retiradas salvar la red eléctrica europea?

Que una batería de VE sea de segunda mano no significa que no tenga utilidad. De hecho, la mayoría de las baterías de vehículos eléctricos se retiran cuando aún conservan entre el 70 y el 80 por ciento de su capacidad original. Aunque esto no basta para cumplir las exigencias del sector del automóvil, sí puede ayudar a proporcionar energía a hogares, empresas o incluso vehículos más pequeños.

"Las baterías viejas de VE son realmente una mina de oro", afirma Adrian Hiel, director de la Electrification Alliance, en declaraciones a 'Euronews Earth'. "Aunque su rendimiento haya disminuido hasta el punto de que ya no sean adecuadas para un coche, pueden tener fácilmente una segunda vida, medida en décadas, como almacenamiento para la red, para empresas o para uso doméstico".

Actualmente, Europa depende de las baterías procedentes de VE con más de diez años de antigüedad o de vehículos que han sufrido accidentes. El problema es que Europa no compraba muchos VE hace una década y que los coches de entonces tenían baterías mucho más pequeñas, muchas de ellas de solo 22 kWh o 24 kWh.

Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), en 2016 solo se vendieron 215.000 VE en Europa, frente a los 4,2 millones vendidos el año pasado. Esto supone un aumento del 1.853%. "En cambio, los coches modernos pueden llevar baterías de entre 50 kWh y 100 kWh", explica Hiel. "Así que estamos asistiendo a dos tendencias diferentes que podrían cambiar radicalmente la red en diez o quince años".

Habrá muchas, muchísimas más baterías de VE disponibles para usarse como almacenamiento en la red y cada una de esas baterías será mucho más grande.
Adrian Hiel
Director de Electrification Alliance

El año pasado, la UE añadió 27 GWh de baterías a la red. Al mismo tiempo, el bloque incorporó unas cuatro o cinco veces más almacenamiento en forma de VE. "Cuando esos VE se retiren y sus baterías pasen a ser almacenamiento independiente, se transformará la forma en que se gestiona y se explota la red", añade Hiel. "Con cada año que pase y a medida que aumenten esos niveles de almacenamiento, deberíamos ver descensos de precios cada vez mayores en la electricidad, es un círculo virtuoso muy prometedor".

Europa corre el riesgo de convertirse en un cementerio de baterías de VE

Más de un millón de baterías de VE podrían llegar al final de su vida útil de aquí a 2030, según la AIE. Si no se reorientan de forma eficiente hacia la red, los expertos advierten de que se convertirán en una de las corrientes de residuos de más rápido crecimiento del mundo.

Aunque las baterías de VE pueden reciclarse, es un proceso notoriamente difícil y costoso. Antes incluso de iniciar el reciclaje, la batería debe pasar por una fase de preparación que lleva tiempo y que incluye su descarga, desmontaje y separación de componentes.

También existen riesgos de seguridad asociados a las reacciones químicas utilizadas para reciclar las baterías, que pueden liberar sustancias tóxicas como el ácido fluorhídrico. Estos compuestos suponen un grave peligro para la salud y la seguridad de los trabajadores e incluso pueden dañar los equipos de las plantas de reciclaje. Aunque los expertos reclaman una expansión de la infraestructura de reciclaje para recuperar minerales críticos de las baterías de VE, integrarlas en la red podría ser más útil.

Los paneles solares producen electricidad durante el día, cuando hace sol, pero ese es el momento en que el consumo eléctrico en los hogares es más bajo, porque la gente suele estar fuera por trabajo o en la escuela. En lugar de desperdiciarse, ese exceso de energía podría almacenarse en baterías de VE de segunda vida y utilizarse más tarde, por la noche, cuando la demanda doméstica alcanza su máximo.

"Esta es la famosa 'curva del pato', en la que el consumo de la red baja durante el día y luego aumenta muy deprisa cuando se pone el sol y la gente vuelve a casa del trabajo", explica Hiel. "Y no se trata solo de la solar, la eólica también se beneficiará. Las baterías desplazarán la solar del mediodía al pico de la tarde en verano y desplazarán la eólica de la noche a los picos diurnos en invierno".

La idea ya se está aplicando en todo el mundo. En California, por ejemplo, una instalación de 12 megavatios hora (MWh) del desarrollador de sistemas energéticos B2U utiliza cientos de baterías Honda de VE de segunda vida que se cargan con 1,5 MW de generación solar. El proyecto vende electricidad y servicios de apoyo a la red en el mercado del operador independiente del sistema de California.

Y en regiones más remotas, las baterías de VE de segunda vida pueden ayudar a ofrecer un suministro mucho más asequible para las comunidades. El Banco Mundial calcula que se necesitan más de 160.000 mini redes para satisfacer las necesidades de acceso a la energía en África Subsahariana, conectando a 380 millones de personas a una energía fiable.

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