El rey Carlos III se ha convertido en el primer monarca británico en ejercicio en hacer pública su declaración fiscal personal, revelando parte de unas finanzas reales ocultas durante siglos y confirmando que figura entre los mayores contribuyentes del país.
En una ruptura con la larga tradición de secretismo financiero de la monarquía, el Palacio de Buckingham reveló el jueves que el rey pagó 12,9 millones de libras (15 millones de euros) en impuestos correspondientes al ejercicio fiscal 2024-2025, la primera vez que una cifra de este tipo se hace pública.
La suma probablemente sitúe al rey Carlos III entre los mayores contribuyentes del Reino Unido.
La revelación, que según el Palacio de Buckingham se ha hecho por deseo expreso del rey dentro de un impulso de mayor transparencia, también desveló que el monarca pagó 11,7 millones de libras (13,5 millones de euros) el año anterior y más de 30 millones de libras (34,8 millones de euros) en total desde que accedió al trono en septiembre de 2022.
El hijo mayor y heredero de Carlos, el príncipe Guillermo, también hizo públicos por primera vez sus datos fiscales, tras haber pagado voluntariamente más de 20 millones de libras (23,2 millones de euros) en impuestos desde que heredó el título de príncipe de Gales cuando su padre se convirtió en rey.
Lo que hace inusuales estas cifras es que el rey no tiene ninguna obligación legal de pagar buena parte de estos impuestos. Los monarcas británicos están exentos del impuesto sobre la renta y del impuesto sobre las plusvalías y, algo clave, no abonan impuesto de sucesiones por los bienes que se transmiten de un soberano al siguiente, una exención que se remonta a un acuerdo de 1993.
El rey Carlos III paga en cambio voluntariamente el impuesto sobre la renta y el de plusvalías, siguiendo una práctica iniciada por su difunta madre, la reina Isabel II.
La mayor parte de los ingresos privados del rey procede del Ducado de Lancaster, una finca centenaria de tierras agrícolas y propiedades comerciales valorada en cientos de millones de libras, que el año pasado generó en torno a 25 millones de libras (29 millones de euros) para el monarca.
Otros ingresos proceden de sus propiedades privadas en Balmoral y Sandringham, así como de inversiones personales.
La apuesta por la transparencia choca con críticas persistentes
El momento elegido no es casual.
La Casa Real se ha visto sometida a una creciente presión para abrir sus cuentas tras el escándalo que rodea al hermano del rey, Andrew Mountbatten-Windsor, el antiguo príncipe Andrés, investigado por la policía a raíz de acusaciones relacionadas con su relación con el fallecido delincuente sexual Jeffrey Epstein.
La publicación de los datos fiscales se presentó junto a otros intentos de modernizar la institución, entre ellos la confirmación de que el rey Carlos III no residirá en el Palacio de Buckingham cuando concluyan las obras de renovación, valoradas en 369 millones de libras (428 millones de euros).
Sin embargo, no todos quedaron convencidos.
Graham Smith, del grupo antimonárquico Republic, sostuvo que la cifra global dice poco sin un desglose detallado de los ingresos del rey y acusó al palacio de presentar a Carlos III como un generoso contribuyente a las arcas públicas mientras deja sin respuesta las cuestiones de fondo.
Estas críticas se ven reforzadas por el volumen de fondos públicos que recibe la monarquía, ya que la 'Sovereign Grant' financiada por los contribuyentes está previsto que aumente hasta 137,9 millones de libras (160 millones de euros) en 2026-2027, aunque las autoridades han confirmado que se reducirá a unos 100 millones de libras (116 millones de euros) anuales a partir de 2027.
Con todas las salvedades, el momento sigue siendo histórico.
Por primera vez en la historia británica moderna, la ciudadanía puede saber cuánto ha pagado voluntariamente en impuestos un monarca reinante, aunque la imagen completa de la fortuna real siga bien resguardada tras los muros del palacio.