La primera mitad de 2026 ha premiado a quienes apostaron por el engranaje que impulsa la IA y castigado a los que se volcaron en las criptomonedas y el oro, mientras el auge tecnológico reordena los activos ganadores y perdedores.
A mitad de un año turbulento, se ha dibujado un patrón claro en los mercados mundiales, todo lo vinculado al despliegue físico de la inteligencia artificial (IA) se ha disparado, mientras que varios activos a los que los inversores recurren tradicionalmente en tiempos de incertidumbre han tropezado.
La guerra en Oriente Medio, la agitación política y un repunte del precio del petróleo sirvieron de telón de fondo, y aun así las bolsas de varias regiones lograron marcar nuevos máximos históricos.
Según Dan Coatsworth, responsable de mercados de AJ Bell, las empresas que se han beneficiado directamente del boom de gasto en IA han sido las grandes inversiones destacadas de la primera mitad del año, mientras que Bitcoin resultó "un fiasco" y el oro perdió brillo.
Se trata, subrayó Coatsworth, de una racha de acontecimientos notable para solo medio año de negociación.
Las subidas más espectaculares llegaron desde un rincón poco glamuroso del mundo tecnológico, las firmas que fabrican chips de memoria.
A medida que la fuerte demanda de capacidad de cálculo para IA chocaba con una oferta limitada, los precios se dispararon y arrastraron con ellos a las cotizaciones. SanDisk lideró el mercado estadounidense con una ganancia superior al 850% en seis meses, mientras que Western Digital, Micron Technology y Seagate Technology más que triplicaron su valor, un ritmo de rentabilidad que en circunstancias normales tardaría muchos años en lograrse.
El motor de estas subidas es la enorme cantidad de memoria y almacenamiento de alta velocidad necesaria para entrenar y hacer funcionar sistemas de IA, mientras las grandes tecnológicas se apresuran a ampliar sus centros de datos.
Otros valores estadounidenses que se dispararon al calor de la apuesta por la IA incluyen Intel, Dell, Advanced Micro Devices (AMD) y Applied Materials, que acumulan alzas de entre el 150% y el 280% en lo que va de año.
El furor también impulsó a los mercados emergentes, donde fabricantes asiáticos de chips como TSMC y SK Hynix tienen un peso considerable, lo que ayudó al KOSPI de Corea del Sur a duplicar su valor, al Nikkei 225 de Japón a subir en torno al 40% y al índice MSCI de mercados emergentes a avanzar aproximadamente un 27%.
En Europa, el FTSE 100 ganó un 7% en la primera mitad del año, el CAC 40 francés subió un 5% y el DAX alemán avanzó un 2%. En cambio, el índice MSCI India cayó un 5% y el Hang Seng de Hong Kong perdió un 6%.
Con todo, en los últimos días el rally de los fabricantes de memoria ha empezado a deshacerse, y varios de esos mismos valores se han visto atrapados en una fuerte corrección tecnológica.
Los antiguos favoritos, las opa y las apuestas que se enfrían
La otra cara de la moneda ha sido especialmente dura para los ganadores de ayer.
Las antiguas niñas bonitas de la IA, Meta y Microsoft, se quedaron atrás, con caídas del 14% y del 24% respectivamente en términos de rentabilidad total, ya que el fuerte gasto en IA convirtió a estos gigantes tecnológicos en compañías más voraces en capital y los inversores dejaron de pagar una prima por sus acciones.
Microsoft cotiza ahora en su nivel más barato de la última década, de modo que tanto ella como Meta presentan valoraciones más modestas que la de McDonald's, algo que pocos habrían imaginado en pleno furor por las "Magníficas 7".
En otros ámbitos, los activos que muchos esperaban que liderasen el año decepcionaron.
El oro hizo pasar a los inversores por una montaña rusa. Tras dispararse hasta un máximo histórico de 5.594,82 dólares la onza el 29 de enero, el metal precioso perdió alrededor de un 28% desde ese pico, pese a las tensiones geopolíticas que normalmente impulsarían a los inversores hacia activos refugio. Su atractivo se vio mermado por el aumento de las rentabilidades de la deuda y de los tipos de los depósitos, que ofrecen una renta de la que un lingote de oro carece.
A Bitcoin le fue aún peor, con un descenso del 28% desde comienzos de año, a medida que se desinflaba el entusiasmo por las criptomonedas y el dinero se desplazaba hacia las acciones tecnológicas.
En el Reino Unido, las opa hicieron buena parte del trabajo pesado.
Seis compañías del FTSE 100, entre ellas Glencore, Schroders y Segro, atrajeron interés comprador en la primera mitad del año, una señal de que los potenciales adquirentes siguen viendo valor en las grandes cotizadas británicas pese a tres años de reajuste de valoraciones.
Las constructoras de viviendas como Persimmon se vieron lastradas por la debilidad del mercado inmobiliario, mientras que compañías cercanas al sector tecnológico, como Experian y RELX, quedaron atrapadas en los temores a que la IA altere sus modelos de negocio.
Una apuesta que se enfrió de forma llamativa fue la de defensa.
Tras un fulgurante 2025, valores como BAE Systems, la alemana Rheinmetall o la estadounidense Palantir cedieron terreno, al considerar el mercado que las buenas noticias sobre el aumento de los presupuestos militares ya estaban plenamente recogidas en los precios y que había mejores oportunidades en otros segmentos.
Este artículo no constituye asesoramiento financiero. Investigue siempre por su cuenta y tome sus decisiones de inversión de acuerdo con sus circunstancias personales.