La inflación alimentaria en Europa se modera, pero el encarecimiento de petróleo y fertilizantes aún puede encarecer precios, y economistas creen que el clima extremo influirá más que la guerra de Irán.
La inflación de los alimentos se ha ido moderando en la eurozona, pese a que se esperaba que el encarecimiento de la energía y de los fertilizantes tras la guerra de Irán impulsara de nuevo los precios.
Sin embargo, los economistas de Oxford Economics y Deutsche Bank prevén que la inflación de los alimentos repunte de nuevo el año que viene, a medida que los mayores precios de las materias primas se trasladen a la cadena de suministro y que el episodio de meteorología extrema de este verano dañe las cosechas en toda Europa.
Los economistas señalan que los precios de los alimentos suelen reaccionar con retraso, porque el aumento de los costes energéticos y de los fertilizantes lo absorben primero los agricultores antes de trasladarlo a los transformadores, los mayoristas y, finalmente, a los supermercados.
Oxford Economics prevé que la inflación de los alimentos en la eurozona suba hasta alrededor del 3% en 2027, desde el 1,6% registrado en junio de este año.
Calcula que el efecto del clima por sí solo podría sumar hasta un punto porcentual a la inflación de los alimentos el año que viene.
Los economistas de Oxford esperan que la inflación de los alimentos se mantenga por debajo de la previsión del BCE, del 2,6% para este año, y que siga por debajo del 2% durante el resto de 2026 antes de repuntar en 2027.
"La escasez de fertilizantes debido al bloqueo del estrecho de Ormuz y la subida de precios ha sido menos grave de lo previsto, pero afectará al rendimiento de las explotaciones", señalan el economista sénior Tomas Dvorak y el economista jefe Ricardo Amaro.
Los economistas de Deutsche Bank han constatado que, pese a que los precios del petróleo y de los fertilizantes han retrocedido desde sus máximos, el shock de materias primas de marzo a junio aún podría encarecer los alimentos alrededor de un 1,3% en el Reino Unido y de un 0,8% en la zona del euro durante el próximo año. Eso añadiría aproximadamente entre 0,1 y 0,15 puntos porcentuales a la inflación general.
Oxford Economics estima que el reciente shock de materias primas por sí solo podría sumar en torno a 0,5 puntos porcentuales a la inflación de los alimentos en la eurozona en los próximos 12 meses, con los alimentos sin procesar previsiblemente más afectados que los productos transformados en una primera fase. Calcula además que las olas de calor de este verano podrían añadir hasta otro punto porcentual el año que viene.
Antes de la guerra de Irán, el precio al contado del crudo Brent, referencia internacional, se situaba en torno a 72,50 dólares por barril. Las perturbaciones de la oferta durante el conflicto hicieron que el precio se disparara hasta 118 dólares por barril, antes de retroceder de nuevo hasta unos 83 dólares tras el alto el fuego.
Deutsche Bank prevé que los precios desciendan gradualmente en los próximos meses, según señalan los mercados de futuros. No obstante, una reanudación del conflicto podría cambiar ese escenario.
Al mismo tiempo, uno de los fertilizantes nitrogenados más utilizados, la urea, también registró un fuerte aumento de su precio al contado al inicio de la guerra de Irán antes de volver a bajar. Los precios minoristas de los alimentos aún no han reflejado plenamente estas oscilaciones.
Sin embargo, los economistas del banco advierten de que, aunque los precios del petróleo y de los fertilizantes han retrocedido desde sus máximos, las nuevas tensiones en Oriente Medio han vuelto a impulsar al alza la energía, lo que aumenta el riesgo de nuevas presiones inflacionistas.
El incremento de los costes de la energía y de los fertilizantes se traslada a los precios de los alimentos a través de dos vías principales. En primer lugar, la energía se utiliza en toda la cadena alimentaria, desde los tractores y el transporte hasta la transformación, el envasado y la refrigeración, lo que encarece la producción. En segundo lugar, el precio de los fertilizantes sube en paralelo al del gas natural, lo que eleva los costes de los agricultores. Estos costes tardan en llegar a los lineales de los supermercados: los precios de la energía pueden repercutirse en el coste de los fertilizantes en cuestión de semanas, pero el menor uso de fertilizantes o los cambios en la planificación de cultivos suelen traducirse en un aumento de los precios de los alimentos solo después de la siguiente cosecha.
Precios actuales de los alimentos
La inflación de los alimentos en la eurozona ha bajado del 2,5% interanual en diciembre de 2025 al 1,6% en junio de 2026, según la estimación preliminar de Eurostat. Es el dato más bajo de inflación armonizada de los alimentos desde mediados de 2021.
Los principales indicadores adelantados apuntan a que la inflación de los alimentos podría mantenerse contenida el resto del año. Los menores precios se han visto favorecidos por una abundante cosecha de cereales en 2025 y por un exceso de oferta de leche cruda, que ha abaratado los productos lácteos. También se han moderado las turbulencias anteriores a escala mundial, ya que los precios del chocolate, el cacao y el café se han estabilizado tras dispararse en 2025. Mientras tanto, el aceite de oliva sigue abaratándose tras los máximos históricos de 2022 y el descenso de los costes energéticos ha reducido los costes de transformación de los alimentos.
Oxford Economics prevé que estos factores sigan contribuyendo a una menor inflación de los alimentos en los próximos meses.
Deutsche Bank señala además que los productos lácteos, el azúcar y los dulces, y el café figuraron entre los mayores impulsores de la inflación de los alimentos en 2025, aunque su aportación se ha reducido desde entonces. Los precios de la carne, pese a haberse moderado desde el máximo del año pasado, siguen siendo el componente que más pesa en la inflación alimentaria.
Casi la mitad de los productos alimenticios se ha abaratado en los últimos tres meses, mientras que solo en torno a un 20% ha registrado subidas de precios superiores al 2%, lo que apunta a una inflación de los alimentos débil en los próximos meses, según Oxford Economics.
Los precios mundiales de los alimentos y de los fertilizantes suelen tardar alrededor de un año en trasladarse a los lineales de los supermercados. Por ahora se han estabilizado en gran medida, mientras que los precios en origen y al por mayor siguen apuntando a una inflación de los alimentos contenida.
Oxford Economics ha rebajado su previsión de inflación de alimentos, alcohol y tabaco al 2,1% en 2026.
"Pero creemos que la inflación de los alimentos sigue preparada para acelerarse, solo que con un desfase mayor del que habíamos supuesto inicialmente", señala el informe.
Las olas de calor de este año encarecen la alimentación del próximo año
Oxford Economics espera que los precios de los alimentos se aceleren en 2027 a medida que los mayores costes de la energía, el procesado y el envasado se vayan trasladando a la cadena de suministro. Calcula que estos factores podrían añadir entre 0,5 y 0,7 puntos porcentuales a la inflación de los alimentos, con los alimentos sin procesar reaccionando previsiblemente antes que los productos transformados.
Las olas de calor extremas que se están registrando este año en el continente podrían tener un impacto aún mayor.
"Creemos que las olas de calor de este verano serán un factor de presión al alza sobre los precios de los alimentos más importante el año que viene que la propia guerra", escriben los economistas.
Las olas de calor de este verano y unas condiciones inusualmente cálidas y secas podrían tener un impacto mayor en los precios de los alimentos que el propio shock de materias primas. Los daños en las cosechas ya se consideran inevitables y nuevas olas de calor podrían reducir todavía más las producciones, lo que presionaría al alza la inflación de los alimentos en 2027.
Un episodio intenso del fenómeno El Niño-Oscilación del Sur (ENSO) podría estar intensificando además los fenómenos meteorológicos extremos, aumentando el riesgo de nuevas perturbaciones.
"El impacto adverso del clima podría seguir acumulándose debido al carácter especialmente intenso de El Niño este año. Estimamos que añadirá hasta un punto porcentual a la inflación de los alimentos el año que viene y elevaremos nuestra previsión para 2027 hasta alrededor del 3%", señala Oxford Economics.
Se prevé que el salto de los precios se concentre en la primera mitad de 2027, antes de moderarse gradualmente en la segunda mitad del año.
El coste a largo plazo de las olas de calor
Oxford Economics cita un documento de trabajo del BCE de 2023 que concluye que el aumento de las temperaturas empuja al alza los precios de los alimentos y la inflación general con el paso del tiempo, con un efecto especialmente acusado en los alimentos. El estudio también detecta que las temperaturas más altas pueden seguir afectando a la inflación hasta durante 12 meses después del shock meteorológico inicial.
El documento de trabajo del BCE estima que, de aquí a 2035, el calentamiento global podría aumentar la inflación media anual de los alimentos en el mundo entre 0,92 y 3,23 puntos porcentuales, según el escenario climático. También concluye que la ola de calor de 2022 en Europa elevó la inflación de los alimentos en el continente en 0,67 puntos porcentuales y la de la zona del euro en 0,78 puntos, con efectos más acusados en el sur de Europa.
Pero las futuras olas de calor podrían tener un impacto aún mayor en los precios de los alimentos. Si el calentamiento continúa, se espera que el efecto inflacionista de los veranos extremos siga aumentando. El BCE calcula que, si se produjera una ola de calor similar a la de 2022 bajo las condiciones climáticas previstas para 2035, la inflación de los alimentos en Europa aumentaría en torno a un punto porcentual, frente a los 0,67 puntos actuales. Los investigadores sostienen que, a medida que el clima se calienta, los cultivos se vuelven más vulnerables al estrés térmico, de modo que es probable que una ola de calor equivalente provoque mayores pérdidas de cosecha y una presión más intensa sobre los precios de los alimentos.