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Japón rompe un techo de 30 años en sus bonos mientras EE.UU. presiona a Tokio

Archivo - la presidenta del BCE Christine Lagarde y el ministro de Finanzas japonés Satsuki Katayama llegan a la reunión del G20 en Asheville, EEUU, el 31 de agosto de 2026
ARCHIVO - Christine Lagarde, presidenta del BCE, y ministro de Finanzas japonés Satsuki Katayama llegan a la reunión del G20 en Asheville, Carolina del Norte, el 31 ago 2026 Derechos de autor  AP Photo/Gerald Herbert
Derechos de autor AP Photo/Gerald Herbert
Por Quirino Mealha
Publicado última actualización
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El rendimiento del bono japonés a 10 años alcanzó el 3 % el martes, su nivel más alto desde 1996, en plena venta global de deuda. Al mismo tiempo, el secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent, aprovechó la reunión del G20 para presionar a Tokio a acelerar las subidas de tipos.

El tercer mayor mercado de bonos del mundo rompió el martes un techo que había mantenido durante tres décadas, aunque lo más llamativo es la velocidad del ascenso.

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La rentabilidad de los bonos japoneses a diez años alcanzó un nivel no visto desde septiembre de 1996, impulsada por la inflación, las dudas sobre las cuentas públicas y la casi certeza de que el Banco de Japón endurecerá su política este mes, una expectativa que se está fomentando activamente desde Washington en la reunión del G20 en Carolina del Norte.

El rendimiento a diez años de Japón se ha más que triplicado en dos años y casi se ha duplicado desde que la primera ministra Sanae Takaichi asumió el cargo el pasado octubre con un programa de expansión fiscal que los inversores más preocupados consideran imprudente.

Los vencimientos más cortos también están en niveles extremos, con el bono japonés a cinco años en un máximo histórico y el de dos años en su cota más alta en más de tres décadas.

El motor inmediato es la política monetaria, ya que el tipo oficial del Banco de Japón se sitúa en el 1%, un nivel que no se veía desde hace 31 años y al que se ha llegado mediante una lenta secuencia de subidas, primero del 0,5% al 0,75% en diciembre pasado y después hasta el 1% en junio.

El banco se reunirá los días 17 y 18 de septiembre, y los mercados descuentan entre un 80% y un 90% de probabilidad de una nueva subida hasta el 1,25%, lo que supondría un aumento de 0,75 puntos en el tipo de referencia de Japón en solo nueve meses.

La oleada de ventas de bonos tampoco se limita a Tokio.

Las rentabilidades de la deuda soberana mundial alcanzaron su nivel más alto desde 2008, con un índice de Bloomberg sobre bonos públicos subiendo por cuarto día consecutivo hasta el 3,72%, mientras la escalada del precio del petróleo alimentaba los temores de inflación y el tono agresivo del presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, en su discurso en Jackson Hole reforzaba la probabilidad de una subida de tipos en Estados Unidos.

Por ejemplo, los bonos del Tesoro estadounidense a treinta años atraviesan actualmente su peor racha desde 2006.

Washington presiona a Tokio: quiere subidas de tipos más rápidas

El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, dedicó el primer día de la reunión del G20 en Asheville, Carolina del Norte, a empujar a Japón hacia una política monetaria más restrictiva.

"Tengo información de la que el mercado carece, y creo que el Gobierno japonés y el Banco de Japón harán lo necesario para lograr un yen más fuerte", declaró públicamente durante el encuentro.

Al ser preguntado directamente por los periodistas si se refería a tipos de interés más altos, Bessent respondió: "Creo que el mercado ya está descontando eso".

Un día antes, el secretario del Tesoro estadounidense había ido más lejos al afirmar que esperaba que el gobernador del Banco de Japón, Kazuo Ueda, "hiciera lo correcto" en materia de política monetaria.

Según la radiotelevisión pública japonesa NHK, que citaba una entrevista con la subsecretaria del Tesoro estadounidense para Asuntos Internacionales, Erin Browne, Bessent trasladó tanto a Ueda como a la ministra de Finanzas Satsuki Katayama que el siguiente paso de Japón debería ser una subida de tipos, y pidió a Tokio que señalara que está poniendo las finanzas públicas en una senda sostenible.

ARCHIVO. La subsecretaria del Tesoro de Estados Unidos para Asuntos Internacionales Erin Browne conversa con el secretario del Tesoro de Estados Unidos Scott Bessent en el G20 en Asheville, Carolina del Norte, 31 ago. 2026
ARCHIVO. La subsecretaria del Tesoro de Estados Unidos para Asuntos Internacionales Erin Browne conversa con el secretario del Tesoro de Estados Unidos Scott Bessent en el G20 en Asheville, Carolina del Norte, 31 ago. 2026 AP Photo/Gerald Herbert

Sin embargo, la versión de Katayama sobre esa misma reunión fue más limitada.

"Confirmamos que un tipo de cambio ordenado del yen es esencial para la estabilidad de los mercados financieros globales, incluidos los de Estados Unidos, y que los esfuerzos coordinados y continuados de Japón y Estados Unidos contribuyen a alcanzar este objetivo compartido", explicó la ministra japonesa de Finanzas a los periodistas.

Katayama afirmó que la política monetaria no se abordó en absoluto, evitó pronunciarse sobre si los niveles actuales del yen son ordenados y antes había descrito la declaración conjunta sobre la intervención como algo que "fue muy contundente y sigue vigente".

Un alto cargo del Ministerio de Finanzas fue más explícito, al señalar que el Banco de Japón fija su política en función de la economía japonesa y no de lo que le diga Washington.

En última instancia, lo que vigila Washington es la divisa.

El yen japonés se negoció en torno a 160 por dólar el martes, el nivel que los mercados consideran el umbral para una nueva intervención, alrededor de un 3% por encima de los mínimos marcados tras debilitarse hasta su punto más bajo desde la inusual operación conjunta que Estados Unidos y Japón llevaron a cabo a finales de julio.

Bessent describió los movimientos recientes como no desordenados, lo que apunta menos a una repetición de aquella intervención y más a las subidas de tipos como remedio preferido.

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