Se espera que el presidente chino Xi Jinping se reúna la próxima semana en Washington con el presidente estadounidense Donald Trump, con la tregua comercial a punto de expirar y miles de millones en alivios arancelarios y IA sobre la mesa, mientras ambas economías necesitan mantener la relación.
Esta es la visita de retorno.
El presidente estadounidense Donald Trump viajó a Pekín en mayo, y ahora se espera que el presidente chino Xi Jinping acuda a su encuentro, con llegada prevista para el próximo miércoles y salida el viernes junto a su esposa, Peng Liyuan, evitando por completo la Asamblea General de la ONU.
Pekín todavía no ha dado la confirmación definitiva, a la espera de la reunión este fin de semana entre el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, y el vice primer ministro chino He Lifeng.
La visita prevista a Washington es la primera de Xi desde 2015, y dos visitas de Estado entre Estados Unidos y China en un plazo de cinco meses resultan muy inusuales. Sin embargo, las expectativas son deliberadamente modestas.
"La visita es el mensaje", afirmó Edgard Kagan, asesor principal en estudios sobre China en el Center for Strategic and International Studies (CSIS).
"Ha habido una sorprendente falta de señales, tanto por parte de la Casa Blanca como de la República Popular China, sobre los grandes objetivos de la visita", añadió Kagan.
Qué hay realmente sobre la mesa
El contenido comercial empieza antes de que ninguno de los dos líderes hable.
Bessent se reúne con Lifeng este fin de semana, ya que ambos han llevado la mayor parte de las negociaciones prácticas, y su tarea es llegar con resultados concretos.
El elemento central es la tregua alcanzada en Busan el 30 de octubre de 2025, que suspendió la norma de Washington sobre filiales a cambio de que continuaran las exportaciones chinas de tierras raras y minerales críticos.
Esa tregua tiene una vigencia de un año y expira aproximadamente cinco semanas después de la cumbre. Ambas partes quieren prorrogarla, pero no por el mismo periodo.
"Los chinos quieren un acuerdo que extienda el alto el fuego comercial hasta el final del mandato de Trump", señaló Scott Kennedy, responsable de la cátedra sobre empresa y economía china en el CSIS.
"La administración Trump solo quiere ampliarlo unos meses para mantener su capacidad de presión sobre China. Creo que acabarán en un punto intermedio, probablemente en torno a un año", estimó Kennedy.
Pekín espera algo más que una simple prórroga.
Según Kagan, los chinos prevén el anuncio de unos 30.000 millones de dólares (26.000 millones de euros) en importaciones libres de aranceles o con aranceles reducidos a cambio de cumplir los compromisos de compra que asumieron en mayo, mientras que Washington confía en arrancar nuevos compromisos de compra a cambio.
Es probable que se cierren acuerdos en agricultura y aeronáutica, posiblemente con ceremonias de firma, y Trump ya ha dejado caer que Boeing podría estar entre los beneficiados.
Dos economías bajo presión
Trump afronta en noviembre unas elecciones de mitad de mandato que se librarán en torno al coste de la vida, con el diésel por encima de seis dólares el galón y una inflación enquistada en el 3,4 %. Necesita logros que se reflejen en los precios.
El problema de Xi, sin embargo, es más profundo.
Las ventas minoristas apenas crecieron un 0,4 % en agosto, mientras que la inversión en activos fijos se contrajo un 7,2 % en los ocho primeros meses de 2026 en comparación con el mismo periodo de 2025. Pekín también ha inyectado 360.000 millones de yuanes (46.000 millones de euros) en bancos y aseguradoras estatales para mantener el flujo de crédito.
El objetivo oficial de crecimiento para China, entre el 4,5 % y el 5 %, es el más bajo en décadas, y Kennedy sostiene que incluso esa cifra ofrece una imagen demasiado benévola.
"China afronta un montón de desafíos", dijo, y añadió que "está creciendo muy, muy lentamente, no al 5 % ni cerca de esa cifra. Tiene un problema de deuda enorme y el desempleo está aumentando, no solo entre los jóvenes, sino también entre otros grupos".
Aun así, Kennedy sostiene que el marco de la cumbre favorece a Pekín y describe la estrategia estadounidense como un fracaso a la hora de contener a China de manera significativa.
Los líderes empresariales a ambos lados
La cena de Estado, que se celebrará en una carpa en el jardín de la Casa Blanca porque el nuevo salón de baile aún no está terminado, contará con una lista de invitados poco habitual.
Sam Altman, de OpenAI, Jensen Huang, de Nvidia, Cristiano Amon, de Qualcomm, y el presidente de Apple, Tim Cook, figuran entre los asistentes previstos, según 'Politico', que cita a cuatro personas al tanto de los preparativos.
Llegan en plena disputa interna del propio sector de la inteligencia artificial.
Dario Amodei, de Anthropic, publicó este mes un ensayo en el que pide a los laboratorios que frenen el desarrollo de frontera, una posición que Altman y Elon Musk han respaldado. Trump la rechazó de plano, al afirmar que "quien gane la IA lo ganará todo".
Huang ha descartado los escenarios catastróficos por considerarlos histéricos y sostiene que las propias empresas deben marcar su ritmo, al señalar que "si no está listo, simplemente retíralo. Debes ir tan rápido como puedas, pero no más rápido que eso".
Anthropic declinó decir si había sido invitada. Altman, por su parte, ha sugerido que Trump y Xi podrían ganar el Premio Nobel de la Paz si alcanzan un acuerdo sobre la IA, lo que da una idea de lo mucho que la industria se juega en esta reunión.
Según se ha informado, Xi llevará su propia delegación, y Kennedy considera que este es uno de los grandes interrogantes de la semana, con la cúpula de BYD entre los nombres que se barajan.
Si esos ejecutivos llegan a disponer de algún tipo de plataforma, señala, es una de las pocas incógnitas verdaderas de la visita.
La geopolítica que puede descarrilar la cumbre
Al margen de las cuestiones económicas y tecnológicas, los dos líderes llegan a la reunión con prioridades geopolíticas distintas.
Irán es la de Trump.
Washington lanzó en agosto la Operación 'Economic Outcast' para aislar a Teherán del sistema financiero global, y China sigue siendo el mayor socio comercial de Irán.
Llama la atención que Pekín ha estado comprando más petróleo en el mercado abierto, algo que, según Kagan, refleja una reducción de sus adquisiciones a Irán y que por sí mismo podría mover los precios.
Taiwán es la de Xi.
Un paquete de armas de 14.000 millones de dólares (12.000 millones de euros) para Taiwán fue preaprobado por el Congreso estadounidense en enero, pero aún no se ha notificado formalmente, un retraso que se interpreta como un intento de evitar un probable motivo de fricción antes de esta cumbre y, anteriormente, antes de la visita de Trump a China.
Pekín quiere sin duda que esa congelación se prolongue y, quizá, que se reconsidere la decisión.