Cada año, el 31 de mayo, Kazajistán conmemora a los millones de personas que fallecieron durante la hambruna y la represión política de la era soviética.
En los años 30, la colectivización forzosa destruyó el modo de vida nómada, diezmó el ganado y desencadenó una hambruna masiva que mató a unos dos millones de kazajos y desplazó a cientos de miles.
Al mismo tiempo, las purgas estalinistas se cebaron con la élite intelectual kazaja. Hubo miles de personas detenidas, ejecutadas o enviadas a campos de trabajo como KarLag, uno de los mayores de la URSS.
Las historias personales desvelan el coste humano: familias destrozadas, niños estigmatizados y vidas marcadas por el miedo. Figuras prominentes como la de Saken Seifullin fueron ejecutadas a pesar de su pasado revolucionario. Los supervivientes y su descendencia se enfrentaron a décadas de discriminación.
Tras la muerte de Stalin, muchas víctimas fueron rehabilitadas. Hoy en día, Kazajistán sigue restaurando la justicia histórica, examinando los archivos y honrando a quienes sufrieron la represión.